Tragedia en Arona

"¡Paren los motores!"

Según datos del Ayuntamiento, el número de personas que no habían sido localizadas ha pasado de nueve a once - El segundo cuerpo sin vida apareció a las 4:45 de la madrugada, cuando los responsables del operativo mandaron parar las palas y excavadoras

18.04.2016 | 01:59
"¡Paren los motores!"
"¡Paren los motores!"
"¡Paren los motores!"
Momento del rescate del segundo cadáver del derrumbe de Los Cristianos.

El silencio de la noche amplifica la banda sonora de la ´zona cero´. Pero el traqueteo de las dos excavadoras y el escándalo de la pala mecánica y los escombros se detienen de repente. "¡Paren los motores! ¡Paren!", grita uno de los responsables de los bomberos. Los conductores de las máquinas obedecen al momento, empiezan a arremolinarse miembros del equipo de rescate en un punto concreto -entre el azul oscuro de los bomberos y el naranja de la Unidad Militar de Emergencias (UME)-, se encienden las linternas y sólo entonces se oye el silencio de la noche.

Todo ocurrió a las 4:45 de la pasada madrugada, después de horas de intenso y duro trabajo en busca de los diez desaparecidos por el derrumbe del edificio en Los Cristianos. "Ahí debe estar pasando algo", asegura uno de los pocos curiosos que a altas horas de la madrugada todavía seguía el trabajo del operativo de rescate, al otro lado de las cintas y las vallas que delimitan la ´zona cero´. "Siempre que apagan las máquinas es porque han visto algo", apunta un acompañante.

Era fácil acertar en una noche larga y triste. Unos 20 minutos después, mientras un nutrido grupo de bomberos despejaba la zona de cascotes, planchas y hierros, aparecían con un chaleco reflectante dos representantes judiciales. Luego vino la camilla, más silencio –quizá un poco también en señal de respeto- y otra vez el sonido de las máquinas. Acababa de aparecer el segundo cuerpo sin vida entre los restos del inmueble, una mujer de unos 38 años. Pero no era lo peor. Lo peor es que los 200 participantes en el operativo de rescate y las personas que seguían el despliegue a las 05:05 de la madrugada eran perfectamente conscientes de que había que buscar a otras nueve personas.

Al otro lado de la amplia zona precintada, los alrededores de las calles Valle Menéndez y Amalia Alayón, una docena de familiares y amigos de los desaparecidos va y viene esperando noticias de primera mano sobre el estado de sus seres queridos. Algunos llevan desde la mañana aguardando una respuesta y se mantienen allí tantas horas después. Tampoco piensan marcharse. Miran con angustia el trabajo de los bomberos a lo lejos, se retiran, vuelven a mirar€ Uno recibe el apoyo de unos transeúntes cuando les cuenta que ahí puede estar su hermano. "Ojalá aparezca sano y salvo", le contesta uno de ellos, mientras el otro le desea "todos los mejores deseos".

En ese extrarradio de la tragedia fueron decisivos los más de 30 profesionales que envió el Colegio Oficial de Psicólogos de Santa Cruz de Tenerife. No sólo estaban en la base de operaciones, instalada en el Centro Cultural, muy cerca del derrumbe, sino que también recorrían el otro lado de la ´zona cero´ para ayudar a esos familiares y amigos. Juan Jesús Aznárez es uno de ellos. Este psicólogo especialista en emergencias, de 30 años, explica que hay allegados de los desaparecidos que no saben a dónde ir, que carecen de información, que necesitan ayuda. "Les escuchamos y les damos comprensión principalmente pero también les ayudamos a hacer gestiones, a traerles agua o café, a hacer determinadas gestiones administrativas, a facilitarles información sobre dónde se les puede atender", asegura Aznárez.

El psicólogo cuenta, por ejemplo, el caso de un residente en el edificio afectado cuya esposa está desaparecida. Son un matrimonio marroquí con dos hijos. La mujer los llevó al colegio por la mañana pero volvió a casa antes del colapso. "El hombre se dejó en la casa parte de la documentación de él y de sus dos hijos. Le estamos ayudando para que no tengan el menor problema".

Lo ocurrido este jueves en Arona es desde la perspectiva psicológica un suceso muy complejo. Juan Jesús Aznárez detalla que es por varias razones: la agonía de la espera, el hecho de no poder saber todavía el porqué o la misma desaparición de hogares enteros. "Genera una gran ansiedad y por eso estamos aquí, para que las cosas se desarrollen de la mejor manera posible dentro de las circunstancias", añade.

Un pin les permite entrar y salir a la zona donde se trabaja sin parar por si hay algún desaparecido con vida. Bomberos, policías, miembros de protección civil, equipos sanitarios€ Las excavadoras y las palas retiran los escombros, paran, los bomberos examinan la zona, retiran cascotes ayudados con cubos, miran bien, despliegan a los perros y vuelta a empezar si no ha aparecido nada. Varios focos colocados en las máquinas y los edificios colindantes permiten mantener la intensidad de los trabajos. En los alrededores hay mucha menos gente que por el día pero el operativo de rescate parece igual de activo. No hay ni un minuto que perder.

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