Crónica Negra | Sucesos que conmocionaron Canarias

Una paliza mortal sin botín... ni culpables

Cuatro años después del fallecimiento a golpes del empresario aronero Antonio Miguel Rancel, los cuerpos de seguridad siguen sin hallar a los responsables

21.03.2016 | 13:02
Una paliza mortal sin botín... ni culpables

Se llamaba Antonio Miguel Rancel, tenía una frutería en Guargacho (Arona) y falleció tras resistirse a un asalto en noviembre de 2012 y permanecer en coma cuatro días en el Hospital Nuestra Señora de La Candelaria, con una tetraplejia. Su familia se siente desconsolada a pesar de que la Guardia Civil detuvo a un individuo, una de las últimas personas con las que se le vio y que fue puesta en libertad por falta de pruebas. Aun hoy, transcurridos cuatro años, no hay un culpable que cumpla condena por estos hechos. Su hija Omaira es tal vez la persona que más añora a su padre.

Se llamaba Antonio Miguel Rancel Vargas, aunque sus amigos más íntimos lo conocían por el apelativo de El Chupeta, y murió en noviembre de 2012 tras recibir una brutal paliza que le mantuvo en coma durante cuatro días en el Hospital Nuestra Señora de La Candelaria, de la capital tinerfeña. Debido a la gravedad de las lesiones quedó tetrapléjico.

Quien le iba a decir a Antonio Miguel, que emigró a Venezuela, donde permaneció durante diez años en la ciudad de Catia, y que finalmente decidió regresar debido a la inseguridad del país andino, que iba a encontrar la muerte en la tierra que le vio nacer a manos de tres individuos, a los que él creyó que eran amigos.

La víctima se instaló en el sur de Tenerife a mediados de los años noventa y pronto destacó por su carácter emprendedor. De hecho, llegó a poseer al mismo tiempo tres fruterías en diferentes barrios del municipio sureño de Arona. En el momento de su muerte regentaba el establecimiento denominado Mercafruta, sito en el barrio de Las Rosas.

Sin embargo, Antonio Miguel Rancel era un hombre enfermizo que cada cierto tiempo necesitaba pincharse una vacuna. Este hecho pudo influir en el fatal desenlace. Así, tras superar una intervención quirúrgica, en la segunda operación tras las graves lesiones sufridas por el ataque –fractura de vértebras cervicales y lesiones graves en la médula ósea– tuvo dos infartos y murió.

La noche del 14 de noviembre cerró su negocio, se fue a cenar y después acudió al Bingo de Las Chafiras, junto con un amigo. Todos sus conocidos refieren que le gustaba "mucho salir de noche" y "siempre llevaba un fajo de billetes en los bolsillos".

¿Dónde está el dinero?

A partir de este momento es cuando comienzan las conjeturas acerca de lo que sucedió esa noche. Después de llegar al domicilio donde vivía, en compañía de su madre, estacionó el coche delante de su casa, en la urbanización Albatros. Cuando estaba aparcado, otro vehículo pasó de largo por la misma calle, deteniendo su marcha unos metros más adelante. Este urismo era pequeño y de color oscuro.

Al parecer, del mismo se bajaron dos individuos , quedando en el coche un tercero, los cuales se colocaron capuchas y máscaras. Tras rodearlo, los dos desconocidos comenzaron un rosario de golpes que le hicieron caer al suelo. Probablemente, a consecuencia de ello, acabó por romperse la columna. Mientras todo esto sucedía, los atracadores le preguntaban insistentemente por el dinero, lo cual indicaría dos cosas: primero, el hecho de portar capuchas revela que la víctima conocía a los autores y estos podían ser identificados; y segundo, empecinarse en preguntar por el efectivo delata que sabían de su situación económica, que si bien no era elevada, si era desahogada.
Lo que sí quedó probado fue que la víctima trató de defenderse como mejor pudo pero los agresores consiguieron derribarlo. Una vez en el suelo, lo patearon hasta que consiguieron dejarlo inconsciente. Lo demás fue cuestión de coser y cantar.

Sin piedad

Los agresores no se preocuparon para nada de su víctima, a la que le fracturaron diversas vértebras y le partieron el cuello, lo que le provocó una tetraplejia. Los delincuentes se marcharon sin conseguir sustraerle nada.

Fue la propia víctima quien pidió auxilio al teléfono del Centro Coordinador de Emergencias del Gobierno de Canarias 112. Una ambulancia lo trasladó primeramente a un centro sanitario de Playa de las Américas y, posteriormente, al Hospital Nuestra Señora de La Candelaria, donde falleció.

Los investigadores de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de la Guardia Civil se valieron de las diferentes imágenes de una cámara de seguridad del establecimiento donde Antonio Miguel Rancel estuvo de fiesta y que permitió identificar a las personas que le acompañaban esa fatídica noche. Además, los agentes solicitaron al juzgado que llevaba la causa la intervención de diferentes números de teléfonos, propiedad de los sospechosos, por si de los mismos se podía deducir algún testimonio que condujese hasta los autores del homicidio. Esta medida surtió efecto y los guardias civiles consiguieron arrestar a un sospechoso por estos hechos. Sin embargo, la falta de pruebas contundentes obligó a que fuese puesto en libertad.

Lo primero que hicieron los agentes de la Policía Judicial fue obtener un listado de llamadas durante el horario comprendido entre las 00:30 horas del jueves 15 de noviembre de 2012 y las 02:30 horas del jueves 15 del mismo mes, que quedaron registradas a través de los repetidores de telefonía móvil ubicados en las proximidades del lugar del hecho delictivo. De esta manera, los guardias civiles trataban de recabar los números de teléfonos móviles empleados por los autores o por cualquier otra persona que tuviese que ver con el homicidio.
Además, con ello los investigadores buscaban algún posible testigo que a esa hora se encontraba por la zona.

Posteriormente, la Policía Judicial se trasladó hasta las oficinas centrales de la empresa Automáticos Canarias, propietarios del Bingo de Las Chafiras, ya que la víctima salió del Bingo anteriormente reseñado horas antes de producirse el robo con violencia e intimidación, los cuales hicieron entrega de 22 carpetas con las imágenes grabadas por las cámaras de seguridad ese día. La sorpresa saltó de inmediato cuando los agentes observaron a varios delincuentes habituales, que actúan siguiendo este modus operandi, el robo con violencia e intimidación.

En el visionado se localiza a Antonio Miguel Rancel Vargas sentado en la segunda mesa de espaldas al pasillo y de perfil izquierdo a la puerta, cuando el reloj marca las 23:39 horas del día 14 de noviembre de 2012. Está acompañado de un amigo sentado justo a la izquierda de éste.

En otro archivo de la cámara de seguridad, situado a la entrada del establecimiento, se observa a esa misma hora a dos delincuentes, uno identificado como O. M. C., que entra junto a Y. R. M. Ambos se registran para poder acceder y entablan conversación con la empleada de admisión.

O. M. C. viste sudadera con gorra negra sin mangas con escudo o letra china en el pecho del lado izquierdo. En la espalda tiene un escudo blanco y muñequera en la mano derecha de color blanca, pudiéndose tratar de una venda o similar, pantalón de deporte de color negro con una franja blanca en ambos costados y las letras Nike, zapatillas de color blanco con calcetines de color negro.

Y. R. M., es un varón de unos 25 o 30 años, de complexión fuerte, 1,75 metros de estatura, con pelo corto y abundante, de color oscuro y viste una cazadora de color gris con franjas claras a lo largo de los brazos, con una camiseta de color oscuro con dibujo y letras en el pecho, pantalón tipo bermuda de color azul, con zapatillas deportivas de color oscuro con suela blanca.

El tercer sospechoso, identificado como O. M. C., deambula por toda la sala y se le ve acercarse a las máquinas recreativas que allí se encuentran, una ruleta para varios jugadores y entabla conversación con una persona.

A las 23:31 horas, este individuo sale del Bingo con el teléfono en la mano. El acompañante se queda charlando con el personal de recepción. Seguidamente, y a un gesto de O. M. C., ambos salen a la calle y comienzan a hablar fuera. Son las 23:34 horas.
Sin ser detectada

En otra de las imágenes aparece D. H. D.. Su presencia no había sido detectada anteriormente ya que se encontraba en un ángulo de la sala, en la zona de la ruleta, en el que era imposible su identificación plena hasta que no se levanta de la silla y se dirige a la chica del mostrador para que le cambie unas monedas. Esta persona viste una camiseta de manga corta blanca, con un dibujo de grandes dimensiones en el pecho, en color oscuro, pantalón corto negro con anagrama de Nike en el lado izquierdo y zapatilla de color oscuro con suela blanca. Este continúa jugando a la ruleta, mientras los otros dos hablan en los exteriores del establecimiento con empleadas del Bingo mientras fuman.

Hacia las 00:50 horas hacen su entrada en la sala de juego, donde continúan hasta las 01:05:23 horas. Después de esta hora, los agentes no pudieron disponer de más imágenes por un error técnico del sistema de grabación de la empresa.

A partir de este momento, la Policía Judicial los somete a vigilancia. El día 17 de diciembre fue localizado Y. R. M., el cual se encontraba en el interior del bar Laurisilva, en la localidad de Guargacho. En ese instante se procede a su detención, como presunto autor de un delito de homicidio, informándole de los motivos de su detención y de los derechos que le asisten.

La Guardia Civil, previa autorización del Juzgado de Instrucción nº 1 de Arona, intervino 16 líneas telefónicas y llegó a procesar 14.106 llamadas de teléfono.

Declaraciones

Durante el transcurso de las diligencias tendentes al esclarecimiento de los hechos, la Policía Judicial tomó declaración a varias personas relacionadas de una manera u otra con la víctima (mujer, hijas, familiares, vecinos...) indicando alguno de ellos la posibilidad de que el homicidio hubiese sido provocado por Y. R. M., con el cual al parecer no tenía relación alguna, sin poderse probar la autoría plena de esta persona, quien manifestó su deseo de no declarar en sede policial.

Además, se llevaron a cabo diversas gestiones en las proximidades del Bingo, donde fue la última vez que se le vio en compañía de los sospechosos, y del lugar donde ocurrieron los hechos por si alguna persona pudiera haber visto algo que ayudase al esclarecimiento de los hechos. Sin embargo, del testimonio de los entrevistados, a preguntas de los investigadores, todos manifestaron tener el más absoluto desconocimiento de los hechos.

Con el fin de no dejar ningún cabo suelto, se solicitó al Centro Coordinador de Emergencias (Cecoes 112) una copia del CD con las llamadas entrantes durante la madrugada de los hechos, por si alguna de ellas pudiera ayudar a la averiguación de lo sucedido. Sin embargo, de la misma no se desprendió ninguna información de utilidad para el esclarecimiento del homicidio de Antonio Miguel Rancel Vargas.

Ante este cúmulo de circunstancias, el detenido Y. R. M., fue puesto en libertad sin cargos por el Juzgado de Instrucción nº 1 de Arona. Mientras, los asesinos de Antonio Miguel continúan en la calle, burlándose de la Justicia y de los familiares de El Chupeta, que huyendo de Venezuela por la inseguridad y buscando la tranquilidad vino a morir en la Isla que le vio nacer.

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