La Crónica Negra

Manolo, el cartero que no regresó

La Policía nunca dio con el asesino del empleado de Correos de Puerto de la Cruz, que cayó el 15 de diciembre de 1992 durante un atraco al recibir tres disparos a bocajarro del ladrón

22.11.2015 | 00:57
Manuel Cabrera con la Vespa de reparto de Correos.

Se llamaba Manuel Cabrera Mesa y era cartero. Tenía tres hijos y era ampliamente conocido en Puerto de la Cruz, donde llevaba muchos años trabajando. La ciudad, en ese tiempo importante y en la que todos se conocían, y más a Manolo, la persona que durante años les entregaba los paquetes y las postales navideñas de felicitación, se sintió huérfana con su crimen. Un 15 de diciembre de 1992, tres disparos efectuados a bocajarro acabaron con su vida. ¿El móvil? Aun hoy transcurridos 23 años es lo que se preguntan sus hijos: ¿Por qué? Su caso descansa en las estanterías del juzgado a la espera de que se detenga a su autor.

El asesinato de Manuel Cabrera Mesa, de 47 años, ocurrido el 15 de diciembre de 1992 en Puerto de la Cruz, es otro caso más de los que no se han esclarecido. Su viuda y sus tres hijos, cada vez que llegan las fechas navideñas, no pueden dejar de recordarlo. Sin embargo, su asesino, al que Manolo reconoció aún estando encapuchado, probablemente se cruce a diario con los familiares. "Estoy convencido de que la persona que lo mató es de Puerto de la Cruz", sentenció su hijo Manuel Cabera. "Mi madre, a raíz del asesinato de mi padre, estuvo siete años sin tocar sus cosas. Se acostaba en el lado de la cama que compartían y procuraba no deshacer la parte que ocupaba mi padre. Todavía me retumba la llamada de mi madre: Ven que a tu padre le acaban de dar dos tiros".

El día del asesinato, Manolo estaba viendo el partido de fútbol que jugaba el CD Tenerife con el Milán. En el momento en el que este último marcó un gol, Manolo se enfadó y bajó a la oficina de Correos. Él vivía en la planta alta del inmueble. Cuando llegó, se encontró a dos de sus compañeros, Jesús Manuel Hernández Pérez y Antonio Hernández García, en el suelo, maniatados y encañonados. El delincuente se dirigió hacia Manolo y le apuntó con el arma, una pistola de 9 milímetros parabellum corto. Al delincuente se le escapó un disparo y Manolo dijo: "Son tiros de fogueo". Por respuesta recibió tres tiros a bocajarro. "Yo creo que mi padre conoció a su asesino. Cuando lo llevaban en la ambulancia a la clínica Bellevue iba junto a él un policía local, Farray, al que intentó decir algo, pero una bocanada de sangre se lo impidió".

la opinión de tenerife tuvo acceso al sumario del caso, diligencias número 4.757, y en las mismas se puede observar que los investigadores del Cuerpo Nacional de Policía, al menos hasta el año 2005, llegaron a practicar la detención de algún sospechoso.
La primera llamada entrante en la sala del 091 de la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de Puerto de la Cruz fue a las 21:00 horas de aquel día 15 de diciembre de 1992. En la misma se informaba de un atraco producido en la oficina de Correos y de que había un herido por arma de fuego.

Minutos antes, un sujeto encapuchado entró por la ventana trasera del inmueble, que estaba abierta y era de fácil acceso. Provisto de un arma de fuego, intimidó a dos empleados y al conserje, la víctima, y se apoderó de 450.000 pesetas. El autor tendría entre 30-35 años, moreno, de estatura 1,65 a 1,70 centímetros, el cual se tapaba la cara con un pasamontañas, llevaba una mochila y vestía camisa clara y pantalón oscuro.

En el momento del atraco, acompañaban a la víctima sus compañeros Jesús Manuel Hernández Pérez, encargado del reparto, y Antonio Hernández García, que llevaba los giros y telegramas.

Según sus compañeros, a las 20:50 horas, el encapuchado, armado con una pistola de color negro en su mano derecha y en la izquierda una bolsa, posiblemente azul y anaranjada, se dirigió hacia Jesús Manuel Hernández y mediante gestos le conminó que retrocediera hacia donde estaba Antonio Hernández García. El delincuente les dijo que se tumbasen en el suelo, cerca de la caja fuerte. El encapuchado introdujo la mano en la caja fuerte, que estaba abierta, y se llevó un sobre que contenía dinero, al tiempo que palpaba otros para comprobar que no había más dinero. En ese momento le dijo que se incorporaran y se dirigiesen hacia el final del pasillo.

Manuel Cabrera Mesa entraba en ese instante por la puerta. El atracador volvió a ordenarles que se tumbasen y colocasen las manos a la espalda para atarlas. En la inspección ocular, los investigadores hallaron una cuerda azul y blanca de un metro de largo, con una de las puntas con un lazo, realizado el nudo de tal forma que impedía que se cerrase o abriese el lazo.

"Manolo, esto va en serio?"

Antonio Hernández observó que su compañero Manuel mostraba un actitud de incredulidad, por lo que le dijo: "Manolo, esto va en serio". En el momento en que estaban siendo amarrados, los testigos escucharon un disparo muy cerca de sus cabezas y Manuel Cabrera manifestó: "Eso son balas de fogueo". En ese momento, al parecer, se incorporó para hacerle frente al atracador y este le disparó a cañón latente a la altura del pecho. El delincuente huyó pero, antes de abandonar la estancia, disparó nuevamente contra Manuel Cabrera, al que alcanzó nuevamente dos veces.

El asesino se fue por la ventana abierta, saltó al patio exterior y subió a un muro de un metro de altura que da a la calle posterior del edificio de Correos, donde se quitó la capucha. Cuando corría en dirección a la calle El Pozo, una adolescente, de 16 años, pudo verle el rostro, pero el delincuente se tapó como pudo con la bolsa donde llevaba el botín.

La primera impresión que sacaron los investigadores es que el asesino, por su forma de actuar, conocía las dependencias muy bien. En ningún momento aparentó nerviosismo o exaltación, y utilizando un tono de voz pausado y con acento posiblemente peninsular. Mientras, en la ambulancia que conducía a Manuel Cabrera, este perdía los últimos minutos de su existencia. Tres orificios lo habían dejado herido de mucha gravedad.

El día de la muerte de Manuel Cabrera había convocada una huelga de los funcionarios de Correos, por lo que hubo varios servicios que no estuvieron en funcionamiento, como paquetería y reparto. En cambio, sí lo hicieron Giros y Telégrafos, lo que hace sospechar que el criminal sabía esta circunstancia y que había personal para atender cualquier necesidad.

Un compañero sospechoso

Estas primeras pistas llevan a pensar que el autor podría ser un compañero y al darse la circunstancia de que uno de ellos había estado dos horas antes en el lugar, ya que se había dejado olvidado un suéter y una cazadora, las cuales coincidían en algunos rasgos con las del atracador, esto hizo que las sospechas recayesen sobre esta persona. Para ahondar más, se trataba de un asturiano, de Mieres, el cual es trasladado a dependencias policiales acusado del robo con posterior homicidio. Los primeros testigos manifiestan a la Policía que este compañero estuvo hablando un rato con el empleado de giros e interesándose por si había tenido mucho trabajo y si habían enviado bastante dinero. Tras el oportuno registro en su domicilio, sito a unos 300 metros de la oficina de Correos, y al no hallársele nada comprometedor, ser su declaración coincidente con la de su madre, con la que compartía piso, y con la del conserje de los apartamentos, el titular del Juzgado de Instrucción nº 2 de Puerto de la Cruz ordena su puesta en libertad sin cargos.

La mujer de la víctima, en cuanto escuchó los disparos bajó con una niña en brazos, su nieta, pero sus compañeros le impidieron la entrada ante el estado de Manuel. Antonio Hernández García aportó algún detalle más revelador, como que el pasamontañas del atracador era de color gris, sus cejas pobladas y que dijo "échense al suelo".

Cuando terminó, amenazó a las víctimas: "Sigan delante de mí". Una vez se produjo el primer disparo y Manuel Cabrera manifestar que eran de fogueo, al revolverse contra el atracador, este abrió fuego y alcanzó de lleno a Manolo, que apenas tuvo tiempo de gritar: "Ya me mató". Su compañero salió a buscar ayuda y, cuando regresó, Manolo ya estaba en el suelo inconsciente y no reaccionaba. Este testigo, sin embargo, no aclaró nada acerca del acento, ya que creía que incluso podría ser extranjero.

En cuanto al arma empleada, el Servicio Central de la Policía Científica analizó tres vainas metálicas correspondientes al 9 milímetros corto, fabricadas en Toledo en el año 1980 por la empresa Nacional de Industrias Militares Santa Bárbara SA. El arma era una pistola semiautomática marca Astra. Estimaba el instructor que al menos dos de los disparos fueron efectuados a distancia "0" o incluso negativa, es decir, a quemarropa y a bocajarro. Además, las tres vainas y las dos balas fueron percutidas y disparadas por la misma arma. Manolo recibió el primer tiro a cañón tocante, sin orificio de salida; el segundo, a corta distancia, con orificio de salida posterior e impacto en el suelo; y el tercero se efectuó cuando probablemente caía al suelo o se agachó.

La investigación de este crimen nunca cayó en el olvido, ya que hasta el año 2005, la Policía Nacional practicó la detención de sospechosos que pudieran estar implicados en la muerte de Manuel Cabrera Mesa. Los investigadores saben el 22 de diciembre de 1992, es decir, una semana después del atraco, dos jóvenes identificados como A. L. H. M. y A. L. R., efectuaron la compra de dos automóviles en La Laguna y Los Majuelos respectivamente, pagando por ambos 670.000 pesetas en efectivo. Fue la forma en la que llevaban los fajos de los billetes, cogidos con un clip metálico, al igual que estaban en la Administración de Correos y Telégrafos, lo que llevó a que los vendedores de estos concesionarios prestaran declaración ante la Policía Nacional.

Por uno de los coches, un Ford Fiesta, pagaron 310.000 pesetas después de regatear con el vendedor, que pedía inicialmente 325.000 pesetas. Por el segundo de los vehículos, un Volkswagen Polo, que tenía un precio inicial de 380.000 pesetas, llegaron a un acuerdo y lo adquirieren por 360.000 pesetas.

El nudo de pescador

En marzo de 2005, la Policía Nacional detiene a M. C. G. Q., vecino de Puerto de la Cruz, el cual podría estar relacionado con el atraco y posterior asesinato de Manuel Cabrera Mesa.

Este individuo, en su descargo, manifestó que en el momento en que se produjo el atraco se encontraba de vacaciones en Lanzarote, en Argana Alta, junto a su novia. El juez tenía interés en saber si era pescador puesto que de ser así sabría de nudos, otra de las líneas de investigación de los agentes. Este individuo agregó que no conocía a uno de los delincuentes, que manifestó la célebre frase de "cállate hijo puto, te voy a partir la cara ¿o es qué quieres que se enteren también de lo de Manolito El Cartero?". Tampoco conocería al otro sospechoso, J. C. R., y que lo único que tiene pendiente en ese momento con la Justicia es una denuncia de malos tratos hacia su exmujer.

Otro de los imputados ese día fue E. N. V. A., el cual manifestó que fue coaccionado por la Policía y lo hizo además bajo los efectos de la droga, en concreto boliches de crack. Además, relató al juez que los funcionarios le prometieron que pondrían a su novia en la celda de enfrente puesto que estaban incomunicados. La Policía Nacional le imputó la posesión de un arma de fuego y que si quería salir tenía que decir que era de su propiedad. A este delincuente le intervinieron nueve mil y pico euros, según su propio relato, tras robar el hotel Florida de Puerto de la Cruz. Para ello utilizó una pequeña pistola hecha de madera y barro pintadas con barniz. Aseguró al juez que la que le mostraron en una bolsa no era la que había fabricado. Al final ambos sospechosos quedaron libres al no tener pruebas en su contra sobre su participación en estos hechos.

Que la Guardia Civil también estaba al tanto de este suceso lo demuestra el hecho de que en agosto de 1997 se localizó en aguas de Buenavista una pistola, con cartuchos y engrasada. La Benemérita redactó las diligencias nº 183/97, que fueron remitidas al Juzgado de Instrucción nº 1 de Icod. Posteriormente, se depositó en la Intervención de Armas de la Santa Cruz de Tenerife.

Un año después otra arma fue encontrada en un domicilio, quedando depositada en la Intervención de Armas del cuartel de la Guardia Civil de Puerto de la Cruz. Finalmente, se comprobó que ambas armas no tenían relación con el asesinato de Manolo.

Cerca de cumplirse los 23 años del asesinato de Manuel Cabrera Mesa, sus familiares desean ver el auto de conclusión del mismo, dictado por el Instructor, que acuerda el sobreseimiento provisional, emitido por la Audiencia Provincial, Sección Segunda de Santa Cruz de Tenerife. Desearían que pusiera: "La Policía Nacional ha conseguido después de estos años la detención del autor material del crimen de Manuel Cabrera Mesa y de los cómplices". Solo de esta manera podrán descansar en paz y en particular su hijo Manuel conseguir demostrarle a su padre que sus enseñanzas fructificaron y que logró hacer de él un emprendedor.

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