La Crónica Negra

Juan Jovino, el artesano degollado

La falta de pistas hace que el caso, ocurrido en 2010 en La Laguna, sea de difícil resolución

08.11.2015 | 13:02
Juan Jovino.

El asesinato del miniaturista Juan Jovino Díaz Marrero, brutalmente degollado en el interior de su domicilio en junio de 2010, es otra de las muertes que lleva camino de no esclarecerse transcurridos cinco años. A pesar de que en un primer momento se pensó que el principal sospechoso podría ser Tomás Alexis Marrero Lugo, de 36 años, que falleció en la mesa de operaciones del HUC a donde llegó a bordo de un taxi tras ser apuñalado en la calle Rosendo Díaz Méndez, esta hipótesis que venía dada por una antigua denuncia por un supuesto delito de abusos sexuales por parte de Jovino finalmente fue descartada.

La muerte violenta de Juan Jovino Díaz Marrero, de 58 años, ocurrida en junio de 2010 en el interior de su domicilio de La Laguna, donde fue localizado por un familiar con un profundo corte en el cuello, se presenta como otro de los numerosos casos que pasarán a engrosar la lista de crímenes sin esclarecer en los anales del Archipiélago.

El cadáver fue descubierto por un cuñado de Juanito sobre las 11 de la mañana del 28 de junio de 2010. Fue el fuerte olor a gas lo que hizo que los familiares se preocupasen por él. El cuñado, que poseía las llaves de su casa, nada más abrir se encontró el pasillo en completo desorden, por lo que no continuó hacia el interior y se dirigió a llamar a la Policía Nacional y a su esposa e hija para comunicarles lo que había visto.

La cerradura del domicilio no estaba forzada, por lo que se supone que el fallecido dejó entrar a su asesino. A partir de este momento, las nueve de la noche del día 27, que fue cuando se le vio con vida por última vez con vida en la iglesia de Los Baldíos, La Laguna, mientras tocaba el órgano en un acto religioso, todo son conjeturas.

El esclarecimiento de su muerte se antoja difícil y complicado por las relaciones que tenía la víctima con diferentes homosexuales, muchos de los cuales fueron interrogados varias veces a lo largo del proceso judicial. Uno de los principales sospechosos señalados por la Policía Nacional fue Tomás Alexis Marrero Lugo, que falleció en la sala de operaciones del Hospital Universitario de Canarias (HUC), a donde llegó a bordo de un taxi desangrándose, tras ser víctima de un apuñalamiento en el barrio de La Verdellada, el cual tenía una orden de alejamiento de 300 metros de Juan Jovino. Varios testigos afirmaron que tres días antes lo vieron merodear por las proximidades de la casa del miniaturista.

La trifulca ocurrió en la calle Rosendo Díaz Méndez, donde sostuvo una discusión con otro individuo y en el transcurso de la cual resultó apuñalado en el abdomen. Fue la propia víctima la que dio el nombre de su agresor poco antes de morir. ¿Pero qué relación tenía con Juan Jovino? Según fuentes policiales, el delincuente, que contaba con numerosos antecedentes penales y policiales y conocido por El Gallego, denunció cuando era menor a Juan Jovino por supuestos abusos sexuales. Al final, el juicio no llegó a celebrarse tras llegar a un acuerdo, que incluyó una reparación económica. Sin embargo, los agentes averiguaron que las visitas por parte de El Gallego a la vivienda de Juan Jovino para pedir dinero eran habituales, y ello era debido a su dependencia de las drogas puesto que era toxicómano habitual.

Ante ello, Juan Jovino solicitó del juzgado una orden de alejamiento de este individuo. Con su muerte, los investigadores lo borraron de la lista de sospechosos.

Para añadir más misterio a la muerte violenta de este miniaturista, conocido en La Laguna por sus obras de la Semana Santa y que eran expuestas en diferentes establecimientos, se añade el hecho de que estando el domicilio precintado, personas desconocidas entraron a robar.
Pronto la Policía Nacional descartó que los autores tuviesen algo que ver con el crimen de Jovino. Se trataba de simples ladrones. Fuentes cercanas a las investigaciones manifestaron a la opinión de tenerife la dificultades que encontraron para hallar pistas sólidas para dar con el paradero de los al menos dos autores de su asesinato. Estos obstáculos venían dados por la cantidad de contactos que mantenía. Prueba de ello fue cuando los policías intervinieron su ordenador personal y descubrieron a los números a los que llamaba y las páginas web que visitaba. Todas dentro del mundo homosexual. Durante la inspección ocular localizaron una gafas y un teléfono móvil y trataron de averiguar si pertenecían al fallecido o eran del presunto asesino pero esta pista no condujo a nadie.

Los agentes adscritos al caso interrogaron a numerosos sospechosos. Entre ellos, también lo fue la última persona que tuvo relación con él, un joven vecino de Valle de Guerra y que manifestó que cuando salió del domicilio de Juan Jovino este estaba vivo. Nada más enterarse del crimen apareció por el lugar a bordo de una motocicleta de pequeña cilindrada y comenzó a interesarse por lo sucedido.

Las manifestaciones aportadas por los testigos que lo vieron en el domicilio horas antes del crimen del miniaturista lagunero hizo que la Policía lo interrogase. Se trataba de un joven, que llevaba un tiempo relacionándose con Juan Jovino. Sin embargo, horas después de su declaración la Policía Nacional lo dejó en libertad sin cargos. Este pidió a los policías que no dijesen nada a su madre viuda.

Vuelta a empezar

La insistencia de sus familiares por esclarecer el caso forzaron a que durante varios meses los investigadores continuasen con las diligencias, centradas siempre en el ambiente homosexual más sórdido. Pero todas las pistas conducían al mismo camino. No obstante, una línea de investigación que tampoco ha permitido llegar hasta su resolución, pero que se antojaba como interesante, era la de dos jóvenes brasileños que ejercían la prostitución masculina en un piso en la zona de El Cuadrilátero, que se anunciaban en los periódicos y que poco después del crimen de Juan Jovino abandonaron la Isla. Al parecer, uno de estos dos sujetos mantuvo contactos con la víctima. Por motivos que se desconocen, los agentes no profundizaron en esta línea, a pesar de que los dos reseñados eran conocidos de un delincuente de la misma nacionalidad que los anteriores, que fue policía en Brasil y que estuvo en prisión en Tenerife II.

Este individuo se encuentra en la actualidad fugado y fue la persona que aportó datos de que estos dos chaperos, uno de los cuales supuestamente había mantenido relaciones con Jovino, pudo estar tras su muerte al creer que la víctima tenía mayor capacidad económica, por lo que el móvil pudo tener también un transfondo económico. Como se recordará el cadáver apareció en el sillón con la cara tapada y lleno de cortes. Estos dos fugados a su vez mantenían contactos con un conocido abogado homosexual.

Colaborador de la Semana Santa lagunera

El miniaturista Juan Jovino, conocido como Juanito, siempre prestó su colaboración para dar el mayor esplendor posible a la Semana Santa lagunera. Así, en el año 2009 puso a disposición del certamen su colección en miniatura con piezas que son réplicas de todos los pasos de la Semana Santa lagunera. Era una figura ampliamente conocida en el municipio, Esclavo Mayor del Cristo de la ciudad de Los Adelantados, autor de su himno, elaboraba las miniaturas de Semana Santa, así como de los Belenes Populares, tocaba el órgano en las asociaciones de la Tercera Edad y en las iglesias y, por si fuera poco además por las mañanas acudía a la Asociación de Empresarios de La Laguna donde echaba una mano. De hecho, tras su muerte, numerosas asociaciones de la ciudad le rindieron un sentido homenaje. Como señaló uno de ellos, "la Semana Santa lagunera se quedó huérfana tras la muerte de Juanito".

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