"Te corto el cuello y los niños se quedan sin madre ni padre"

Carlos había amenazado en repetidas ocasiones a Iris para que volviera con él

28.10.2015 | 10:11
El Sobradillo, lugar donde fue asesinada Iris Francés

Carlos Gaspar Hernández, de 35 años, natural de El Hierro y conocido en la Isla de El Meridiano como Carlos Matagallina, estaba obsesionado con su expareja Iris, a la que presuntamente mató en la noche del pasado jueves tras ir a buscarla y propinarle numerosas puñaladas en plena Avenida de Los Majuelos, en El Sobradillo.

Este hombre, que había trabajado un año en una estación de servicios de Valverde, se trasladó con sus padres a vivir a Tenerife, donde conoció a Iris Francés Luis, con la que tuvo tres niños, una niña de diez años y dos gemelos varones de cinco. Este individuo corpulento, de cerca de 1,90 metros de estatura, sobre el que pesaban al menos dos denuncias por supuestos malos tratos de la propia Iris y al que ella misma había pedido una orden de alejamiento que no le fue concedida, supuestamente amenazó a su exmujer de forma reiterada desde que ella lo dejó en 2012 para que volviera con él, según fuentes de la investigación consultadas por la opinión. Uno de estos mensajes decía así: "Te corto el cuello y los niños se quedan sin madre ni padre". Esta fue al parecer la última de las amenazas que vertió contra su expareja de hecho.

La familia de Iris asegura que Carlos estaba empeñado en controlarla y recuperarla. O con él o con nadie. Lo sabían perfectamente porque ella y sus tres hijos residían en un piso construido sobre la casa de los padres. Carlos lo podía hacer con facilidad, además, incluso después de la ruptura, pues se había mudado a una casa próxima a la de ella, en el barrio de El Sobradillo, a escasos metros de donde se produjo el crimen. Encima, trabajaba en una gasolinera situada a escasos 50 metros del lugar. De ahí que la vigilara permanentemente y acudiera a dar con ella para intentar recomponer la relación. El padre de la víctima, Epifanio Francés, recuerda que en alguna ocasión Iris fue a abrir su furgoneta azul y se lo encontró sentado en el interior. Carlos se había quedado con una copia de las llaves.

Este hecho fue clave en el trágico desenlace de la relación. El jueves, pasadas las 22:30 horas, según testigos presenciales contactados ayer por la opinión de tenerife, Carlos Gaspar apareció en un bar que da a la Avenida de Los Majuelos, llamado Conipa, justo detrás del cual está la casa de Iris y los padres de ésta. Él había ido muchas veces por allí y todos le conocían de cuando vivió con Iris y porque trabajaba en la gasolinera de al lado. Saludó y pidió una cerveza. Tras acabarla, salió afuera, donde estaba aparcada la furgoneta de Iris. De repente, empezó a oírse la bocina del vehículo. Los vecinos creen que él entró gracias a que tenía las llaves y se puso a tocar la pita como para hacer ver que se había activado la alarma antirrobo, para llamar presuntamente la atención de su expareja.

Iris estaba cenando en casa cuando se sobresaltó al identificar el claxon. Entonces salió a ver qué ocurría. Los acontecimientos se precipitaron en unos minutos, siempre según los testigos, que creen, ya pasadas las horas, que Carlos podía haber ido con todo planeado: era de noche, había alerta por mal tiempo, apenas se veían viandantes en la avenida y el silencio hacía que cualquier ruido retumbara.
El escándalo de la discusión

Los gritos de una discusión siguieron al sonido insistente de la pita de la furgoneta azul. Entonces aparecieron una camarera del bar y la madre de Iris, asustadas por el escándalo. Cuando la camarera hizo acto de presencia, según relató horas después en la comisaría de la Policía Nacional, en la que estuvo hasta altas horas de la madrugada, ya Carlos estaba presuntamente clavándole un cuchillo en el estómago a su exmujer, allí mismo, enfrente del bar, en medio de los dos carriles de la Avenida Los Majuelos en dirección a la rotonda del Muñeco de Nieve. Lo hacía, siempre según los testigos, con saña, clavando el arma blanca en el mismo sitio, insistentemente, como preso de la ira, mientras la madre de Iris le gritaba: "¡Mátame a mí, mátame a mí!".

La madre intentó apartarlo sin éxito mientras Iris cayó mortalmente herida a la calzada. El se zafó de la madre, le provocó varios cortes a la altura de un pecho, la dejó tirada en el suelo y huyó a toda prisa en dirección a la Avenida de Tíncer, con la camiseta ensangrentada.
Los vecinos relataron que la camarera hizo todo lo que pudo por ayudar a Iris y a la madre de ésta. Pero hubo un momento en que dejó a la primera al percatarse de la extrema gravedad de las heridas y se puso a atender a la segunda, presa de un ataque de nervios y también ensangrentada por las heridas que le había causado presuntamente Carlos Gaspar Hernández.

Alguien en los alrededores llamó rápidamente a los servicios de emergencias. Aparecieron a los pocos minutos una ambulancia y patrullas de la Policía Nacional y la Policía Local de Santa Cruz de Tenerife. Los sanitarios solo pudieron certificar la muerte de Iris y evacuar al hospital a su madre para curarle las heridas. Carlos huyó supuestamente y por el camino tiró el cuchillo. La Policía Local lo detuvo poco después y la Nacional halló el arma.

Iris vivía asustada pero hacía esfuerzos por reemprender una nueva vida después de haber roto con Carlos. Lo hacía gracias en parte al asesoramiento del Servicio Insular de Atención a las Mujeres Víctimas de la Violencia de Género de Santa Cruz. Era valiente y lo demostró plantando cara a los malos tratos de su pareja. Contaba, asimismo, con el total apoyo de su familia y con el empuje de sus tres hijos, por los que se desvivía. Trabajaba en una conocida cadena de supermercados, en la que la querían mucho. Había perdido más de 30 kilos de peso. No se parecía físicamente a la Iris que había iniciado la relación con Carlos. Era otra.

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