La Crónica Negra |
Sucesos que conmocionaron a Canarias 

Antonio Manuel fue apaleado hasta morir

El brutal asesinato de este joven en Granadilla sigue sin esclarecerse 12 años después

24.02.2016 | 18:26
La cantera de extracción de áridos cerca de la cual apareció el cadáver de Antonio Manuel en 2003.

La muerte de Antonio Manuel Pérez Correa en 2003 tal vez sea uno de los crímenes más oscuros de la historia reciente de Tenerife. Fue apaleado con brutalidad y saña hasta morir. Su cadáver fue localizado en las proximidades del invernadero donde trabajaba en Los Abrigos.
¿Por qué murió de esta forma tan brutal? ¿Qué o quiénes estaban interesados en eliminar a Antonio Manuel?
Estos y otros interrogantes no han podido ser aclarados trece años después de la muerte de esta joven que cuando perdió la vida tenía 26 años. Lo único que lograron averiguar los investigadores fue que un móvil de su propiedad había sido sustraído.

El cadáver de Antonio Manuel Pérez Correa, más conocido como Toñi, apareció a la entrada de su puesto de trabajo, en una explotación de áridos, tras recibir una brutal paliza. La víctima había cumplido 26 años el sábado anterior y esa noche estuvo con su novia hasta las tres de la mañana.

Su hermano relató a la Guardia Civil que la noche anterior al crimen recibió una llamada de Antonio en la que le dijo que estaba en Los Abrigos y que inmediatamente se dirigía a San Isidro, donde residía. Sin embargo, nunca llegó a su hogar. La Guardia Civil pidió autorización judicial para obtener el listado de llamadas telefónicas de varios sospechosos al tiempo que analizaba las recibidas por la víctima, ya que todo hace sospechar que alguien conocido se citó con él.

El móvil pudo ser una venganza por una relación anterior. De hecho, las sospechas se centraron en dos hombres y una mujer. No obstante, las investigaciones se han ampliado al círculo de amigos y a los lugares que frecuentaba el fallecido, mientras se esperaba por las pruebas que fueron remitidas a Madrid.

Pérez Correa era popular en la zona por sus colaboraciones en la emisora Onda Nueva Tenerife y su pertenencia a la comisión de Fiestas de San Isidro. El día de su desaparición estaba celebrando su fiesta de cumpleaños. En febrero de 2003, la Guardia Civil investigó, al parecer, a una mujer de nacionalidad colombiana que pudo tener que ver con la muerte del joven Antonio Manuel Pérez Correa.

Los agentes no descartaron nunca ca que tras la brutal paliza que recibió pudiesen encontrarse varios hombres de la misma nacionalidad y con domicilio en el barrio de San Isidro, lugar en el que se asienta una numerosa colonia de ciudadanos de este país sudamericano. Al parecer, la hipótesis con la que trabaja la Policía Judicial de la Guardia Civil es que se trata de un crimen pasional.

De la misma opinión es el que fuera su jefe en la empresa donde trabajó Antonio. Arquipo Quintero Márquez manifestó a la opinión de tenerife: "Primeramente se habló de que el tema tenía que ver con una cuestión de faldas y luego que era por drogas. Pero yo, que lo conocí bien, puedo afirmar que nunca le vi nada raro en ese último tema. Es más, a lo sumo lo más que hacía Antonio Manuel era fumarse esos puros que se llaman señoritas. Su hermano opina lo mismo que yo".

Antonio Manuel Pérez Correa llevaba seis años trabajando en la empresa Hermanos Quintero, dedicada a la extracción de áridos. Según contó a este diario el que fuera su jefe, "ha sido uno de los mejores empleados que he tenido". "Trabajaba como maquinista. Era muy cumplidor y, repito, trabajador como él no he tenido ninguno. Era además, muy buena persona. Se iba a casar con su novia, que vivía en Los Abrigos, pero la muerte lo sorprendió antes", precisa.

"Recuerdo perfectamente que sobre el día 20 de diciembre yo les iba a dar 1.200 euros a mis empleados para que comprasen cosas para la cena de Navidad y él me pidió otros 1.800 euros. Entonces, le pregunté que para qué quería ese dinero y me respondió que le iban a entregar el piso que había comprado en San Isidro y que tenía que dar esa entrega. El primero de los cheques lo cobró en el Banco Santander y el de 1.800 euros lo ingresó en una cuenta del BBVA y el descubierto que tenía se lo cobró. Eso fue lo único que a mí me extrañó, que se lo gastara tan rápido. Si llevaba una doble vida la tendría de sábado a lunes, porque el resto de la semana era de lo más cumplidor que he tenido en la empresa", comenta el que fuera su jefe, para añadir: "Me acuerdo de que cuando le pagué la lotería del Club de Fútbol de San Isidro sacó un fleje de billetes y le pregunté: ¿y ese dinero? Esto es de la venta de la lotería". Arquipo Quintero recuerda con una prodigiosa memoria todo lo que aconteció en ese día de Reyes: "A las ocho menos diez de la mañana, sonó el teléfono de mi casa. Era su hermano Isaac y acertó a decirme: Arquipo, corra para abajo que a mi hermano lo mataron. No me lo creía y pregunté: ¿Quién eres? Soy Isaac, el hermano. Entonces sí lo conocí. Salté de la cama con tanta rapidez que ni los pantalones me puse hasta que mi mujer me dijo: ¿A dónde vas sin calzones? Cuando llegué a la planta en El Confital varios coches cerraban el paso, así que subí caminando unos 300 metros.
Como a 30, vi el cadáver de Antonio, boca abajo. La Guardia Civil no me dejó pasar . En la entrada estaba el Peugeot 106 de color azul de su propiedad. En ese instante caí al suelo desmayado. Cuando me recuperé estaba sobre una piedra y una mujer dándome aire. Recuerdo que en el coche había a la vista una cajetilla de cigarrillos Winston y un mechero. En la luna trasera tenía sobre la tierra un letrero que decía: Que te fouco y venía a ser como que te follen. En cuanto al palo o bate con el que le golpearon, nunca apareció. Se llevaron su teléfono móvil y el dinero de la lotería".

Las últimas horas las pasó con su amigo Andrito con el que se fue de fiesta a Las Américas para celebrar su 26 cumpleaños, concretamente a la discoteca Metrópolis. Estando en ese lugar recibió una llamada sobre las 04:00 horas, salió afuera y ya no volvió a entrar. El domingo llamó a su madre Carmen para decirle que iba camino de casa. Cinco horas más tarde, como no regresaba, su progenitora llamó a su teléfono móvil y una voz que no era la de su hijo contestó: "Ahora te he dicho que te vayas a acostar. Esto es cosa mía". Cuando se percató de que la otra persona que estaba al otro lado del hilo telefónico era la madre de Antonio Manuel, comenzó a hablarle en un idioma que esta interpretó que era inglés. Ella creyó escuchar ruido de una pelea como si estuviesen en una zaguán o en una cueva. Probablemente le estaban pegando la brutal paliza que le costó la vida a Toño, su hijo al que nunca más volvería a ver con vida.

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