La Crónica Negra | Sucesos que conmocionaron a Canarias

¿Mató el Mossad a Robert Maxwell?

El magnate de la prensa británica se ausentó de su camarote tras recibir una llamada en su yate frente a Gran Canaria hace 24 años

06.10.2015 | 10:01
El Lady Ghislaine, atracado en la Dársena Pesquera de Santa Cruz de Tenerife.

Si hay una historia que aúna interrogantes, incógnitas y lagunas, esa es la trágica muerte del magnate de la prensa británica Robert Maxwell ocurrida a 27 millas de la costa de Gran Canaria tras supuestamente caer de su yate Lady Ghislaine cuando navegaba por estas aguas. Su fallecimiento ocurrió el 5 de noviembre de 1991 y tras 24 años de su muerte, son muchos los que dudan de que se tratase de un accidente. Su pasado como espía, revelado por el periodista norteamericano Seymour Hersh, desmentido por el propio Maxwell aunque acabó reconociendo su relación con el tráfico de armas, alimentó las especulaciones.

La muerte del magnate de la prensa británica Robert Maxwell, propietario del diario sensacionalista Daily Mirror, que cotizaba en el mercado bursátil londinense a través de sus dos principales compañías, Maxwell Communication Corporation (MCC) y Mirror Group Newspapers (MGN), continúa siendo un misterio, todo ello a pesar del escrupuloso trabajo de los forenses del Instituto de Medicina Legal de Las Palmas de Gran Canaria, María José Melián Ramos, Carlos López de Lamela y García Cohen, quienes determinaron que el fallecimiento se produjo por un fallo cardiovascular.

Sin embargo, tal vez la atención mediática que se prestó se centró precisamente en averiguar las causas de la muerte, cuando en realidad tal vez se olvidó centrarse en cómo es posible que un hombre de la envergadura de Robert Maxwell –pesaba alrededor de 140 kilos y medía 1,90 metros de estatura– cayó al mar tras abandonar su camarote sobre las 05:45 horas del día 5 de noviembre de 1991, frente a la costa de Gran Canaria.

Su cadáver fue rescatado del mar por un helicóptero SuperPuma del Ejército del Aire adscrito al 802 Escuadrón del SAR con base en Gando. Según el parte que emitió el Ministerio de Defensa, "el cadáver del ciudadano británico yacía boca abajo en el mar, desnudo y sin aparente muestras de violencia, si bien presentaba una pequeña herida en la oreja derecha". El juez de guardia de Telde, Luis Gutiérrez San Juan, ordenó el levantamiento del cuerpo a las 22:00 horas del interior de la base aérea. "Estaba depositado en una enorme mesa ovalada, tapado con una sábana blanca, lejos de la mirada de los periodistas, los cuales llegaron a ofrecer hasta un turismo Porsche al piloto que lo localizó", según relataron fuentes que participaron en la investigación a la opinión de tenerife.

El juez autorizó esta operación tras la llegada de la esposa de Maxwell, Elizabeth, y uno de sus hijos, Philipe, a la base aérea. Ambos habían llegado previamente, a las 20:00 horas, al aeropuerto Reina Sofía de Tenerife para desde ahí proseguir viaje hasta Gando.
La primera de las alarmas salta cuando su hijo Philipe narró a los diferentes medios, en una entrevista telefónica, al enterarse de la noticia de la supuesta caída de su padre al mar. "No me lo puedo creer, seguro que se trata de un secuestro".

Maxwell tomó un avión en Gibraltar, donde embarcó en su yate, con el que se dirigió hacia Madeira y después hasta el Archipiélago.
El 4 de noviembre de 1991 cenaba en el Hotel Mencey de la capital tinerfeña. Probablemente, su viaje a Canarias se debió a la presión que soportaba cuando el periodista norteamericano Seymour Hersh publicó su libro The Samson Option, donde relataba cómo Israel había desarrollado su arsenal nuclear y la capacidad del mismo para disponer de este tipo de armas. Hersh acusaba a Maxwell y a su jefe de la sección de internacional, Nick Davies, de colaborar con el Mossad, el servicio secreto israelí. El empresario, aunque nacido en Checoslovaquia, era de origen judío. Se apresuró a negar las acusaciones y defendió a su redactor jefe. Una semana después del escándalo, despidió a Davis, lo acusó de mentir y, aunque señaló que no estaba vinculado con el servicio de inteligencia judío, sí lo relacionó con el tráfico de armas.

Ese día, Maxwell llegó al Mencey con cara de despiste. Se sentó a cenar (una ensalada ligera, merluza con almejas y tres cervezas heladas) y abandonó el lugar en el mismo taxi que lo trajo. En su salida veloz (o huida, de sí mismo o de otros) se dejó la chaqueta, según relataba la subdirectora Christina Zeuken al periodista Javier Durán.

Que Robert Maxwell era un elemento incómodo para el Estado de Israel no cabe la menor duda. Su nombre salía en una publicación donde se revelaba su pasado y el secreto mejor guardado por los hebreos, su complejo nuclear de Dimona, en el desierto del Neguev.
"Estaba intranquilo, se acostó y se levantó a lo largo de la noche varias veces. Le dijo a su tripulación que apagasen el aire acondicionado tras hablar con el capitán por el telefonillo del puente de mando. Eran las 05:45 horas", manifestó el capitán del buque a la Policía Judicial de la Guardia Civil.

A finales de los años 80 tuvo sus primeros escarceos con el Mossad. El aprovechamiento fue mutuo. Los hebreos obtenían información privilegiada, se dice que llegaron a conseguir los planos de un avión fabricado en la Unión Soviética y que poseía Polonia, gracias a la intercesión de Maxwell. A cambio, era tratado como un jefe de Estado y mantenía contactos con personajes como Mijail Gorbachov o Vlad Kriunchkov, jefe del KGB soviético.

Pero Robert Maxwell, como todos los poderosos, tienen su punto flaco. Cada vez gastaba más. Pronto sus empresas se endeudan y no se le ocurrió mejor idea que coger el dinero de los fondos de inversión de sus empleados y dilapidarlos. A partir de ese momento cayó sobre él la máquina judicial y mediática.

¿Qué hacer entonces? Recurrir a sus amigos judíos. Que mejor que intentar poner en práctica la extorsión. Su silencio a cambio de que Israel se haga cargo de sus deudas. Sin embargo, el Estado hebreo no estaba para este tipo de historias. Sabían que si entraban en este juego se acabaría convirtiendo en un camino sin salida. Los israelíes no estaba dispuestos a ceder al chantaje y menos ante quien conocía gran parte de sus operaciones. A partir de este momento se desatan las conjeturas.

Los periodistas Gordon Thomas y Martin Dillon, autores del libro El espía del Mossad, relatan la apasionante vida del magnate y espía de Israel Robert Maxwell en un esfuerzo por esclarecer las extrañas circunstancias que rodearon su muerte en aguas canarias en noviembre de 1991. Los autores, aportan explosivas y novedosas declaraciones sobre las conexiones con el servicio secreto de Israel. Según estos periodistas, el Mossad simuló entrar en el juego. Para ello, su estación en Casablanca hizo un seguimiento del yate Lady Ghislaine.

Mientras cenaba, el magnate recibió una llamada indicándole que a la mañana siguiente se encontraría con su contacto en el Muelle de Los Cristianos, donde se efectuaría la entrega de la cantidad de dinero acordada. Una segunda llamada le notificó que le sería entregado entre las 4 y las 5 de la madrugada.

¿Es esta la razón por la que permaneció despierto en cubierta a esas horas? Siguiendo el relato de estos autores, dos agentes a bordo de una embarcación neumática se dirigieron al encuentro del yate. Tras subir a bordo por uno de los costados de la embarcación y vestidos con un riguroso traje de neopreno de color negro, localizaron a Maxwell en una cubierta inferior. ¿Le inyectaron un sustancia nerviosa letal simplemente lo empujaron al mar y las frías aguas se encargarían de hacer el resto? En menos de cinco minutos estaban de nuevo de vuelta en la zodiac. Nadie vio ni escuchó nada. El Lady Ghislaine iba camino de Maspalomas. A las 10:45 horas de la mañana, cuando llamaron nuevamente a su teléfono desde Londres, no estaba en su camarote. Finalmente, a las 11:45 horas, el capitán Rankin pidió socorro vía satélite.

Militar, político y empresario

Robert Maxwell tuvo una vida azarosa y no exenta de riesgos. Su verdadero nombre era Ian Ludwig Hoch y nació el 10 de junio de 1923 en Checoslovaquia. En 1939, gran parte de su familia fue asesinada por los nazis. Tras alistarse en el Ejército británico, ascendió a capitán, gracias a su habilidad para las lenguas. Durante la II Guerra Mundial, salvó la vida a un soldado inglés que estaba en una granja sitiada por enemigos. El joven Hoch, con 25 años, adoptó la identidad de otro soldado muerto en Normandía. Y desde entonces fue Robert Maxwell. Tras comprar una imprenta, amasó su primera fortuna. Continuó invirtiendo y arriesgando en medios de comunicación. El Partido Laborista lo fichó y en 1961 llegó a ser miembro de la Cámara de los Comunes del Reino Unido. Las dudas de su familia ante la causa de su muerte llevó a que Bernard Knight, famoso patólogo británico practicase una segunda autopsia en Israel y tampoco halló signos de una muerte violenta. El forense español Carlos López de Lamela, abrió la puerta de la duda razonable cuando tres años después de los hechos manifestó a la BBC que el cuerpo de Maxwell presentaba lesiones musculares que podían indicar que alguien lo había arrastrado por la barandilla del barco. Además, el forense indicó que pasó algún tiempo desde el fallecimiento del millonario hasta su caída al agua desde el yate ya que cuando fue localizado llevaba al menos doce horas muerto. Robert Maxwell fue enterrado en el monte de Los Olivos, en Jerusalén.

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