Orden de alejamiento contra un parapléjico por malos tratos

La denunciante no vive en el domicilio que se encuentra adaptado para el presunto maltratador

 13:38  
Juan Francisco Marrero García, en los exteriores del Albergue Municipal donde pasó la noche.
Juan Francisco Marrero García, en los exteriores del Albergue Municipal donde pasó la noche.  manuel lérida

ANTONIO HERRERO La titular del juzgado de Violencia de Género número Uno de la capital tinerfeña dictaba en la tarde de ayer una orden de alejamiento para un hombre parapléjico y en silla de ruedas, tras una denuncia por supuestos malos tratos de quien había sido su pareja durante veinte años, que no habita en la vivienda propiedad del varón sita en Añaza y que está adaptada para su minusvalía, que le sobrevino hace siete años tras sufrir un accidente laboral cuando trabajaba en la casa BMW, según pudo saber la opinión de tenerife. Por si fuera poco, la mujer solicitó a la juez que también dictase una orden de alejamiento de su hijo de 17 años, que corroboró el testimonio de su progenitor y que tuvo que pasar la noche en casa de su abuela que tiene 85 años.

Los hechos tuvieron lugar a mediodía de ayer, cuando el hombre, identificado como Juan Francisco M.G., nacido en 1954, en El Escobonal, en Güímar se presentó en su domicilio y su compañera no le permitió el acceso.

"Mi compañera Mercedes Hernández Díaz no le permitió a mi hijo que me abriese la puerta, por lo que tuve que llamar al 1-1-2 que envió a la Policía Local que se presentó en mi domicilio, pero a pesar de llamar insistentemente a la puerta nadie les abrió. Ellos me dijeron que lo sentían y que no podían hacer nada. Entonces llamé a mi otro hijo, Eduardo que se encontraba en Los Cristianos y me dijo: ´No te preocupes papá que ya voy para allá que yo tengo llave y te abro", según relató Juan Francisco, que tuvo que pasar la noche en el Albergue Municipal,
Marrero García logró finalmente acceder al domicilio y su compañera ya no estaba dentro. Sin embargo, cuando ésta llegó acompañada de su pareja le espetó: ´Tú que haces aquí, esta es mi casa". En ese instante se produjo una discusión en la que Mercedes Hernández acusó a su compañero de tirarle por los pelos, arrastrarla por la habitación y pegarle en un pecho. Sin embargo, las manifestaciones tanto de Eduardo, el hijo de Juan Francisco como la suya propia difieren bastante de la de la víctima.

Juan Francisco reconoció que sólo le agarró de una de sus manos para que no le pegase a su hijo Eduardo. Su madre argumentó ante la juez para ordenar la orden de alejamiento de su hijo que éste había amenzado en cuanto cumpliese la mayoría de edad con matar a su hermano.
la opinión de tenerife pudo hablar en la tarde de ayer con Ana Cristina Galván, letrada de Juan Francisco que mostró su malestar e indignación con la medida cautelar tomada con la juez.

"Cuando pedí a su señoría que buscase una solución para este hombre que tiene su vivienda adaptada me dijo que no era su problema. De igual manera me trataron en el juzgado de guardia donde esperé una hora para que luego la titular del mismo me dijese que ellos no iban a hacer nada". Su cliente tuvo que permanecer a la intemperie varias horas hasta que se decidió a llamar a la Policía Local que, tras arduas gestiones, consiguió que Protección Civil trasladase a este hombre hasta el Albergue Municipal donde iba a pasar la noche, gracias a los esfuerzos de los Servicios Sociales del Ayuntamiento capitalino.

La abogada de Juan Francisco también relató a este diario que: "en el lugar se personó también la hermana de la denunciante y su marido quienes se mostraron en todo momento dispuestos a ayudar a su cuñado, ya que reconocieron que debido a su estado es incapaz de levantar la mano a nadie".

Al parecer, esta denuncia tiene que ver con que Mercedes Hernández, que tiene un compañero sentimental desde hace tres años y que habitaba eventualmente en la vivienda que compartía con Juan Francisco desea quedarse con ella.

Cuarenta días en coma

Juan Francisco Marrero sufrió una caída en su puesto de trabajo hace siete años y permaneció 40 días en coma. Cuando se recuperó fue trasladado a una clínica de Fremap en el municipio madrileño de Las Rozas, donde estuvo otros trece meses. Como secuelas le han quedado una dependencia permanente de la silla de ruedas y la pérdida de la visión de un ojo. Posteriormente, estuvo otro año en la clínica Vintersol de Los Cristianos y su domicilio sito en Añaza que pagó con la venta de un solar en Los Alisios, ha sido adaptado para una persona que no puede valerse por sí mismo.

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