ANTONIO HERRERO | SANTIAGO DEL TEIDE
No tuvieron tiempo de enterarse de nada. María Vanesa A.R., de 34 años de edad, natural de Madrid, y Marion Ouil O´Hara, británica, de 52 años, ambas residente en la Isla, perdían ayer la vida sepultadas por varias toneladas de piedras que se desprendieron de la ladera que da a la playa de Los Gigantes, sobre las 15:30 horas, en el municipio sureño de Santiago del Teide.
El día se presentaba apetecible para ir a la playa, algo que hicieron las dos víctimas que estaban acompañadas. Jamás pudieron esperarse que la muerte les sorprendería de esta manera tan cruel. La joven española con su novio, que en el momento del percance estaba bañándose. La ciudadana británica tenía a su lado a su hijo y a su ex marido, que escaparon milagrosamente de la hecatombe.
Rápidamente se personaron en el lugar varias dotaciones de la Policía Local que ante la magnitud del hecho requirieron la presencia de los bomberos voluntarios del municipio y de la Guardia Civil de Guía de Isora. En un primer momento se especuló con la posibilidad de que el número de víctimas podría ascender a cuatro debido a que los bañistas era de unas trescientas personas. Sin embargo, a medida que transcurrían las horas, se acabó despejando la duda.
El lugar pronto quedó cubierto por toneladas de piedra y una nube de polvo que impedía la visión. Los funcionarios municipales dieron aviso a la Sala del 1-1-2, al igual que numerosos testigos. Desde allí se coordinó el desplazamiento del Grupo de Rescate de Ayuda en Emergencia Anaga (AEA), técnicos del Grupo de Emergencias y Salvamento (GES). Además, Cruz Roja española activó a su equipo de psicólogos que atendieron a los familiares de la joven española, su abuela y sus padres en un restaurante marinero, Jessi, ubicado a escasos metros del lugar de la tragedia.
También hicieron acto de presencia tres helicópteros, uno del Gobierno de Canarias, otro del Servicio de Urgencias Canario (SUC) y el aparato de la Guardia Civil que trasladó al Equipo de Rescate e Intervención en Montaña (EREIM), que aterrizaron unos en el helipuerto y el de la Benemérita en la explanada del muelle. Mientras que por tierra se desplazaba el Grupo Cinológico del Instituto Armado, con perros rastreadores. Además, AEA desplazó a sus perros de búsqueda.
Todo el operativo de rescate, casi un centenar de personas estuvo coordinado por el segundo jefe de la Comandancia de la Guardia Civil. Sobre las 19:00 horas, se levantaba el operativo, aunque al cierre de esta edición continuaban las labores de desescombro que se vieron apoyadas por dos máquinas retroexcavadoras y una mini pala que desplazaban con sumo cuidado las piedras por temor a que produjesen algún daño a los posibles cuerpos que aún faltaban por localizar.
Alrededor de las 19:00 horas, el Juzgado de Guardia de Arona ordenó el levantamiento de los cadáveres y su posterior traslado hasta el Instituto de Medicina Legal de La Laguna, para la práctica de la autopsia.
Los bañistas que pudieron escapar de la tragedia, subieron por la calle Poblado Marinero y lo hacían con lágrimas en los ojos al saberse salvados de una muerte casi segura, intuyendo que debajo de todas esas toneladas se encontraban las dos fallecidas.
La otra cara de la tragedia la representaban los rescatadores.
Los bomberos y los guardias civiles aparecían con sus uniformes cubiertos por un manto de polvo. Sus rostros denotaban la impotencia vivida por no haber podido rescatar con vida a las dos mujeres.
Por una vez, hay que resaltar que la maquinaria de salvamento funcionó como un reloj. No se escatimaron ni medios humanos ni personales, actuando todos en perfecta sincronización y de manera escalonada.