13 de abril de 2018
13.04.2018
Universidad

La ULL envía a Fiscalía la denuncia de una alumna a un profesor por presunto acoso

El Rectorado abre un expediente disciplinario. La estudiante asegura haber recibido correos del docente en los que este le insinúa que su nota podría ser recalificada si no responde a sus mensajes

13.04.2018 | 03:09

Mayor sensibilización tras el 8M

  • La jornada del último 8 de marzo, en el que se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, supuso un punto de inflexión en la denuncia de casos de acoso sexual y sexista en el ámbito universitario. Ese día, se hizo viral un vídeo de alumnas de la ULL increpando a un profesor por acoso sexual con pancartas y un megáfono, al grito de “no lo vamos a permitir, compañeras unidas somos invencibles”. Según la información que emitió Radio Club, las alumnas acusan al profesor de “caricias y tocamientos de muslos”. Por su parte, el rector, Antonio Martinón, valoró este episodio como un “linchamiento moral”. Hasta ese momento, no se había registrado ninguna denuncia sobre ese profesor ni ante la institución ni ante ningún juzgado. Sin embargo, ante la gran repercusión mediática de este recurso audiovisual, con más de 200.000 visitas en la red, la propia Universidad de La Laguna emitió un comunicado en el que aclaraba que fue precisamente la ausencia de denuncias interpuestas por escrito el motivo que provocó que no se activase el Protocolo previsto para casos de acoso sexual y sexista que entró en vigor en 2015. A partir de entonces, comenzaron las denuncias. La Asamblea del Movimiento Estudiantil Canario (AMEC) fue la encargada de ejercer la representación de las alumnas denunciantes. La entidad reveló el 22 de marzo ya habían sido cinco ya las estudiantes que interpusieron a través de la sede electrónica de la institución las denuncias. Cuatro de ellas como afectadas y la restante aportó testimonio sobre los hechos. Asimismo, la AMEC reivindicó la necesidad de “un compromiso real y efectivo” por parte del Grupo de Gobierno de la institución, al tiempo que acusó al rector de “desconocer sus propios protocolos”, argumentando que el artículo 3 del protocolo expresa que no existe sólo el derecho a presentar denuncia, sino que también es suficiente con hacer una comunicación. Los miembros de esta agrupación aseguran que en el artículo 8 se especifica que cualquier persona de la comunidad universitaria que tenga conocimiento de la existencia de una conducta de acoso sexual o sexista puede presentarla y, en consecuencia, se actuará de forma preventiva. N. G. V.

La Universidad de La Laguna (ULL) ha enviado a la Fiscalía un caso de presunto acoso de un profesor hacia una alumna. La estudiante, Noelia Guerra, que en la actualidad está en el segundo curso del grado de Periodismo, trasladó en junio de 2017 tanto al Juzgado de Instrucción Número 1 de La Laguna como al Servicio de Inspección de la ULL este caso de presunto acoso por parte del que fue su profesor de Economía durante el segundo cuatrimestre de su primer año, en el curso 2016-2017, Juan Pablo del Río Disdier. Guerra asegura en la denuncia que le enviaba "hasta ocho correos diarios" a través del ALU, el email institucional del centro superior lagunero. "Me dijo que fuera a una librería a recoger un libro que me había comprado, me citó en una cafetería y, como no le respondía, me chantajeó con que reconsideraría mi nota final", concreta la alumna en declaraciones a la opinión de tenerife.

Consultado por este diario, una fuente oficial del Rectorado respondió que el asunto se ha clasificado como "un caso de acoso sexista" y que "no se ha cerrado aún". Además, la fuente oficial detalló el proceso seguido por el Rectorado. En primer lugar, y en base a los pasos recogidos en el Protocolo para la Prevención de Acoso Sexual y Sexista de la ULL, se designó a un perito independiente que realizó un informe y valoró las pruebas.

Determinada la gravedad del caso, se abrió un expediente disciplinario al profesor y finalmente se decidió trasladar la denuncia a la Fiscalía. La estudiante precisó, en declaraciones a este diario, que ha estado esperando 11 meses, desde que presentó la queja formal a la ULL, por una respuesta del centro y que ésta llegó ayer, justo después de que la denunciante advirtiera que iba a llevar el caso a los medios de comunicación. La han citado para hoy con el fin de darle más información de la investigación.

Siempre según la estudiante de Periodismo, el docente comenzó a enviarle mensajes el 19 de abril de 2017, después de que ella le mandara uno disculpándose por haber salido antes de una de sus clases. "Él se molestó porque algunos compañeros y yo nos fuimos antes de la práctica y habíamos interrumpido su lección. Yo me sentí mal y le pedí perdón por correo", narra Noelia Guerra a este periódico, una aclaración que figura en el texto de la denuncia.

A partir de entonces, Guerra explica que empezó a recibir correos electrónicos por parte del docente sobre "cultura y contenidos de la asignatura". Sin embargo, el 21 de abril de 2017, en la víspera del Día del Libro, "él fue más allá". En el mensaje de este día, tal y como figura en la denuncia ante el Juzgado, a la que ha tenido acceso la opinión de tenerife, él la invita a visitar una librería de La Laguna, donde le había dejado un libro reservado a su nombre para que fuera a recogerlo. El profesor le aclara en ese correo a la alumna que el libro está acompañado de una rosa. Ella aclara que no fue a recogerlos.

Fue ese mismo día cuando la alumna acudió a la Unidad de Igualdad de Género de la ULL, donde le informaron de que podía actuar tanto mediante la vía judicial como a través del Servicio de Inspección del mismo centro de estudios. Entonces, decidió acogerse a los dos procedimientos.

La denunciante asegura que le dieron la opción de esperar a final de curso, para que no le afectara en la evaluación de la asignatura, o hacerlo de inmediato y que se encargara de calificarla otro profesor. "En ese momento no quería que nadie lo supiera. Si hacía el examen con otro profesor sería en otra aula, y la gente sospecharía. Decidí esperar a acabar el curso porque pensé que el profesor cesaría en su actitud", matizó Guerra a este periódico.

Pero no fue así. Después de esta fecha, según se recoge en la denuncia, Guerra continúa recibiendo entre "tres y cinco correos al día", cuyo contenido varía entre "la prosa y el verso". De esta forma, según la alumna, el docente la felicitó por su cumpleaños a través del correo. "No sé cómo consiguió saber que era mi cumpleaños ni tampoco cómo consiguió la dirección de mi domicilio para enviarme postales desde Madrid", plantea la alumna, quien asegura haber recibido en su propia casa algunas revistas y cartas por parte del profesor.

En el mes de mayo comenzó a "insinuarse con clara tendencia amorosa", tal y como declara Guerra en la denuncia que presentó ante el Juzgado. La alumna asevera al periódico que, siguiendo los consejos de la Unidad de Igualdad de la ULL, no responde a los correos del profesor "para no darle bola". Además, subraya que, ante su silencio, el profesor adoptó en sus palabras un tono "más amenazante". "Incluso, en una ocasión, me chantajeó, exigiéndome que dejara la delegación de estudiantes, que me dejara de novios y que respondiera a las preguntas que me había hecho a lo largo de todos los correos", según se lee en la declaración que dio Noelia Guerra al Juzgado. La tinerfeña forma parte del grupo que representa al alumnado de la facultad de Ciencias Políticas, Sociales y de la Comunicación ante los diferentes organismos universitarios.

La estudiante de la ULL precisa que todos estos comentarios personales no se los hizo nunca el profesor en persona, sino a través de los correos electrónicos, y que las conversaciones que mantuvo con él cara a cara giraron solo en torno a contenidos académicos. "Nunca noté en clase que me mirara más de la cuenta", destaca a la opinión.

Este periódico se puso en contacto ayer con el profesor denunciado. Juan Pablo del Río asegura que ha dado y dará "toda clase de información y aportación a la verdad". "No tengo nada que ocultar o extrañar, y mucho menos sentirme culpable de nada. Nunca creo haber cometido ninguna clase de actuación que fuera delictiva o incorrecta, y siempre he procurado lo mejor para mis alumnos/as y para el buen trabajo en la Universidad. Creo haberme comportado siempre con corrección", señala.

El profesor de Economía Aplicada circunscribe los correos electrónicos que le envió a esta alumna "a una interpretación o discusión sobre detalles académicos" y recuerda que le puso una Matrícula de Honor. "Todo los he puesto a disposición de la Universidad", subrayó: "Le concedí, por su valía y mérito, la calificación de Matrícula de Honor, junto a otras compañeras suyas. Debió pensar que se la podría quitar, por la discusión, pero siempre los correos fueron muy correctos entre nosotros. Todo los he puesto a disposición de la Universidad, insisto remarcadamente. Fue primero la alumna la que se dirigió a mí por temas académicos, y siempre seguimos en esos términos. Todo lo recogido en los correos tiene su explicación, y tiene su contexto, y no se debe sacar de ello", añade el denunciado.

Al día siguiente de concederle la Matrícula de Honor y quedar cerradas las calificaciones en las actas electrónicas de la Universidad, interpuso la denuncia, ante el Juzgado de Guardia, por lo que sé. Yo fui el más extrañado y afectado. La calificación nunca estuvo en cuestión (es una larga disertación), y yo por más que discutiera, yo sí decidí concederle la Matrícula de Honor, que es una concesión de valor y mérito (y a su favor). Siempre fui correcto y atento, nunca hubo ninguna discriminación de nada, ni trato perjudicial de carácter sexista o algo parecido. Todo está en los correos, siempre, repito. Y tampoco la psicóloga que hizo el peritaje, nunca dictaminó "acoso sexista". Y por el Juzgado tampoco yo tengo constancia nunca de ningún cargo por acoso sexista, ni sé por el Fiscal que se hubiera tenido que pronunciar al respecto.

La información que tiene Juan Pablo del Río Disdier es que "al día siguiente de concederle la Matrícula de Honor y quedar cerradas las calificaciones en las actas electrónicas de la Universidad, [ella] interpuso la denuncia, ante el Juzgado de Guardia, por lo que sé". "Yo fui el más extrañado y afectado", asegura. "La calificación nunca estuvo en cuestión (es una larga disertación), y yo por más que discutiera sí decidí concederle la Matrícula de Honor, que es una concesión de valor y mérito (y a su favor). Siempre fui correcto y atento, nunca hubo ninguna discriminación de nada, ni trato perjudicial de carácter sexista o algo parecido. Todo está en los correos, siempre, repito. Y la psicóloga que hizo el peritaje nunca dictaminó acoso sexista. Y por el Juzgado tampoco he tenido constancia nunca de ningún cargo por acoso sexista, ni sé por el fiscal que se hubiera tenido que pronunciar al respecto", matiza el profesor.

Un día antes de que Noelia Guerra pusiera la denuncia, el jueves 15 de junio, el docente la citó en una terraza del Parque García Sanabria para "charlar e ir juntos a una exposición de Los Madrazos en CajaCanarias", según se recoge en la denuncia de la estudiante. Asimismo, en la declaración de la denunciante, esta indica que él la "chantajeó" asegurando que "si no cumplía con esto, le rectificaba la nota y le quitaba la Matrícula de Honor que había obtenido en su asignatura".

En esta línea, Guerra incidió en que "en otro correo anterior de esa semana, le dijo que no le había puesto la nota definitiva, teniendo provisionalmente un 8,9 y a falta de un punto que debía conseguir yendo a su despacho para una revisión". Este fue uno de los pocos correos a los que ella contestó, rechazando la propuesta y alegando que ella no había pedido ninguna revisión. Asegura que solo respondió a "unos tres correos de contenido académico". El primero de ellos fue el mencionado en el que le pedía disculpas por interrumpir su clase. En otro, le comunicó al profesor el tema de su trabajo de final de curso, después de habérselo trasladado en clase y que él le dijera por correo que se lo repitiera porque no lo había anotado.

El 16 de junio, la estudiante acudió al Juzgado de Instrucción Número 1, en el palacio de justicia de La Laguna, para interponer la denuncia. Durante el procedimiento, Guerra no contó con ningún abogado particular por no ser obligatorio, por lo que la acusación fue dirigida por el Ministerio Fiscal. Por el contrario, el acusado sí debe contar con asistencia letrada. Esto explica por qué aún la alumna no conoce la conclusión de la denuncia, ya que, en el caso de contar con un abogado particular, es este el que cumple la función de informar de forma constante a la denunciante sobre los avances de la investigación. Es pues la propia denunciante la que debe acudir al palacio de justicia lagunero para informarse.

Una vez valorado el asunto, se activaron las diligencias previas. El 2 de agosto, el Juzgado llamó a la denunciante para verificar que quiere continuar con la denuncia y se le propuso ratificarla, ampliarla o aportar nuevos datos. "También me dijeron que si tenía algo nuevo que aportar durante ese proceso, lo adjuntara. Recibí un correo de disculpa por parte del profesor en el que me decía que había sido todo una mala interpretación por mi parte y lo adjunté en ese momento", explica. El denunciado no declaró hasta septiembre, ya que se encontraba en la Península.

Según la última reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, las diligencias de instrucción se practican durante un plazo máximo de seis meses desde la fecha de inicio de las diligencias previas, por lo que la posible citación a juicio o la conclusión del caso tendría lugar en los próximos meses. Si finalmente se celebrase un juicio, el Juzgado de Instrucción trasladaría el caso al Juzgado de lo Penal de Santa Cruz.

Además de interponer la denuncia ante el referido juzgado, Guerra también acudió al Servicio de Inspección de la ULL. En el artículo 5 del reglamento de organización y funcionamiento de esta entidad de la ULL se recoge su capacidad para actuar ante las denuncias o quejas recibidas por los miembros de la comunidad universitaria. Por su parte, en el tercero de sus epígrafes se especifica su competencia para tramitar, a instancia del rector, informes y expedientes disciplinarios de los miembros de la comunidad universitaria. En base a este reglamento, se activó el Protocolo para la Prevención del Acoso Sexual y Sexista de la institución y, tras los procedimientos correspondientes, se trasladó el caso al Rectorado, a la Unidad de Igualdad y al Servicio de Prevención de Riesgos Laborales. Este documento recoge las pautas a seguir para "prevenir, detectar y actuar ante los casos de acoso en el ámbito institucional de tipo sexual, sexista y psicológico".

El protocolo aborda tanto el acoso sexual como el que implica discriminación de género. De acuerdo con el Instituto de la Mujer, el primero de ellos se define como cualquier comportamiento, tanto verbal como físico, de naturaleza sexual que atente contra la dignidad de una persona. Por otro lado, el sexista incluye aquellas conductas que tienen en cuenta el sexo de la persona para atentar contra su dignidad.

El 19 de julio de 2017, a las 9:35 horas, se celebró una reunión entre la denunciante y miembros del Servicio de Inspección de la Universidad lagunera. En ella, Guerra tuvo que responder a dos cuestiones: su valoración respecto a la actuación del profesor a la vista del contenido de los correos electrónicos adjuntados a la denuncia presentada a la ULL, insistiendo en que si ella lo consideraba un "presunto abuso de autoridad y una presunta falta de consideración con ella como estudiante"; y si era "habitual" que el mencionado docente enviara tantos correos al resto de sus "colegas estudiantes".

A la primera cuestión, la estudiante respondió que "sí" consideraba que los correos recibidos tenían un contenido fuera del ámbito académico. Asimismo, añadió que aquellos que tenían que ver con la asignatura de Economía podían haber sido enviados a la dirección de toda la clase y no solo a la suya. Por otra parte, declaró que no era "habitual" que enviara tantos correos a sus compañeros como había hecho con ella. "En el grupo que tenemos de WhatsApp, en el que se encuentran todos los estudiantes de mi clase, mis compañeros se quejaban de que no obtenían respuesta cuando le mandaban un correo a este profesor", aclara Guerra en el acta de comparecencia, a la que también tuvo acceso la opinión de tenerife. "Recibía correos diarios, alrededor de 8, llegando incluso a recibir el doble, 16, sin consultarle nada, a diferencia de mis compañeros", añade.

Para terminar, en la Inspección le plantearon a Noelia Guerra si quería incluir algo más en su declaración. Ante esto, afirmó que el día 12 de julio de 2017 recibió un nuevo correo donde "él venía a disculparse" y la citaba en su despacho a lo largo de esa semana para aclararle las "malinterpretaciones" que considera que ella hizo de sus correos. "No le respondí y no he recibido más hasta el día de hoy", concluyó.

Una vez que el Rectorado conoce la denuncia, tal y como se recoge en el Protocolo, se nombra a una persona que efectuará el peritaje. "En la valoración psicológica me preguntaron cosas como si había pensado en suicidarme o si tenía apoyos", comenta la estudiante.

El profesor denunciado concluye, en su respuesta a este diario: "Creo haber hecho siempre lo correcto o más adecuado, y me declaro y declararé siempre no culpable de nada, y no reconozco culpabilidad por nada. Sólo he tratado siempre de ser un buen profesor, y punto".

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