01 de abril de 2018
01.04.2018
Entrevista | Marta Gago Hidalgo

"Evitar los productos de origen animal no es garantía de una dieta saludable"

"Pese a que haya mucha pijotería, el veganismo solo tiene un problema: la falta de la vitamina B12", explica la farmacéutica y nutricionista

01.04.2018 | 04:00
Marta Gago, durante una charla impartida sobre veganismo.
Marta Gago Hidalgo

"Nuestra alimentación diaria, directa o indirectamente, está suplementada"

"Unas papas fritas son un producto totalmente vegano y son lo peor que hay para la salud"

"Los veganos ya son un colectivo de 700.000 personas en España y aún tienen complicado comer fuera de casa"

Farmacéutica y nutricionista

 

 

No solo de lechuga se alimentan los veganos. Frente a este y otros bulos, la farmacéutica y nutricionista Marta Gago desmonta los mitos sobre el veganismo, una práctica que cada vez gana más adeptos. En España hablamos de 700.000.

Como nutricionista, ¿qué opinión tiene sobre el veganismo?

El veganismo es una herramienta muy útil, tanto a nivel de salud como a nivel medioambiental. Está demostrado que es una dieta saludable y útil para el tratamiento y la prevención de ciertas enfermedades crónicas como la diabetes, el cáncer y los trastornos cardiovasculares, como la obesidad o el sobrepeso.

Entonces no es una cuestión de moda.

Ahora mismo el veganismo es tendencia, pero tiene el fundamento científico de que previene determinadas enfermedades. Según una encuesta realizada en Reino Unido, el 50 % de los encuestados eran vegetarianos o veganos por cuestiones morales o éticas, un 30 % por motivos de salud y otro 20 % por aversión a los cárnicos ya que el ritmo de consumo de carne de la actualidad es totalmente insostenible.

¿Usted es vegana?

No, aunque me lo planteo. He dejado de comer carne y mantengo el pescado, los huevos y los lácteos. Fundamentalmente mis pautas dietéticas se basan en la ingesta de frutas, verduras y hortalizas y así deberían de ser las de todo el mundo. De hecho, la Organización Mundial de la Salud se ha demostrado que con un consumo adecuado de frutas y verduras permitiría salvar 1,7 millones de vidas. Que la pirámide de alimentos, la referencia nutricional de hoy en día, siga teniendo un bote de harina en la base es una vergüenza, la tienen que modificar ya. Tenemos que cambiar mucho en educación nutricional y en la práctica sanitaria. Básicamente todas las enfermedades que sufrimos hoy en día tienen que ver con la dieta y con nuestro estilo de vida.

Comencemos a analizar algunos de los argumentos esgrimidos por los detractores del veganismo: el déficit de proteínas. ¿Mito o realidad?

Para responder a esta pregunta hay que conocer que una proteína completa es aquella que tiene todos los aminoácidos esenciales. El cuerpo no los produce, entonces hay que ingerirlos a través de la dieta. Y esas proteínas completas también las podemos encontrar en productos vegetarianos o veganos como en las legumbres, el amaranto, la quinoa o los derivados de la soja. Hay una amplia gama de productos que sustituyen perfectamente al típico filete de pollo. Desgraciadamente, aunque no se crea así, la dieta de un vegano es mucho más variada que la de un omnívoro.

Otro de los mitos, la falta de calcio.

Falso. Aquí hay mucho marketing. La industria alimentaria ha vendido que solo a través de la leche y de los productos lácteos se obtiene el calcio suficiente para prevenir la osteoporosis y favorecer el crecimiento adecuado de los niños. Pero no es así. El calcio es el mineral que está más presente en nuestro organismo. Lo tenemos en los huesos y lo tenemos en los dientes, es nuestro esqueleto. No solo se ingiere a través de los lácteos. Una naranja tiene muchísimo calcio y eso no se sabe, por ejemplo. Las legumbres también y las verduras, igual. Aunque cuando hablamos de calcio hay que tener en cuenta su absorción, que viene determinada por factores hormonales fisiológicos y del medio. El remojo, la cocción y la fermentación aumentan la absorción del calcio.

¿Qué pasa con el hierro?

La anemia ferropénica es la patología más común en el mundo occidental y desarrollado pese a la masiva ingesta de carne. No hay correlación entre el veganismo y la falta de hierro.

¿Y con la falta de vitamina D?

Tanto en omnívoros como en vegetarianos, la ingesta de esta vitamina a través de la dieta es muy complicada ya que se obtiene por medio de la exposición solar. Veinte minutos de exposición solar sin protección cuando el sol no queme garantiza estos niveles de vitamina D. Aunque es muy normal que la gente se suplemente.

¿Es muy común la suplementación entre los veganos?

Eso lo dictamina una analítica de rutina. Pero los veganos tienen las mismas probabilidades que los omnívoros de tener déficit de vitamina D. Cumpliendo una correcta alimentación, un menú estructurado y planificado, no tiene por qué haber ningún problema ni en adultos, ni en niños ni en ancianos. Todos tenemos el mismo organismo y se aplican los mismos principios. El veganismo solo tiene un problema y es la vitamina B12. Es de origen bacteriano y solamente se encuentra en productos de origen animal criados y alimentados a base de pasto. Se sabe que hoy en día, la ganadería intensiva suplementa esos piensos con vitamina B12, por lo que todos, directa o indirectamente, estamos suplementados. Salvo eso, el resto son todo ventajas.

¿No hay diferencia entre que esos minerales sean de origen natural o artificial?

Ojo con los conceptos de natural y artificial. Al cuerpo de verdad que le da igual que sea natural o artificial. Lo importante es la seguridad. Un producto que haya sido elaborado por la industria farmacéutica siempre va a dar garantías de que cumpla una cierta reglamentación y que sea adecuado para el uso humano.

¿Cuál es la razón de que existan tantos mitos sobre el veganismo?

Siempre hay intereses. Las industrias ganadera y láctea se verán muy afectadas si la gente adquiere el veganismo como una práctica. La dieta está riquísima, es variada y ofrece garantías hacia la salud, por lo tanto, si se convierte en un hábito más extendido, provocará problemas a las grandes compañías que ahora están al mando de nuestra alimentación. La dieta vegana puede ser una mierda si no la planteas bien y puede llevarte a consecuencias muy negativas para la salud, pero lo mismo pasa con una mala dieta en los omnívoros. Hace años se llevó a cabo un estudio científico en Reino Unido en el que participaron 60.000 personas y se demostró que los vegetarianos tenían menor probabilidad de desarrollar un cáncer , menor riesgo de padecer diabetes y obesidad, entre otros resultados.

¿Se plantea ser vegana?

Puede ser. A nivel medioambiental, se puede ayudar mucho y a nivel de salud me parece una garantía de dieta saludable si la haces bien. En este punto, es muy importante ser conscientes de que evitar los productos de origen animal no es garantía de una dieta saludable. Unas papas fritas es un producto totalmente vegano y es lo peor que hay. Lo mismo ocurre con los millones de ultraprocesados que son consumidos por los veganos. Pero no hace falta recurrir a ellos. Yo por ejemplo todas las mañanas me unto humus en pan integral y ahí ya incorporo una parte de proteínas. Luego como cuatro piezas de fruta y dos raciones contundentes de verduras u hortalizas, no cuatro hojas de lechuga. Para asegurarme el calcio tomo un yogur de soja natural y en lugar de un filete de pollo preparo uno de tofu. Es una dieta fácil de seguir, de elaborar y también de planificar.

¿El coste de la cesta de la compra de un vegano es mayor?

Sí, los productos veganos son normalmente más caros. Aunque yo he llegado a comprar el salmón a doce euros el kilo alguna vez, depende. Todo es muy relativo. Suelen ser productos que también tienen mucho marketing en torno a lo ecológico. En realidad hay mucha pijotería en este ámbito de la alimentación. Pero como está siendo tendencia, yo creo que la industria se volcará con ella y al final se producirá un abaratamiento de los precios. Ya son un colectivo de 700.000 personas en España y pese a ello aún lo tienen más complicado por ejemplo para comer fuera de casa. Pero todo llegará y no habrá problemas ni en los supermercados, ni en los bares, ni en los restaurantes.

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