23 de noviembre de 2017
23.11.2017

La Agencia Espacial Europea ensaya con robots para exploraciones a Marte

Los responsables de la ESA barajan habilitar en un tubo volcánico del Volcán de la Corona una base similar a la que los astronautas tendrían en el Planeta Rojo

22.11.2017 | 23:52
El astronauta Matthias Maurer (i) y el técnico de la ESA, Hervé Steveni prueban herramientas que se usaron en la misión Apolo a la Luna.

Un minirrobot, un dron, herramientas utilizadas en la Luna o láseres para cartografía en 3D, entre otros equipos, están siendo utilizados en los paisajes de lava de Lanzarote por astronautas y técnicos de la Agencia Espacial Europea (ESA) para futuras misiones a la Luna y Marte. Esta combinación por tierra y aire forma parte de la campaña de pruebas que ha aunado geología, equipos topográficos avanzados y exploración espacial del proyecto Pangaea-X que ha movilizado en las últimas dos semanas a 50 personas, cuatro agencias espaciales y 18 organizaciones y universidades europeas.

Entre los trabajos realizados en los campos de lava de Tinguatón (Tinajo) se encuentra el experimento ENTERN que se centra en probar un sistema robótico para la exploración de superficies rugosas, como cuevas o cráteres. Un proyecto dirigido por el Centro de Investigación Alemana para la Inteligencia Artificial (DFKI). Este robot puede operar de manera autónoma y ser dirigido por los astronautas.

Los responsables del proyecto Pangaea-X barajan la posibilidad de habilitar una base en la isla para ensayar en aislamiento cómo responderían sus astronautas a un viaje de año y medio a Marte sin posibilidad de ayuda externa. La idea no es nueva: la NASA lleva ya años utilizando los parajes extremos del volcán de Mauna Loa, en Hawai, para someter a confinamientos de meses a equipos de astronautas sin más relación con el exterior que la que tendrían con la Tierra si estuvieran en el Planeta Rojo.

La instructora de astronautas de la ESA Loredana Bessone le viene dando vueltas hace tiempo a la opción de recrear una experiencia similar en un tubo volcánico de Lanzarote, al ser posible en el de La Corona, uno de los más espectaculares del mundo, una cueva de 6 kilómetros de longitud formada por una erupción hace 21.000 años. "Aún no lo hemos planteado, pero lo tengo en la cabeza. Podría ser muy útil si pudiera colocar un hábitat a la entrada de la cueva", indica.

Por segundo año consecutivo, la ESA ha desplazado a Lanzarote a un equipo de astronautas, científicos y jefes de misión para probar directamente sobre sus coladas de lava cómo sería recoger muestras geológicas y analizarlas sobre el terreno si estuvieran en la Luna o Marte. A ello se han dedicado durante estos días los astronautas Samantha Cristoforetti y Mathias Maurer, bajo la supervisión de Pedro Duque, del geólogo Francesco Mauro y del especialista en trajes espaciales Hervé Stevenin.

El suyo ha sido un trabajo peculiar, que combinaba útiles del siglo XXI (las tabletas que emplean para tomar fotos y datos y enviarlas al control de misión), con herramientas diseñadas hace nada menos que 50 años: bastones articulados como los que utilizaron las misiones Apolo para recoger piedras y muestras en la Luna.

Refugiarse en un tubo volcánico

Pero tanto el año pasado como este, el paso de este programa de la ESA por Lanzarote ha tenido muy presente los tubos volcánicos. El geólogo italiano Francesco Sauro, elegido en 2016 por la revista "Time" como uno de los "Líderes de la próxima generación", explica el motivo: probablemente no habrá mejor refugio en Marte para proteger a los astronautas de las radiaciones que un tubo volcánico.

"Sería un sitio perfecto para hospedar a los astronautas. Además, si alguna vez hubo vida en Marte, quizás se haya conservado bajo el terreno, en las cuevas y tubos volcánicos", detalla Sauro. En la ESA están convencidos de que antes de lo que se piensa, el hombre podría estar listo para viajar a Marte, previo paso por la Luna, que, a juicio de Maurer, tiene todas las papeletas para convertirse en "la gasolinera" de los viajes espaciales. Maurer se atreve a ponerle una fecha: su apuesta es que el hombre viajará a Marte a partir de 2030. Eso sí, los astronautas tendrán que afrontar el reto de un viaje que puede durar de 500 a 1.000 días (ida y vuelta), sin posibilidad de ayuda y a un planeta del que solo se puede regresar cada dos años (cuando su órbita se acerca a la de la Tierra).

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