19 de noviembre de 2017
19.11.2017
Vuelta al mundo con la opinión de tenerife Asia central (XI)

Tras los pasos de Marco Polo

Empezamos 'La ruta de la seda' en Uzbekistán, el país más poblado de Asia Central, con ciudades hermosas como Bujará y Samarcanda

19.11.2017 | 04:00

LA OPINIÓN DE TENERIFE invita a sus lectores a dar la vuelta al mundo. Este es un nuevo reportaje del serial sobre la experiencia de un periodista tinerfeño, Fernando Palarea, que realiza una vuelta completa al globo junto al empresario Pablo Oramas y el viajero César Sar, para la realización de la segunda temporada del programa de viajes El Turista. Visitarán más de 50 países de los 5 continentes en 14 meses. Esta vez visitamos Uzbequistán.

Realidad y ficción se mezclan en la apasionante obra El Libro de las maravillas del mundo cuando se relatan las aventuras de uno de los iconos viajeros de todos los tiempos: el veneciano Marco Polo. El mercader, que sirvió en la corte del primer emperador chino de la dinastía Yuan, Kublai Kan, zarpó hacia el Lejano Oriente con tan sólo 17 años y, aunque no fue el primer europeo en conocer Asia, sí se le otorga el mérito de ser el que mejor la conoció y describió con los relatos de su viaje durante más de 24 años. Marco Polo, que veía el mundo desde los ojos de un mercader que buscaba riquezas, estaba acompañado en su travesía por su padre y tío, curtidos mercaderes de joyas y seda. Ellos participaban en la red de rutas comerciales organizadas, que generó el negocio de la seda china, y que se extendía por todo el continente asiático, conectando China con sus potenciales compradores como Persia, Arabia, Siria, Europa? y que desde 1877 se conoció con el término La ruta de la seda, en honor a mercancía más preciada, la seda.

Y es que el secreto de la elaboración de esta mercancía sólo lo conocían los chinos y sus productos eran todo un reclamo, especialmente para las mujeres de la aristocracia de imperios como el romano, lo que originaba un negocio, durante siglos, que requería de una impresionante logística.

Parte del equipo de El Turista seguirá los pasos de Marco Polo para filmar Asia Central, emulando a otro destacado viajero, como ya hiciésemos en Zimbabue, cuando nos adentrábamos en las impresionantes Cataratas Victoria como antaño exploró David Livingstone. No requeriremos casi un cuarto de siglo como Marco Polo, pero en un mes sí esperamos conseguir una amplia visión de cómo es, en la actualidad, uno de los territorios en los que más civilizaciones han dejado su huella. ¡Preparados para filmarlas y así compartirlas con todos los televidentes!

Comenzaremos nuestra ruta por Uzbekistán, el país más poblado de Asia Central, con cerca de 30 millones de habitantes. Para llegar hasta allí nos encontramos con la principal complicación. La mayoría de las vueltas al mundo no incluyen Asia Central. En la primera temporada de El Turista, César Sar atravesó Mongolia desde Moscú para llegar a Pekín sobre el mítico Transmongoliano y en el diseño de esta segunda ronda decidió incorporar Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán y Kazajistán.

Pero acudir a Uzbekistán no es una opción que se ofrezca en las rutas habituales de los viajeros que quieren dar una vuelta al mundo, por lo que tuvimos que realizar una yincana viajera para volar desde Israel hasta Navoi, previa escala por Moscú.

La ruta de la seda no sólo supuso la columna vertebral de un entramado comercial de tránsito de mercancías, sino que dejó un valioso legado arquitectónico. Nuestra primera parada es en Bujará, o Bukhara, una legendaria localidad a la que llegaban las grandes caravanas cargadas de seda, joyas o especias procedentes de todo el mundo y que, certifica con sus edificios caracterizados por enormes cúpulas azul turquesa, que también fue una parada en aquella vía de civilizaciones.

Bujará fue considerada, hasta la caída de su último Emir y la llegada de la Rusia comunista como ciudad santa. Paseando por sus calles es complicado hacerse la idea, entre madrasas y mezquitas, que se haya enfriado su fervor religioso, pero lo cierto es que el laicismo soviético lo ha dejado prácticamente helado. A pesar de que el 88% de la población es musulmana sunita, el país, tras su independencia hace 26 años, poco antes de la disolución de la URSS, decidió que se declarase estado laico en honor a la convivencia histórica de diferentes culturas.

Un remanso de paz

Decidimos comenzar la visita a esta ciudad desde la Plaza Lyab-i Khauz, un remanso de paz que por la noche se transforma en el lugar más animado y bullicioso de la ciudad. Como exploradores, callejeamos en busca de los tesoros que alberga Bujará. El Ark, la gran fortaleza que salvaguardó la ciudad desde el siglo V hasta que en 1920 el ejército rojo bombardeó la ciudad; Chor Minor, con sus 4 minaretes y cúpulas turquesas que se confunden con el cielo, pero sobre todo destaca el complejo religioso Poi Kalon. El tesoro de la ciudad lo forman el minarete Kalon, de 47 metros, que en su día fue el más alto de Asia; la madraza Mir-i-Arab, construida en el siglo XVI y declarada Patrimonio de la Humanidad; y la mezquita Kalon, que data de tiempos de los persas samánidas en el 795 reconstruida tras la destrucción por completo en la invasión de Genghis Khan. Realmente es complicado filmar edificios, pero su historia y belleza nos facilitan la labor.

Tras varias horas de grabación de sus principales monumentos y envidiable legado arquitectónico, decidimos indagar más en la idiosincrasia uzbeka y hablamos con varios locales. De primeras, nos dimos cuenta de que en Uzbekistán no sólo sus majestuosos edificios son los que brillan. Aquí las sonrisas brillan y es que es habitual, como símbolo de ostentosidad y belleza, ponerse los implantes de oro. Además, son gente muy risueña y amable, por lo que es fácil captar esta fotogénica imagen.

Auténticos conseguidores

Sin embargo, lo que más nos sorprendió es que son unos auténticos conseguidores. Lo mismo te cambian dinero que te venden algo, te solucionan un problema o te realizan la producción de las diversas historias a contar para el programa. ¿Que queremos grabar cómo se hace el pan uzbeko? Pues un par de llamadas y al día siguiente ahí estábamos. ¿Que necesitamos un Lada para dar una vuelta por la ciudad? Cita fijada y paseo por Bujara mientras explicamos cómo aún conviven estos coches, de su etapa soviética y que van a metano o propano, con los más novedosos de gasolina. Y es que cuando se viaja es más fácil entender el porqué de las cosas, si buscamos en el corazón de la ciudad: su gente.

Nos separan 270 kilómetros hasta Samarcanda, la segunda ciudad más importante de Uzbekistán. Un calor sofocante nos dio la bienvenida mientras entendíamos el porqué está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, considerada la perla del país y una de las ciudades más bellas de Asia Central, al descubrir la plaza de Registán. Pese a la enorme explanada que construyeron los soviéticos en torno al conjunto de tres madrasas, la cultura islámica y la rica tradición sufí de Samarcanda quedan de manifiesto ante esta construcción impulsada por Ulug Beg en el siglo XV. Sus dobles minaretes son testigos de que una vez esta ciudad fue el centro del mundo, capital del comercio y del imperio del gran Tamerlán.

Buscamos la sombra y un sitio donde tomarnos algo y, de repente, nos encontramos a muchos uzbekos vestidos de gala. Era una boda. A César Sar le encanta una novia, les explico, cuenta con una gran colección de fotos a lo largo de muchos años de viajes con novias vestidas para la ocasión. Aunque no ha pasado por el altar, es ver una y salir corriendo a sacarse una foto. Y si encima es una boda, mucho más.

Resulta muy entretenido conocer cómo se suceden las diversas celebraciones a lo largo del mundo. Son historias que encantan a los televidentes. En Uzbekistán, hombres por un lado y mujeres por el otro. Desde que esperan la llegada de los novios por fuera del lugar de la celebración, sentados en el banquete e incluso en plena fiesta. ¿Qué cómo lo sabemos? Pues? ¡Nos invitaron a la boda! Comenzamos a grabarla y cuando nos dimos cuenta, ahí estábamos integrados en el resto del equipo de grabación de la boda. Nos sentíamos Owen Wilson y Vince Vaughn protagonizando la película De Boda en boda, con la diferencia de que los uzbekos son gente muy amable y contamos con el beneplácito e insistencia de las familias para que les acompañemos. Son celebraciones cortas. En prácticamente 4 horas se había terminado y nosotros lo agradecimos porque al día siguiente nos tocaba buscar y filmar historias por la ciudad.

Uno de los invitados de la boda se empeñó en hacernos de guía en su ciudad, a pesar de que había que madrugar. La amabilidad del pueblo uzbeko supera nuestras expectativas. No había sido casualidad cómo nos trataron en Bujará. Esta actitud servicial y hospitalaria es el reflejo de la impronta de tolerancia e intercambio de ideas, gracias a la convivencia de diversas culturas, que dejó La ruta de la seda.

Los orígenes de Samarcanda se pierden en el tiempo, aunque en los escritos tienen como nexo común su relevancia como punto clave del comercio. Su potencial aún se sienten en los azulejos de sus madrasas y mezquitas, en sus plazas y mercados en los que aún puede revivirse aquel ambiente, tomando un delicioso plov, un plato típico del país elaborado con arroz, garbanzos, verdura y cordero.

Un museo al aire libre

La ciudad es un auténtico museo al aire libre. El mausoleo de Tamerlán, que está considerado como un referente en el que se basaron para la creación del Taj Mahal dos siglos después; o la necrópolisolis de Samarcanda, en la que destaca el recinto de mausoleos de Shah-i-Zinda, declarado Patrimonio de la Humanidad, y que está recubierto por una filigrana de azulejos. El arte sublime de Samarcanda también se debe a la conquista de Asia Central por parte de los mongoles, que colmaron su añoranza de la luz del desierto con los azulejos de las mezquitas, cumpliendo su deseo de que este lugar de ensueño fuera un oasis mágico de cúpulas azules.

Uzbekistán ha sido la primera parada por esta ruta de Asia Central que estoy seguro les cautivará. La semana que viene nos adentraremos en Tayikistán para atravesar uno de los sistemas montañosos más grandes del planeta, el Pamir, a través de la segunda carretera internacional de mayor altitud en el mundo. ¿Te lo vas a perder?

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