05 de noviembre de 2017
05.11.2017

Saber qué comemos puede crear sensación de saciedad y bienestar

Personas con molestias digestivas pueden beneficiarse del conocimiento culinario

05.11.2017 | 00:21

Recibir educación sobre cómo están elaborados los platos que comemos puede ayudar a crear sensación de saciedad y bienestar en las personas con enfermedades digestivas, según un estudio elaborado por digestólogos del Hospital Vall d'Hebron y cocineros del laureado restaurante El Celler de Can Roca. El jefe del servicio y del grupo de investigación del aparato digestivo del hospital, Fernando Azpiroz, asegura que el proceso educativo sobre la comida podría ser la clave para tratar a los pacientes que tienen sensación de malestar, sin motivo aparente, tras la ingesta de alimentos.

El experimento consistió en estudiar a un grupo de 12 personas que bebieron el mismo caldo en dos días diferentes, primero sin saber cuál era su contenido y después sabiendo todos sus ingredientes y la forma en que había sido cocinado. Antes y después de cada ingesta, los voluntarios tenían que rellenar un cuestionario señalando sus grados de saciedad, molestia y dolor abdominal, bienestar digestivo y estado de ánimo. En todos los casos, los pacientes se sintieron más saciados, con más bienestar y de mejor humor tras la segunda ingesta, sabiendo lo que habían comido.

Además, se hizo el mismo experimento con otro grupo de 12 personas que no recibieron educación en ninguna de las dos ingestas, y que, por lo tanto, tampoco cambiaron sus sensaciones entre una y la otra.

Durante la presentación del estudio, la modelo Judit Mascó y el meteorólogo Tomàs Molina realizaron el experimento en directo, haciendo la segunda ingesta y comparándola con la primera, que hicieron hace unos días. Josep Roca, les explicó cómo había sido realizada la sopa: a baja temperatura y con la misma porción de agua que de verdura, y detalló todos los ingredientes. Tras conocer estos datos, ambos invitados reflejaron en sus cuestionarios que no solo les había sentado mejor que en la primera ingesta, sino que también la habían notado más buena de sabor. Ambos realizaron otra prueba en la que debían ingerir el contenido de cinco tubos de ensayo con sabores básicos (dulce, salado, umami, ácido y amargo) sin saber cuál era cuál, y reconocieron que era difícil adivinar los sabores.

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