Cultos africanos entre isleños

Los flujos migratorios han creado una sociedad multirreligiosa, por lo que santeros y paleros se cuenten por centenares en Tenerife y Gran Canaria

27.08.2017 | 04:00

Decir que debido a su estratégica ubicación entre tres continentes Canarias alberga una población multicultural es señalar una obviedad. Pero lo que apenas se ha subrayado fuera del Archipiélago es como esta condición de escala para los flujos migratorios ha creado una sociedad más multirreligiosa que la que habita ciudades de una voluntad más cosmopolita como Madrid o Barcelona.

Como prueba de ello basta citar por ejemplo el hecho que los hinduistas de Canarias no sólo forman el grupo más numeroso de fieles de esa tradición religiosa que existe en nuestro país, sino que constituyen casi la mitad del total.

Aunque esta realidad es aún más diversa en las dos islas capitalinas, alcanza todo su apogeo en sus ciudades más pobladas: Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria. Ambas urbes presentan la gama más variada de grupos religiosos del Archipiélago hasta el punto de albergar religiones que no aparecen en las demás islas.

Señalar la situación de cada una de las confesiones minoritarias en el archipiélago superaría las dimensiones de este artículo, pero vale la pena detenernos en algunas de las que han experimentado un desarrollo más sorprendente: las religiones afrocubanas en Canarias, debido a una serie de sucesos que han transcendido la privacidad en la que tradicionalmente se mueven estos cultos.

De antemano debo indicar que la extraordinaria presencia de estas religiones en el Archipiélago no tiene nada de asombroso teniendo en cuenta que las Islas están unidas a Cuba y Venezuela por unos lazos históricos nacidos tanto por la emigración canaria que tradicionalmente se ha dirigido a esos dos países, como al retorno de sus descendientes a consecuencia de la revoluciones cubana y bolivariana. Si la emigración cubana al Archipiélago se ha estabilizado, la venezolana no ha menguado debido a los contratiempos que viene experimentando el proyecto ideológico y social comenzado hace ocho años con la elección de Hugo Chávez como presidente del país.

Como su propio nombre indica las religiones afrocubanas son originarias de África, donde eran practicadas por una serie de etnias, y fueron trasladadas a Cuba cuando miembros de esas comunidades fueron llevados como esclavos al otro lado del Atlántico. Debido a que estos esclavos no pertenecían a una única zona de África, la diversidad de las religiones afrocubanas es sorprendente, hasta el punto que este término engloba a sistemas religiosos tan diferentes como son la Santería, que en realidad se llama Regla de Ochá y es un culto de origen yoruba -grupo etnolingüístico que habita principalmente en Nigeria-, el Palo Monte -originado entre los pobladores bantúes de los bosques tropicales de la República Democrática del Congo, la República del Congo y Angola-, la sociedad secreta Abakuá y la Regla Arará.

Debido al carácter minoritario de estos dos últimos, a Canarias sólo han llegado los dos primeros, la Regla de Ochá y el Palo Monte, que presentan la particularidad de que a pesar de ser disímiles no son excluyentes, sino que se complementan, de tal modo que muchos de sus practicantes pertenecen a ambos, a la vez que se declaran católicos debido al sincretismo que la Santería experimentó con el catolicismo cuando llegó al nuevo continente.

Si bien la Regla de Ochá es una religión politeísta basada en la adoración de sus muchas divinidades -los orishas- el Palo Monte es un culto a los espíritus de los muertos dedicado a la magia, para lo cual usan huesos humanos, lo que ha tenido como resultado que conforme aquella es más conocida, este último es un culto rodeado por una aureola de misterio que sólo fue conocido internacionalmente cuando a comienzos de 1989 saltó la noticia de que la policía mexicana había efectuado en un rancho de la ciudad fronteriza de Matamoros el hallazgo más grotesco en la historia criminal del país azteca: los restos de catorce personas, algunos de ellos descuartizados, que habían sido sacrificados durante un ritual de este culto. Justo por aquella época se había desplazado a Gran Canaria un Babalao, el grado más elevado de los sacerdotes de la Santería, que al unísono era Tata Nkisi, título que denomina a un sacerdote de Palo Monte. El hecho que este hierofante no fuera cubano sino venezolano, demuestra que este culto se ha extendido por el Caribe hasta el punto que muchos consideran que el término afrocubano se ha quedado pequeño para calificar a estas religiones y por lo tanto sería más apropiado llamarlas afrocaribeñas.

Babalaos

A este hombre le siguieron varios Babalaos y Tata Nkisis que se dedicaron a iniciar a residentes de las Islas, si bien muchos tomaron la determinación de iniciarse en Cuba por el prestigio que tiene entre los fieles de estas confesiones realizar la ceremonia en el país caribeño.

El resultado ha sido que en la actualidad los santeros y paleros se cuentan por centenares tanto en Gran Canaria como en Tenerife, si bien en esta segunda isla son más numerosos. Los nuevos miembros de estos cultos pertenecen a todas las clases sociales. Los hay desde licenciados universitarios a funcionarios pertenecientes a todas las esferas del Estado, pasando por amas de casa y trabajadores de las más diversas profesiones.

Muchos de los inmigrantes cubanos y venezolanos y estos nuevos adeptos practican su religión en privado, pero otros han preferido dedicarse profesionalmente al ejercicio de este culto, que según ellos les da poder para conocer el futuro a través de la consulta de sus oráculos o procurar que la suerte sonría a sus clientes utilizando la magia.

El resultado de esta dedicación a sus respectivos cultos por parte de los viejos y los nuevos fieles que estas religiones afrocaribeñas cuentan en el Archipiélago se constata a diario en sus calles, en las que un viandante puede encontrarse de repente delante de uno de los numerosos comercios o perfumerías esotéricas que jalonan las dos islas, contemplando sus abigarrados escaparates, repletos de estatuas de dioses, velas, perfumes, productos para la realización de limpiezas espirituales y un largo etcétera.

Evidentemente esta comercialización que han experimentado ambas religiones, -que en gran medida se han convertido en moneda de cambio- no es del agrado de todos sus practicantes, que reclaman una práctica más pura de su fe y para ello han organizado entidades como la Asociación Cultural Yoruba de Canarias 'ACYC' creada en julio del 2009 con el propósito de luchar contra el mal uso de la Santería. Al mismo tiempo la proliferación de hallazgos de restos de rituales realizados al amparo de la noche y los numerosos saqueos que se producen en diferentes cementerios de Tenerife y Gran Canaria demuestran que muchas de las ceremonias de estos cultos siguen siendo demasiado siniestras para contar con el crédito de la sociedad.

Quizás el caso más popular a este respecto fue la profanación de tumbas que se produjo en 2011 en el cementerio viejo de Arico, Tenerife, donde se abrieron cinco nichos y se sustrajeron la totalidad de los restos mortales de siete personas. Una vecina declaró que había visto en las inmediaciones del camposanto a un joven ataviado con una especie de capa que parecía estar danzando y tenía la mitad de la cara pintada de color verde y la otra de negro. Esta noticia demostró una vez más el lamentable desconocimiento que las fuerzas de seguridad tienen de estos cultos, porque cualquier mínimo conocedor de la Santería sabe que esos dos colores pertenecen a Ogún, una de las deidades de la religión yoruba, y por lo tanto el joven tenía pintada la cara con los colores que el simbolismo cromático de la Regla de Ochá adjudica a esta divinidad porque estaba realizando en un ritual en su honor.

Ante la popularización de este tipo de prácticas cualquier sociólogo señalaría que se trata de una manifestación más de las consecuencias de la secularización de la sociedad canaria. En definitiva todo se debería simple y llanamente a una búsqueda de espiritualidad por parte de una colectividad que ya no cree en su religión tradicional o al menos no encuentra en ella respuesta a sus necesidades, pero por el contrario los devotos de estos cultos señalan que en realidad el motivo es otro mucho más pintoresco y acorde con sus creencias? según ellos todo tiene su origen en la idiosincrasia del isleño, que sea cubano, haitiano, puertorriqueño o canario se siente atraído hacia la hechicería, porque debido a la energía que transmite el agua que les rodea por todas partes los habitantes de las islas vibran de forma distinta a los de los continentes.

Independientemente de lo veraces que estas dos explicaciones puedan parecer ilustran una dicotomía entre dos formas de conocimiento, uno racional y otro irracional, que a pesar de sus diferencias demuestran la sorpresa que sigue suscitando, incluso entre sus practicantes, el imparable aumento del número de seguidores de estos cultos no sólo en el Archipiélago sino en todos los países que baña el mar Caribe, más aun teniendo en cuenta que se trata de religiones politeístas y animistas que a pesar de su primitivismo siguen ganando prosélitos en pleno siglo XXI.

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