Un fármaco español, primer protector renal contra tóxicos de medicamentos

Las medicinas causan cuatro de cada diez casos de daño agudo en el riñón

03.08.2017 | 00:15

Más de un 40% de los casos de daño renal agudo son producidos por la toxicidad de medicamentos contra el cáncer, el sida o infecciones graves, pero investigadores españoles han hallado una molécula completamente inocua capaz de frenar su progresión sin interferir en la efectividad de esos tratamientos.

Se trata de la celastinina, el primer nefroprotector desarrollado en el mundo y que sus creadores, los investigadores del Laboratorio de Fisiopatología Renal del madrileño Hospital General Universitario Gregorio Marañón, Alberto Tejedor y Alberto Lázaro, confían en que pueda usarse ya en los primeros ensayos clínicos a partir del año que viene.

El fracaso renal agudo supone una detención brusca de la función de los riñones, que en su fase inicial puede ser reversible, pero, si no se retira la causa, puede progresar y acabar en diálisis. Lo padecen entre un 3,5% y un 7% del total de pacientes que ingresan en un hospital y entre el 36% y el 67% de los enfermos críticos, lo que conlleva un alargamiento de las estancias de un mínimo de cuatro días y hasta dos semanas y aumenta la tasa de reingreso.

Hasta ahora, "lo único que había" para prevenir o contrarrestar los daños renales era hidratar mucho a los enfermos con el objetivo de que el medicamento tóxico circulase a mayor velocidad, explica el doctor Tejedor. Pero, una vez producido ese perjuicio, algo que ocurre en más del 40% de los casos, los tratamientos que venían recibiendo los pacientes debían ser sustituidos por otros menos eficaces y más costosos para la sanidad pública y llegaban incluso a tener que ser interrumpidos.

La celastinina no impide el inicio del fracaso renal agudo, que comienza cuando las células que reciben el medicamento tóxico lanzan "señales de muerte" a sus vecinas, que acaban muriendo; lo que hace, precisamente, es bloquear esa ruta de transmisión, con lo que detiene la expansión del daño.

No es una molécula nueva, puesto que en los años 90 ya se usaba en combinación con un antibiótico en trasplantes; y éste fue el punto de partida para que el equipo del Gregorio Marañón realizara un metaanálisis de los resultados obtenidos en distintos países en pacientes con trasplante cardiaco, pulmonar y renal.

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