Análisis Misterio$

Extraterrestres en La Tejita (1)

Francisco Padrón era sonámbulo y desde niño practicaba el "viaje astral", denominación ocultista que reciben las experiencias de alucinaciones durante el sueño

23.04.2017 | 03:25
El lugar de los supuestos contactos.

Al interesado en la industria nacional de fabricación de misterios le sonarán las aventuras del periodista y contactado con extraterrestres tinerfeño Francisco Padrón. Los hechos sucedieron en junio y octubre de 1975 -abducción incluida- en la playa de La Tejita, en el sur de Tenerife. Como es de imaginar, todo esto no hay por dónde cogerlo -es un decir, sí hay- pero el espacio aquí disponible no me permite entrar en muchos detalles.

Los contactos vía ouija venían produciéndose desde hacía tiempo, por ejemplo, con científicos de Saturno, que tenían malas intenciones. Pero un día a Padrón y compañía se les manifestó un ser frío y calculador llamado Opat-35, que resultó ser una computadora de Urano. Paco Padrón, Emilio Bourgón y Manuel Jesús Santos (conocido por Suso) fueron convocados para el 9 de junio en la playa de La Tejita, donde iban a poder ver una nave de Urano gracias a un "cinturón energético de protección" que impediría el paso a los entrometidos de Saturno y de Marte. Ya en la playa, de noche, se encendió un foco que iluminó el lugar "como si fuera de día". Sobrecogidos, pidieron mentalmente que se apagara la luz. Aun así, pensaron que podía ser un barco, y que un vigía, influido telepáticamente, había obedecido a la petición. Se repitió el proceso de encendido y apagado dos veces más. El objeto estaría a quinientos metros de distancia, mientras que los contactados estarían a unos cien metros de donde rompen las olas. Se iluminó una especie de cúpula de unos diez metros de altura y, en total, "la nave debía tener unos cincuenta de longitud". Había dos filas de ventanas, "de metro y medio a dos metros". En una posterior sesión hipnótica, útil para crear falsos recuerdos, Padrón contó que voló hasta la nave por una especie de pasillo luminoso. En un recodo vio a un ser que parecía un astronauta y al que no pudo ver el rostro. Luego pasó a una sala con ojos de buey y con suelo blando; ahora estaba en una camilla boca arriba, y había dos seres detrás parecidos al que le recibió, vestidos de negro con casco blanco. Luego se incorporó y salió de la nave.

Habían estado en la playa tres horas y cuarenta minutos, aunque, ya de nuevo en Santa Cruz, se dieron cuenta de que el tiempo transcurrido era excesivo, pues no podían justificar más de una hora y media de las pasadas en el lugar. Se trata de uno de los tópicos de la ufología contactista: el "tiempo perdido". Además, un contacto posterior les dijo que habían estado más de media hora dentro de la nave, y que una sugestión post-hipnótica les hizo olvidar lo vivido.

En las ridículas imágenes supuestamente tomadas por Padrón en la playa el interesado no debe ver manchas coloreadas con aspecto de negativo velado, sino "la silueta de un ser con un uniforme abierto y un casco con la parte de arriba plana y con dos o tres hendiduras". Debe tratarse de una especie de test de Rorschach o de un pasatiempo semejante a dónde se oculta Wally?Respecto a la toma de las imágenes en la playa, antes de entrar en la nave, las versiones inicialmente divulgadas indican que Padrón no supo cómo se impresionaron esas imágenes en su cámara. Sin embargo, en un artículo de 3-5-1998 en Diario de Avisos indicó que "? tomé, totalmente consciente, dos instantáneas del objeto y de sus luminosos rectángulos violáceos, en las que detectamos unas formas globulares de energía", etc.

En su libro de 2000 Luces de medianoche Paco Padrón reconoció que esas imágenes no habían sido sometidas a análisis alguno y que las tenía guardadas en "un amarillento sobre". Según un tal Ceferino Marrero, un técnico en fotografías -debe ser la única ocasión en que Padrón aporta el nombre de un supuesto especialista- "aquello era incomprensible"?, que es un dictamen "técnico" como otro cualquiera. En otro contacto, los extraterrestres le dijeron a Padrón que algunas fotos habían sido tomadas en el interior de la nave y que dichas formas pertenecían a uno de los tripulantes. Y, mientras, esas "pruebas" guardadas durante décadas en un sobre amarillento.

Paco Padrón hizo referencia a testigos anónimos de las luces iniciales en su página del Diario el 19-10-1997. Ahora, aparte de un "científico y su esposa" sin nombres a los que se había referido el 1-4-1990 que "se alejaron aterrorizados en su coche al ver las luces", entraron en escena tres jóvenes anónimos que estaban aquella noche de acampada en el búnker que se halla en las inmediaciones de Montaña Roja. Desde allí fueron testigos de la presencia de extraños fenómenos luminosos y de otras anómalas alteraciones. No se justifica de ninguna forma la coincidencia en la fecha.

Un detalle sobre el método de contacto con sus amigos de Urano varía según las versiones: la ouija fue el medio empleado según los primeros publicistas del caso pero, en cambio, el propio Padrón indicó a La Provincia el 13-5-1979 que el contacto inicial se produjo "por telepatía", al igual que las peticiones a la nave para que encendiera y apagara sus luces. También en este artículo periodístico Padrón añadió que "sacaron tres fotografías que luego no salieron e intentamos sin éxito nuevas experiencias de contacto". Se dispararon "sin que nadie pueda explicar cómo sucedió". En otras ocasiones, como ya indiqué, Padrón indicó que realizó dos fotos, sin saber cómo fue realizada la tercera. O que solo realizó dos sin citar una tercera?

Poco más se puede sacar en claro de esta historia, íntimamente relacionada con el episodio de cuatro meses después en el mismo lugar. Se trata de un relato privado y colectivo al mismo tiempo, una especie de anécdota contada en la plaza pública de los falsos misterios nacionales a la que nadie se ha asomado con otro interés que perpetuarla. Su origen está en un antiguo grupo de aficionados a contactar con "entidades desencarnadas" tanto con métodos tradicionales del espiritismo -ya sea la ouija, la vasografía o la telepatía- o con tecnologías contemporáneas (de los años 70) diseñadas ex profeso.

Versión de los hechos

A pesar de que son varias las fuentes que han versionado los hechos, ningún periodista ha analizado y criticado internamente estos relatos por medio de entrevistas no condescendientes a los protagonistas para efectuar un posterior análisis. Han abundado, en cambio, los palmeros y repetidores de una versión estándar y posiblemente consensuada.

Padrón era sonámbulo y desde niño practicaba el "viaje astral", denominación ocultista que reciben las experiencias de alucinaciones durante el sueño. Supuestamente tenía dotes premonitorias y escuchaba la radio porque "le iban a hablar desde las estrellas". Estos rasgos de personalidad, que él mismo hizo públicos en su libro Luces de m edianoche, ponen sobre la pista de una persona particular desde el punto de vista psíquico, tal vez alguien con un rasgo denominado tendencia a la fantasía, que dificulta distinguir entre ensoñaciones, sueños vívidos y la realidad. Estas personas pueden experimentar pesadillas incluso en pleno día, como recoge Luis R. González en su imprescindible Las abducciones ¡vaya timo! Y al mismo tiempo los convierte en magníficos sujetos hipnóticos, que parecía ser también el caso de Francisco Padrón. En un futuro artículo me centraré en la experiencia del 23 de octubre de 1975 en misma playa.

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