24 de enero de 2017
24.01.2017

Hallan en Agaete evidencias de la guerra entre aborígenes y castellanos

Un estudio descubre indicios de violencia en un esqueleto isleño datado en el siglo XIV

24.01.2017 | 01:19

El Grupo de Investigación Tarha del Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (Ulpgc) han estudiado los episodios de violencia y las evidencias de guerra en un esqueleto datado entre el siglo XIV y XVI, procedente de la Necrópolis de los Acarreadores, en el noroeste de Gran Canaria.

Los investigadores Jonathan Santana Cabrera, Javier Velasco Vázquez, Amelia C. Rodríguez Rodríguez y María del Cristo González Marrero, junto con la investigadora del Museo Canario Teresa Delgado Darias, han publicado un artículo de investigación en la revista internacional especializada de referencia Journal of Osteoarchaeology, sobre este tema, según informa la Ulpgc en un comunicado.

En el artículo, que se titula Los pasos de la Conquista Europea del Atlántico: Evidencias osteológicas de Guerra y Violencia en Gran Canaria (Siglo XV) se presenta el estudio de los restos óseos del individuo localizado en Agaete como una muestra temprana de los episodios de violencia interpersonal entre europeos e indígenas, que se multiplicarían por ambos lados del Atlántico a partir de ese periodo. Los científicos constataron que el individuo es un varón fallecido entre los 20 y 30 años, y que la datación radiocarbónica sitúa su fallecimiento entre los siglos XIV y XVI.

Este periodo coincide con el aumento de la presión europea sobre Canarias, el proceso de conquista armada de Gran Canaria y el establecimiento del régimen colonial en el Archipiélago entre 1483 y 1526. La conquista de la Isla implicó múltiples episodios violentos. La presencia de una caballería y una infantería dotadas del armamento habitual de las huestes bajomedievales (espadas, lanzas, ballestas, etc.) implicó, en buena parte de las ocasiones, una ventaja fundamental sobre los antiguos canarios.

A pesar de la importancia que los documentos etnohistóricos conceden a los encuentros armados, existen escasas evidencias arqueológicas que reflejen aquella situación. Uno de los pocos indicios de estos acontecimientos, y que ya era conocido desde los años 30 del siglo XX, ha sido la presencia de varias heridas de arma blanca identificadas en un individuo de una sepultura colectiva prehispánica (del Río Ayala y Doreste, 1935).

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