23 de enero de 2017
23.01.2017

Documentan heridas de espada en un aborigen grancanario del siglo XV

Es una de las primeras ocasiones en las que se documentan este tipo de heridas de guerra en tiempos de la conquista

23.01.2017 | 16:37

Un estudio arqueológico ha conseguido identificar trece heridas de espada en los restos óseos de un aborigen de Gran Canaria fallecido en el siglo XV, en una de las primeras ocasiones en las que se documentan este tipo de heridas de guerra en tiempos de la conquista.

Las crónicas históricas relatan numerosas batallas y enfrentamientos violentos entre los conquistadores, dotados con armas propias del final de la Edad Media, como espadas, lanzas o ballestas, y los aborígenes canarios, que generalmente luchaban sin corazas ni armaduras y blandían armas de piedra y madera.

Sin embargo, apenas existen evidencias arqueológicas de esos enfrentamientos y de las consecuencias de la desigualdad de armas.

Cinco investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y el Museo Canario publican ahora en la revista "Journal of Osteoarcheaology" los resultados de su estudio del esqueleto de un varón de 20 a 30 años procedente de la necrópolis de Acarreadores, situada en el noroeste de Gran Canaria.

Esos restos han sido datados por radiocarbono entre los siglos XIV y XVI, un período que incluye la conquista de Gran Canaria por las tropas castellanas y establecimiento del régimen colonial.

El esqueleto de ese aborigen presenta 13 heridas repartidas desde el cráneo a la cintura, todas ellas cortantes y probablemente procedentes de golpes de espada.

"El análisis de los restos refleja un episodio extremadamente violento, en el que uno o varios atacantes le infligieron importantes lesiones con la ayuda de un armamento completamente diferente al empleado habitualmente por las poblaciones indígenas de Gran Canaria", resume la ULPGC, en un comunicado.

Las lesiones más graves se concentran en la cabeza y el cuello, sin que se aprecien en el cuerpo heridas defensivas, lo que sugiere un ataque rápido y contundente, en el que probablemente participó más de un agresor, sostienen los autores del artículo.

Además, no se han encontrado heridas en las piernas, lo que concuerda con el hecho de que los aborígenes solían luchar sin armaduras ni corazas de protección, algo que permitía a sus rivales europeos dirigir la mayor parte de sus golpes a la mitad superior del cuerpo.

La localización y dirección de las heridas aporta dos pistas más sobre el enfrentamiento: varias se hicieron desde un plano superior, quizás por parte de un soldado a caballo, y muchas se concentran sobre el húmero y el torso izquierdo, lo que sugiere que quizás el guerrero aborigen portaba un escudo en ese brazo.

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