23 de noviembre de 2016

Los niños que frotan mucho sus ojos pueden tener enfermedades de córnea

El oftalmólogo Javier Rodríguez asegura que las alergias conjuntivales, que abundan en Canarias por la presencia de polvo, polen y humedad, afectan a los menores

23.11.2016 | 02:49
Los niños que frotan mucho sus ojos pueden tener enfermedades de córnea

La conjuntivitis alérgica tan común en Canarias puede derivar en enfermedades más graves si no se trata desde la infancia, pues el picor lleva a los niños a rascar y frotar continuamente el ojo lo que, al cabo de los años, puede producir patologías en la córnea, como el queratocono. Javier Rodríguez, director médico de la Clínica Nivaria de Santa Cruz de Tenerife y oftalmólogo especialista en córnea y cirugía refractiva, explica en una entrevista a Efe que las alergias conjuntivales abundan en Canarias por la presencia de polvo, polen y humedad y también afectan con frecuencia a los niños.

El especialista, que es miembro de las sociedades españolas de Oftalmología y Contactología, entre otras, precisa que se tiende a pensar que la alergia es algo banal que mejora con un tratamiento de gotas o pastillas, pero sobre la conjuntival causa un síntoma muy desesperante para el paciente, que es el picor, y los niños tienden a rascarse y frotarse los ojos "con una intensidad importante".

Este frotado ocular continuado en los años, en un paciente que no ha sido diagnosticado ni tratado, da lugar a enfermedades en la córnea como el queratocono, una patología muy prevalente en Canarias y potencialmente grave. El queratocono se produce cuando en la córnea hay una debilidad estructural y se crea "una elevación", detalla.

La córnea es una cúpula casi perfecta, transparente a pesar de que está compuesta de tejido vivo, y cuando hay una irregularidad la visión se altera bastante, añade Javier Rodríguez, quien indica que esa irregularidad en la superficie corneal se debe muchas veces al frotado continuo durante años desde la niñez.

Por ello, continúa, es muy importante la prevención desde la infancia de cualquier trastorno de la superficie ocular que conlleve el frotado y por lo tanto infiera en una debilidad estructural de la córnea.

A diferencia del resto de patologías oculares en los niños, como el estrabismo, que puede mejorar mucho con gafas, rehabilitación y ejercicios optométricos adecuados, el queratocono cuando se presenta en estado avanzado sólo puede ser tratado con una operación.

También se puede intentar corregir con lentes de contacto duras, pero éstas tienen muchos problemas de adaptación en la población infanto-juvenil y si no funciona hay que implantar unos anillos que den consistencia "a ese ojo que está reblandeciéndose", o hacer un trasplante de córnea.

Cuando el queratocono se diagnostica en la fase inicial se puede aplicar un tratamiento de "cross-linking" o entrecruzamiento aplicando radiación ultravioleta y riboflavina para endurecer la córnea, pero sólo es válido cuando la irregularidad se está formando.

Javier Rodríguez, que ha sido jefe de sección de Oftalmología en el Hospital Universitario de Canarias, destaca la importancia de que niños y jóvenes sean evaluados por un especialista y sean tratados con colirios antihistamínicos o antiinflamatorios para evitar el picor y la irritación.

Sin embargo, muchos padres no están aún concienciados sobre la necesidad de una revisión temprana en la infancia y solamente llevan los niños al oftalmólogo cuando presentan alteración del movimiento ocular o se acercan mucho para leer.

La mayoría de los niños que acuden a una revisión llegan derivados por los pediatras que, apunta Javier Rodríguez, están muy concienciados con la detección precoz de problemas y suelen percatarse de la presencia, por ejemplo, de un glaucoma congénito, que suele conllevar fotofobia, enrojecimiento y crecimiento ocular importante.

La edad ideal para una primera revisión oftalmológica es a partir de los cuatro años si no hay una sintomatología previa y, en todo caso, antes de que el niño empiece los estudios porque en ese momento "el cien por cien" debería haber sido visto ya por un oftalmólogo pediátrico, precisa Javier Rodríguez. A esa edad se puede comprobar la agudeza visual del niño para descartar el ojo vago y diagnosticar un posible estrabismo.

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