20 de noviembre de 2016

Batalla de 'selfies' y 'me gusta'

19.11.2016 | 23:14
Batalla de 'selfies' y 'me gusta'

El amor digital no se entiende sin el teléfono móvil. Y el amor móvil es así:

El 98% de los niños entre 10 y 14 años tiene un móvil. La edad en la que los niños y jóvenes acceden a los smartphones -y, por tanto, a las redes sociales- es cada vez más temprana en España. En 2015, un 98% de los jóvenes de 10 a 14 años contaba ya con un teléfono de última generación con conexión a internet, según el estudio de Ditrendia Mobile en España y en el Mundo 2016. El mismo estudio también indicaba que los jóvenes son los más aficionados a usar las redes sociales desde el móvil. Los usuarios entre 18 y 34 años dedican 29,6 horas al mes a las redes sociales, mientras que el tiempo en mayores de 55 se reduce a algo más de 18 horas.

Instagram como una tarjeta de presentación. Para los jóvenes, redes sociales como Instagram son una tarjeta de presentación, según explica en su tesis doctoral Identidades (no sólo) digitales. Aproximación al modelo de comunicación afectiva en redes sociales de la juventud, la pedagoga y sexóloga Soraya Calvo. Para ello, trabajó con la información compartida por 528 perfiles (403 de Instagram y 125 de Twitter) entre el 1 de enero del 2015 al 1 de agosto del 2015 con alumnos de 4.º de la ESO.

Instagram está lleno de caras. En el análisis que Calvo hizo de 20.000 publicaciones en perfiles de Instagram, gracias a una aplicación creada con un compañero informático para monitorearlas, pudo ver que, de media al mes, cada joven hace siete publicaciones en su perfil personal. Más de la mitad de estas imágenes muestran las caras y éstas son, a su vez, las fotografías que más me gusta reciben.

Ellas ponen morritos y ellos enseñan tableta. En cuanto a los selfies, vieron que las chicas compartían imágenes que se localizaban en la zona de cara, cuello y pecho y en primer plano, con cierta pose pícara y tímida, mientras que sus cuerpos simulan un modelaje. En cambio, las de los chicos se centran en el pecho y la zona del abdomen. Muestran tableta. Eso es porque ellas imitan a referentes como Kim Kardashian y ellos se quedan con Cristiano Ronaldo.

Muestra de parejas. Más de 3.000 de todas esas fotografías son imágenes de parejas en las que a ambos se les ve la cara. Algunas son fotos familiares o de amigos, frente a otras más sentimentales. Entre las heterosexuales, quienes muestran a su pareja en las redes sociales lo hacen con afecto: se comparten fotografías de abrazos, besos? En menor medida encontraron ejemplos de representación simbólica: emoticonos o frases que emulaban a algún momento o significado especial para ellos. Incluso alguno se basaba en un futuro idealizado de la pareja ya como adultos.

"Quiero", la palabra más repetida. La aplicación recogió cerca de 22.000 referencias con 200.000 frecuencias. Y resultó que la palabra más repetida en las publicaciones de Instagram que acompañaban a las fotos era "quiero". También se repetían bastante otras palabras como "todo" (1.200 veces), "siempre" (850 veces), "vida" (más de 700 veces), o "gracias" (600 veces). También aparecen otras expresiones de amor: el "Te Quiero" tradicional o sus nuevas versiones: "TQ", "TK" y "Te Kiero".

Muchas emociones positivas. En el estudio, la palabra "feliz" en las publicaciones se repetía 380 veces, "felicidad" 70, y "happy" más de 40. Las reacciones negativas, por el contrario, eran bastante menos populares entre los adolescentes.

Los corazones son su emoticono favorito. Exactamente, el emoticono con los ojos en forma de corazón. Le sigue el emoticono dos corazones, el de la mano simbolizando OK y la cara lanzando un beso. Es decir, que tres de los cuatro emoticonos favoritos simbolizan amor.

Muchos me gusta en Instagram y menos comentarios. Según la aplicación, en cada publicación de Instagram hay una media de 0,75 comentarios y casi 154 me gusta. Los me gusta son un indicador de popularidad y el estatus social de los perfiles de los jóvenes. Suponen motivaciones esenciales para ellos y están relacionados con la autoestima y la pertenencia a un grupo social. Los me gusta no significan que les gusten los contenidos, sino la propia persona. Es un Me gustas tú.

La privacidad y la intimidad ya no significan lo mismo. Con la llegada de las TIC, la intimidad y la privacidad ya no son lo que eran. Las personas que comparten sus fotografías de vacaciones, en el cumpleaños o con los amigos de fiesta se convierten en personajes públicos. Están acostumbrados a ver este tipo de fotografías en sus referentes socioculturales (volvamos al ejemplo de Cristiano Ronaldo y Kim Kardashian) por lo que las ven como un ejemplo positivo. Además, les sirve para expresar lo que sienten: los sentimientos que tienen sobre la gente que quieren, se muestran como una persona que ama o es amada, se pueden sentir atractivos y los demás lo afirmen... Por eso, Soraya Calvo determina en su tesis que estas fotografías les sirven para alcanzar un determinado status social. Si dejas de publicar ciertas imágenes también puedes dejar de alcanzar ciertas satisfacciones sociales.

El sexting, una actividad actual. El sexting es una práctica muy extendida entre los jóvenes. Consiste en mandar imágenes con contenido erótico a través de medios digitales. Soraya Calvo lamenta que se confunda con el acoso o la extorsión ya que, aunque la mayoría de estas imágenes quedan en la intimidad, siempre se conocen los ejemplos de sexting mal gestionado. Los profesores con los que habló creían que los jóvenes cometían errores a la hora de practicarlo, mientras que en los adolescentes hay una variable de género clara: ellas se exponen más enviando un mayor número de fotografías y, en el caso de que se utilicen en su contra, el debate se centra en ellas.

El móvil como elemento mediador y remediador. La socióloga Amparo Lasen, a la que Calvo nombra en su tesis en repetidas ocasiones, habla de este concepto al convertirse el smartphone en un hilo conductor hacia una nueva situación sentimental. En un proyecto liderado por Elena Casado, donde también participaba Antonio Agustín García (todos ellos conforman el grupo de investigación Sociología ordinaria) vieron la relación de numerosas parejas heterosexuales comprendidas entre los 25 y 45 años. Estas parejas hacían, con nuevos medios, cosas que antes se hacían por medios antiguos (ya no se mandan cartas pero se envían mensajes). También vieron que los móviles pueden ser el remedio para sentirse acompañados cuando están lejos. O para mandarse mensajes de cariño. "También a veces les servía de remedio para una parte pero no para la otra", explica Losada. Por ejemplo, hay personas que, para que sus parejas sepan que les están siendo infieles, dejaban el móvil a la vista para que les descubriesen. O decían por teléfono lo que no se atrevían a decir en persona. El móvil se podía convertir en un modo de discusión, pero también de reconciliación.

Intimidad a tiempo completo. Las parejas sentían que estaban conectadas todo el rato, pero también podían desembocar en formas de control. "Las mujeres casi nunca planteaban límites a esa accesibilidad, porque lo tomaban como muestra de cariño. Los hombres sí que ponían límites porque lo sentían como ataques a la autonomía, sobre todo si gente del trabajo lo sabía", explica Losada.

On-line y off-line. Ver que la pareja está desconectada puede desembocar en inseguridades. La psicóloga y socióloga Turkle detecta una relación entre la desconexión tecnológica de una persona con el sentimiento de lejanía de su pareja. Y al revés. Cuando está en línea la persona siente de forma ficticia una sensación de conexión emocional (que se debe a esta conexión tecnológica).

Las chicas también son más acosadas. Está claro que los adolescentes utilizan mucho las redes sociales y el móvil cuando tienen pareja. El problema es que a veces también lo hacen cuando rompen. "Hay chicos que cuando los dejan acosan a la expareja o suben sus fotografías. Aunque también puede ocurrir al revés, la vulnerabilidad de la imagen de la mujer en las redes sociales no es la misma que la del hombre", apunta la socióloga Sandra Losada. Los estudios realizados por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género entre los años 2012 y 2013 revelaron que los estereotipos tradicionales siguen existiendo en las relaciones entre hombres y mujeres y se proyectan en internet y las redes sociales. Al final, nada es tan diferente.

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