Religión

Las funerarias piden una ley que regule el esparcimiento de las cenizas

Las prohibiciones varían según la legislación de las comunidades. El sector demanda normas consensuadas por todas las partes

27.10.2016 | 23:42

Panasef, la asociación que representa a las empresas del sector de los servicios funerarios en España, ha solicitado una ley nacional que regule, entre otras cuestiones, el destino final de las cenizas mortuorias, después de que este martes 25 de octubre el Vaticano publicara un documento que prohíbe a los católicos esparcirlas por el aire o el mar así como guardarlas en casa.

Panasef defiende la libertad de creencias religiosas de las familias que solicitan sus servicios y, por lo tanto, respeta la libre decisión de esparcir o no las cenizas de sus fallecidos, pero considera que es necesaria una ley a nivel nacional que lo regule porque, actualmente, según explican desde Panasef, las prohibiciones en este sentido -por ejemplo, de arrojar las cenizas en un determinado espacio natural- varían de unas comunidades a otras.

El sector funerario solicita desde hace tiempo una Ley Nacional de Servicios Funerarios consensuada por todas las partes que regule no solo este aspecto de las cenizas sino también el sanitario, que permita a las empresas de todo el territorio español trabajar en igualdad de condiciones y en la que se defiendan los derechos de las familias que necesitan de los servicios funerarios.

"Creemos que esta ley, en la que se debería tener en cuenta el aspecto sanitario de nuestro trabajo, nos permitiría seguir avanzando en la profesionalidad del sector y seguir mejorando el servicio que ofrecemos a las familias", ha indicado el presidente de Panasef, Juan Vicente Sánchez-Araña.

Panasef también ha insistido en el respeto al medio ambiente y en este sentido, advierten de la práctica de lanzar al mar las cenizas con la urna funeraria, sobre todo, si esta no es biodegradable.

En este sentido, en el año 2004, el Ayuntamiento de Almonte (Huelva) prohibió lanzar las cenizas a las marismas, una costumbre que según explicó el alcalde, venía "proliferando" entre los rocieros y que provocaba que al bajar el nivel del agua la marisma pareciera "un cementerio", con flores, cruces y otros enseres.

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