Arte Italia

Arquitectura en la ciudad de los canales

La XV Bienal de Venecia propone una revisión de lo 'incompiuto', lo construido y lo que está por construir

21.08.2016 | 01:35
Arquitectura en la ciudad de los canales

Por lo general, la arquitectura habla de lo construido. En esta ocasión la Bienal de arquitectura de Venecia, comisariada por Alejandro Aravena (Chile, 1967), no tiene como finalidad principal proponer lo que será la arquitectura del futuro más próximo sino más bien solucionar y solventar los errores de las construcciones presentes. Reporting from the front, que así es como se titula esta edición, aspira a ser la Bienal de la esperanza, la responsabilidad y la acción social, tal y como podemos ver en los distintos espacios de la muestra que cerrará sus puertas el próximo mes de noviembre.

La historia ha demostrado a lo largo de los siglos, que hay personas que van por delante de los demás, anticipándose a los problemas que lleva consigo el progreso y solucionándolos. Se adelantan a su tiempo proponiendo medidas que sólo el futuro ha podido demostrar que son válidas y necesarias. Esta Bienal, sin quitarle importancia a las "grandes firmas" arquitectónicas, pues algunas están presentes desde diferente perspectiva, se inclina por resolver los problemas constructivos actuales que repercuten en la sociedad real.

Una visión de arquitectura distinta donde los nuevos materiales de construcción son, en su mayoría, una revisión de los utilizados en etapas históricas pasadas por lejanas civilizaciones o pueblos de los llamados marginados, tal es el caso del bambú, la arcilla, la piedra, conglomerado o la madera. En esta muestra se percibe un afán por reutilizar y mezclar tanto técnicas como materiales de antaño y del presente. Diferentes propuestas que se relacionan directamente con la creación de espacios de distinta índole. Según palabras del propio Alejandro Aravena: "Talentos que han plantado cara a las amenazas de los derechos humanos". Un total de 88 participante de 37 países de los cuales 50 se presentan por primera vez. Proyectos que van desde lo inmobiliario hasta la planificación de espacios externos e internos, efímeros o no, pasando también por lo decorativo.

Intenciones y respeto

Esta decimoquinta edición de arquitectura habla de intenciones y respeto, pero se aleja de las lecciones o moralejas centrándose en el presente más inmediato. De lo general a lo particular, muestra un legado de visiones alternativas, obras en distintos soportes y formatos, fotografías, maquetas, proyectos planimétricos, proyecciones infográficas y videográficas e instalaciones de diferentes creadores.

En principio la muestra se organiza en torno a dos grandes espacios bien diferenciados, El Arsenale, una antigua base naval, donde diferentes salas comunicadas entre sí dan respuesta a distintos propósitos arquitectónicos; y El Giardini, constituido por un edificio principal levantado sobre una superficie ajardinada, rodeado a su vez por un importante número de pabellones de distintos países tales como Albania, Francia, Canadá, Austria, Japón, Gran Bretaña, Rumanía, Estados Unidos, Rusia, el Blue de Holanda o España, entre otros. Este último ganador del León de Oro a la mejor participación nacional.

El Arsenale es también el espacio donde están los trabajos seleccionados por el comisario. Este recinto nos recibe con una mezcla de restos y deshechos de ediciones anteriores de manera organizada, como si de una instalación artística se tratase, dando la bienvenida al visitante y al tiempo pistas de lo que podrá ver en las salas anexas, una política de la reutilización y aprovechamiento de materiales, técnicas tradicionales y agudeza del ingenio. Entre las distintas e innumerables propuestas o procesos constructivos, las cubiertas que siguen el sistema espina pez, bóvedas de madera, hangares de ladrillo o las propuestas de Simón Vélez conocido por haber desarrollado una variedad de proyectos con bambú, elemento de origen orgánico, utilizado para construcciones de distintos usos y de gran valor, no sólo para este arquitecto colombiano sino también para otros creadores presentes en la bienal.

El Giardini, por su parte, no se queda atrás. A pesar de lo extenso del recorrido, los pabellones se suceden dejando un sabor más dulce que amargo. Nuevamente el hilo conductor son las soluciones útiles y prácticas a la par que más económicas para el arte arquitectónico. El zigurat de los nórdicos sorprende no sólo por su forma, una revisión de esta antigua estructura donde se utiliza la madera como material de construcción, sino también por sus distintos usos, convirtiéndose al tiempo en una extensión más del espacio público.

The Pool, el Pabellón de Australia, propone la piscina como protagonista, un rasgo característico de esta nación que, aunque en muchos momentos resulte un elemento de diferenciación social y de costo poco económico, también es un instrumento útil y de cohesión, a la par que de comunicación entre las personas, como antaño utilizaron las termas los romanos.

Por otra parte, los límites entre arquitectura y arte dejaron de percibirse en algunos espacios expositivos de estas grandes salas, generando nuevamente la manida cuestión sobre si algo es o no es una obra de arte, en este caso concreto si es o no arquitectura. Ejemplo de ello es la videoinstalación Reporting from the front, donde se muestran actividades al aire libre de un grupo de alumnos de cinco escuelas de Chile o el pabellón de Uruguay, donde la principal finalidad era generar espacialidades definidas utilizando tan sólo desechos y auras. Los vínculos y fidelidades humanas son sus sólidas paredes de defensa.

Pero no todo está dentro de estos espacios, la ciudad de los canales a la que en la actualidad se le ha diagnosticado un "síndrome", está salpicada de pabellones de distintos países que ocupan iglesias o anteriores palacios dando una doble satisfacción al visitante, conocer contenido y "continente".

Existe otra Venecia que recorrer abierta a la cultura contemporánea, alejada del tumulto de turistas, las poses para fotos y los palos de selfies. Al margen de la línea que marca el patrimonio histórico de la ciudad, se abren múltiples y diferentes espacios que forman parte de la bienal y que pasan inadvertido para muchos. Tomemos como ejemplo el Pabellón de Bahamas, Lituania o Macao, con muestras de construcciones tradicionales aplicadas a la actualidad, el Pabellón de Seychelles o el Pabellón de Portugal. El caso de este último es diferente. No hay mejor ejemplo de lo "Incompiuto" que la ubicación del Pabellón de Portugal, una muestra que con el título Neighbourhood: Were Alvaro meets Aldo y desde la óptica de Nicolò Galeazzi, se encuentra expuesta en un edificio de Álvaro Siza sin concluir, en un barrio en plena reformulación física y social, dentro de la ciudad de Venecia: el Campo di Marte en la isla de Giudecca. Esta exposición reúne información sobre cuatro conjuntos residenciales diseñados por Álvaro Siza: Schlesisches Tor (Berlín), Schilderswijk West (La Haya), Bairro da Bouça (Porto) y el Campo di Marte en Venecia.

Para finalizar y no caer en la pesada enumeración de obras, decir que esta bienal de Venecia es una muestra compleja a la que se le tiene que dedicar un tiempo posterior para asimilar lo vivido. Lo que ha sucedido, y aún sucede con la arquitectura durante la crisis, no es una anécdota puntual de un lugar determinado. En distintas partes del mundo se pueden encontrar estructuras fantasmas sin terminar,"Incompiuto". Esperamos que lo visto en este evento no se quede únicamente en intenciones como sucedió en el pasado. Lo generado en esta magna exposición nos demuestra que aún hay esperanza. Éste puede ser otro nuevo comienzo entre arquitectura y sociedad en este siglo XXI. El futuro está por construir.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine