Un estudio revela la exageración de los efectos en la salud de las bombas en Japón

El trabajo analiza el seguimiento médico de la población tras Hiroshima y Nagasaki

13.08.2016 | 01:16

Las personas que han estado expuestas a la radiación tras las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki tienen un riesgo mucho mayor de padecer cáncer. Sin embargo, un estudio reciente publicado en la revista Genetics' y recogido por la plataforma Sinc, muestra que los efectos nocivos a largo plazo en la salud de la población se han exagerado en comparación con la realidad.

"La mayoría de la gente, incluidos científicos, tienen la impresión de que todos los supervivientes se enfrentan a un estado de salud débil y tasas altas de cáncer o mutación genética, pero hay una enorme diferencia entre la creencia y la realidad", declara el biólogo molecular de la Universidad Aix-Marseille (Francia), Bertrand Jordan, autor del estudio que ha tenido en cuenta más de 60 años de seguimiento médico de los supervivientes y sus generaciones.

Las personas que sobrevivieron pasaron a formar parte de estudios de seguimiento de salud, que comenzaron en 1947 y todavía continúan con el trabajo de la Fundación para la Investigación de los Efectos de la Radiación y con la financiación de los gobiernos de Japón y Estados Unidos. El proyecto ha seguido a unos 100.000 supervivientes, 77.000 de sus hijos y a más de 20.000 personas no expuestas a radiación.

Según la investigación, aunque se ha demostrado que la exposición a la radiación aumenta el riesgo de cáncer, sobre todo en mujeres jóvenes, la esperanza de vida de los supervivientes solo se redujo unos pocos meses en comparación con los que no habían estado expuestos. De hecho, la mayoría de supervivientes no han llegado a desarrollar ninguna enfermedad oncológica.

Los resultados han revelado que la incidencia de tumores sólidos entre 1958 y 1998 en los supervivientes fue un 10% más alta y las personas expuestas a una dosis de radiación superior a un gray tuvieron un 44% más de riesgo durante el mismo lapso de tiempo.

"La gente teme más a los nuevos y desconocidos peligros que a los que son familiares. Se tiende a menospreciar el peligro del carbón, tanto en las personas que extraen como en aquellas que lo respiran cada día debido a la contaminación atmosférica", advierte el investigador.

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