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Sexualidad

Ni contigo... ni con nadie

La asexualidad rompe moldes en una sociedad marcada por el sexo. Profesionales y activistas buscan su visibilidad y normalización. Rechazan el estigma social a su elección

31.07.2016 | 05:11

“No sentir atracción sexual y enamorarse son totalmente compatibles”

  • “Nunca he sentido atracción sexual, pero sí he sentido atracción hacia otras personas; vinculada a la confianza, el apego, la amistad, la admiración o, incluso, el romanticismo. Y es que no sentir atracción sexual hacia alguien y poderte enamorar son del todo compatibles”. Así lo concibe Pablo Ortiz, un joven catalán de 24 años que puso rostro a la asexualidad en un anuncio de colchones con una frase que la marca adoptó como eslogan: “La cama es el último bastión de libertad que nos queda”. Pablo siempre se había sentido distinto a sus amigos respecto al tema sexual pero fue hace un año cuando descubrió el significado de asexual. “Y me sentí identificado”. Respecto a tener una pareja, opina que “lo más importante es que cada uno sepa dónde está y cómo se siente el otro. Hablar, entenderse y respetar. En realidad, lo básico para que a una pareja le vaya bien. En mi caso, aunque no sienta atracción sexual, puedo tener sexo y podría tener una pareja que no fuera asexual”, asegura.

“En plena adolescencia no me interesaba el tema sexual; pensaba que era rarito”

  • “En la adolescencia me di cuenta de que no me atraía el tema sexual como al resto de mi entorno. En pleno pavo, cuando se supone que uno anda más revolucionado, apenas me interesaba, en todo caso me interesaban las relaciones en un sentido más romántico. Pensaba que era rarito o que era simplemente porque no me gustaba relacionarme mucho”. Así recuerda Rafael sus primeras dudas respecto a su orientación. Hace cuatro años, sin embargo, el joven madrileño descubrió en internet que existía la asexualidad, la demisexualidad etc, “y gracias a eso me dije: ‘ok, entonces no es cosa mía, tiene nombre y hay más gente así’”, apunta. Rafael admite que es un tema complicado de explicar a la gente. “Al ser completamente desconocido tienes que explicarlo partiendo de cero cada vez; esperamos al menos ir ganando visibilidad para que la gente que se identifique como asexual pueda tener referencias”, destaca.

Carecen de atracción sexual hacia otras personas. Sencilla y llanamente. No son ni impotentes ellos ni frígidas ellas. Tampoco tienen nada que ver con el celibato. De hecho, pueden mantener sexo si llegan a acuerdos con sus parejas. Enamorarse o no. La asexualidad es una orientación sexual aún rodeada de muchos tabúes que lucha por hacerse visible y normalizarse en una sociedad dominada por el sexo y una tendencia excesiva a poner nombre a cada conducta. Psicólogos y expertos apuestan por una mayor educación desde las escuelas para aprender a aceptar la diversidad sexual, que es casi tan amplia, advierten, como personas hay en el mundo. Un grupo de activistas relatan sus vivencias. Su vida sin sexo.

Pablo tiene 24 años, acaba de terminar sus estudios de Biotecnología, tiene una vida social satisfactoria con sus amigos y su familia. Y no le interesa el sexo. Sencillamente. Sin dramas ni traumas. Tardó muchos años en ponerle nombre a su orientación porque, aunque se encontraba un poco perdido, vivió la falta de interés por el sexo sin complicaciones. No sabía que aquello que él sentía o, mejor dicho, que no sentía, tenía un nombre, ya que la asexualidad ha estado muy escondida y rodeada de tabúes. Pero ahora lo dice sin miedo y con una clara intención de dar visibilidad y normalizar esta orientación: "Soy asexual y no estoy insatisfecho con mi vida en ningún sentido".

Y no es el único. En una sociedad en la que parece que el sexo lo domina todo y en la que se da por sentado que a todo el mundo le tiene que encantar tener su ración de sexo, porque quien tiene una vida sexual activa tiene una vida plena, hay cada vez más personas que se atreven a salir del armario y decir en voz alta que no están interesados en el sexo. Los cálculos indican que aproximadamente un 1% de la población, es decir 70 millones de personas, se identifican como asexuales.Y cada vez más estos hombres y mujeres reivindican el derecho a vivir sin sexo sin ser por ello estigmatizados socialmente.

Existe mucho desconocimiento alrededor del término asexual. Ser asexual no es sinónimo de no tener sexo, sino de no sentir atracción o deseo por otra persona. Los asexuales pueden enamorarse o no, como el resto de las personas, aunque sus relaciones con sexuales pueden ser complicadas: en algunos casos se establecen acuerdos y también existe la posibilidad de encontrar una pareja asexual en webs como www.asexualitic.com.

"Tenemos una tendencia excesiva a poner nombre a cada orientación sexual y eso puede provocar un encasillamiento, condicionarnos para el futuro, cuando la persona no responde a una única identidad sexual y puede evolucionar a lo largo del tiempo", explica la psicóloga y sexóloga Purificación Leal. "A estas alturas de lo que se trata es de reconocer la diversidad y que las personas puedan transitar de un deseo a otro sin que les impongan barreras, descubrirse a sí mismas sin prejuicios", añade.

Para responder a tantas dudas y conocer a personas con la misma orientación las redes sociales han sido esenciales. La primera comunidad internacional que dio forma y voz al colectivo fue AVEN (del inglés Asexual Visibility and Education Network), una comunidad donde se pueden expresar sin miedo y en la que sus más de 100.000 miembros luchan activamente por su aceptación social. AVEN, nació en 2001 en Estados Unidos y fue extendiéndose hasta que en 2006 se creó el espacio en español AVENes, que hoy cuenta con casi 2.300 miembros de España y Latinoamérica. "Es un espacio para intercambiar dudas, experiencias y dar a conocer la asexualidad; un lugar donde informarse, donde poder expresarse lejos de presiones sociales y discriminaciones o simplemente pasar un rato entretenido leyendo, escribiendo o chateando", explica Marta Torca, alias Baikal Balkash, una de las administradoras de AVENes. Torca indica que, actualmente, el grueso de usuarios activos se concentran en las principales capitales como Madrid y Barcelona donde están los dos grupos más numerosos, mientras que Canarias aún da solo tímidos pasos.

Pero el activismo asexual va cobrando fuerza en España. Hace tan solo tres meses comenzó a funcionar ACEs (Asexual Community España), una asociación nacida al amparo de AVENes que, aunque tiene también una base virtual, sus objetivos están volcados en la visibilización de la asexualidad en el mundo físico y en un ámbito exclusivamente nacional. "Después de varios encuentros decidimos que era necesario crear un ente legal para tener una representación que fuera más allá de una comunidad en internet y que pudiera centrarse en el territorio nacional. Por ejemplo, en 2017 tendrá lugar el World Pride en Madrid y al ser un ente legal podemos pedir participar dentro del grupo asexual", apunta Rafael, uno de sus fundadores. En estos momentos son unos 50 miembros entre socios y simpatizantes.

Pero, ¿se nace asexual o es una orientación que se desarrolla con el tiempo? Ricardo Fandiño, psicólogo clínico explica que "nacemos con elementos constitucionales, pero también somos sujetos biográficos condicionados por nuestra experiencia, nuestra educación, nuestras relaciones y entorno social". "En la adolescencia la sexualidad pasa a tener un componente vivencial-relacional diferente al que tiene en otras etapas prepuberales. Precisamente, como la sexualidad en la adolescencia es novedosa para el sujeto, y está inscrita en un cuerpo también novedoso, lo característico en esta etapa es la confusión, la experimentación y el descubrimiento. Este transcurre por caminos muy variados. Lo habitual sería que la identidad se cerrara, de una forma no rígida ni definitiva, con el paso de la adolescencia a la adultez", describe. Fandiño indica que en este periodo "lo más habitual es que se de un interés por las relaciones sexuales y que la tendencia sea a identificarse con aquellas orientaciones socialmente más aceptadas". No obstante, opina que en general la relación que los adolescentes tienen con la sexualidad "es más difícil de lo que debería". "El condicionamiento social es demasiado intenso; vivimos en una sociedad en la que la sexualidad tiene mucha presencia, pero al mismo tiempo se ha banalizado y vulgarizado. También hay una tendencia a la patologización, la etiqueta y la simplificación como formas de evitar el malestar que produce lo desconocido, lo diverso o lo complejo".

El experto aboga por dar a los jóvenes "una educación afectivo-sexual de calidad". Esto incluye educar en la diversidad y en la tolerancia. "Las carencias que tenemos en este ámbito son alarmantes y la educación sexual debería estar en los currículos escolares", concluye.

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