Sol sí pero con protección

Los dermatólogos recomiendan el uso de fotoprotectores de amplio espectro que protejan de los rayos UVB y UVA

10.07.2016 | 03:52

Melanoma

  • La radiación ultravioleta interviene en la producción de enfermedades de la piel y puede provocar distintos cánceres, entre ellos, el carcinoma basocelular, el carcinoma espinocelular y el más conocido, el melanoma. La dermatóloga Lidia Comba Pérez explica que este último es una proliferación maligna de melanocitos que se desarrolla fundamentalmente en la piel, aunque puede presentarse también en otras localizaciones como las mucosas, las meninges y la retina. Desde los años setenta se ha observado un incremento alarmante en su incidencia, motivo por el cual algunos expertos lo consideran incluso una epidemia. El melanoma cutáneo constituye entre el 4% y el 10% de los tipos de cáncer diagnosticados en España y su incidencia se ha triplicado en los últimos años. Se recomienda una exploración dermatológica anual a partir de los 50 años.

Sin el sol no habría vida, pero también puede quitarla. Por una parte, la radiación que emite puede tener efectos beneficiosos para el ser humano, como la síntesis de vitamina D en la piel y la inmunorregulación, además de la vasodilatación, lo que favorece la circulación periférica y produce una sensación placentera secundaria a la liberación de las endorfinas. Sin embargo, la exposición indebida a la radiación solar puede producir fotoenvejecimiento -arrugas, manchas en las zonas expuestas, engrosamiento de la piel y pérdida de la elasticidad y tersura-, pigmentación (bronceado) y cáncer de piel.

"La pigmentación es un mecanismo de defensa de la piel frente a un exceso de radiación ultravioleta. La presencia de pigmentación delata una agresión a la piel y expresa la puesta en marcha de mecanismos naturales para hacerle frente. Una piel bronceada es una piel agredida y por lo tanto el 'bronceado seguro' no existe", advierte la dermatóloga Lidia Comba Pérez Pérez, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) y del Grupo Español de Fotobiología.

La especialista matiza que dentro de la radiación ultravioleta (UV) se encuentran la UVA, que constituyen el 97% de la radiación UV que alcanza la superficie terrestre y que se mantiene estable todo el año; y la UVB, que supone hasta el 3% de la radiación UV y que es más intensa en verano. "Aunque la radiación UVA y UVB intervienen en la producción de diversos efectos en la piel, la radiación UVB es más energética y penetra menos en la piel y es la principal responsable del eritema (quemadura solar), mientras que la radiación UVA es menos energética pero penetra más profundamente y es la principal responsable del fotoenvejecimiento y de la pigmentación (bronceado). Además, puede inducir la aparición de cataratas", explica la dermatóloga.

Las cremas solares son la medida de protección más extendida y también la más efectiva frente a la radiación ultravioleta Sin embargo, ¿empleamos un filtro solar adecuado? y lo que no es menos importante, ¿sabemos usarlo de la forma correcta? El dermatólogo Juan García Gavín, miembro de la AEDV y de la European Society of Contact Dermatitis (ESCD), entre otras sociedades científicas, explica que hay que emplear fotoprotectores de amplio espectro, es decir, que filtren tanto radiación UVB como UVA. Por ello, hay que buscar en el envase el índice de FPS (factor de protección solar) y el acrónimo UVA rodeado en un círculo. El FPS hace referencia a la dosis mínima de radiación UVB necesaria para producir eritema (enrojecimiento, inflamación) en la piel expuesta con fotoprotector frente a la dosis necesaria para conseguir un eritema equiparable sin la aplicación del fotoprotector. "A mayor valor de FPS mayor protección contra la radiación UVB", explica.

Debe administrarse en cantidad suficiente (2 mg/cm2, lo que equivaldría a una pelota de golf o a 6 cucharadas de café), aproximadamente media hora antes de exponerse al sol y cada dos horas a lo largo de la exposición. Hay que extenderla uniformemente por toda la piel, sin descuidar pabellones auditivos, dorso de los pies, cuello y labios. Sin embargo, la mayoría de la gente aplica menos de la mitad de esta cantidad y además suele hacerlo de forma incorrecta, principalmente los hombres, según los especialistas.

Estas recomendaciones son aplicables también a los niños, con excepciones: los menores de 6 meses no deben exponerse de forma directa y la exposición de los 6 meses a los 3 años ha de ser mínima y con la protección debida.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine