Entrevista a Arturo Valls

"Prefiero una televisión que aporte más al espectador, no solo entretenimiento"

"Me pregunto si no estamos dejando de hacer un mejor trabajo al depender tanto de las audiencias", asegura el presentador, actor y, ahora, productor de cine

07.07.2016 | 04:03
Arturo Valls.
Arturo Valls.

El actor y presentador Arturo Valls (Valencia, 1975) debutó como reportero en la primera etapa del programa 'Caiga quien Caiga', dirigido y presentado por el Gran Wyoming. También ha trabajado con Florentino Pérez y Nuria Roca en Antena 3. Valls es igualmente recordado por su genial papel en el programa de humor 'Camera Café', entre otros muchos de éxito. Nunca soñó ser presentador, "quería ser periodista deportivo", pero ahora reconoce que disfruta con lo que hace.

Desde que se dio a conocer como el frívolo y gamberro reportero de Caiga quien caiga, Arturo Valls ha ido esculpiendo una figura de tipo simpático para la cámara, capaz de ponerse al frente de cualquier formato que requiera una dosis de humor. Reconoce, sin embargo, que en los últimos meses llegó a saturarse.

¿En qué anda metido ahora?

Pues termino las grabaciones de Ahora caigo y acabo de rodar película con Nacho García Velilla, el de Perdiendo el norte. Hemos rodado Villaviciosa de al lado, una comedia muy coral. Y estoy con las gestiones para el estreno de la película que he producido, Los del túnel. Estamos en posproducción y hablando con Netflix, para ver si nos compra los derechos. Haciendo justo de eso, de productor.

¿Va a apartarse entonces de delante de la cámara?

En principio no. Lo bueno de Ahora caigo es que es un formato ideal porque grabo dos días a la semana y me permite hacer otro tipo de cosas; y se complementa con mi manera de trabajar.

Llegó un momento en estos meses en que Arturo Valls era omnipresente en televisión...

Sí, a veces, las cadenas, cuando algo funciona... Yo acababa de llegar a Atresmedia y me dieron programas. Pero me di cuenta de que lo más importante es disfrutar de lo que haces, porque si no llega un momento en el que estás en tres proyectos a la vez y no llegas a disfrutar de ninguno.

Se ha consolidado la percepción de usted como presentador gracioso, que cae bien. ¿Miedo al encasillamiento profesional?

Bueno, cómo pretender hacer programas si no caes bien; no se puede hacer de malo siendo presentador. Al final se trata de jugar este activo: si uno cae bien, vamos a disfrutarlo y a aprovecharlo. A mí los encasillamientos no me preocupan en exceso, tampoco en la interpretación. Si hay un registro que se te da bien, ¿por qué obsesionarse en demostrar otra cosa para hacer ver que tienes más valía? Hay gente que se obsesiona con el drama. Hombre, respecto a la televisión, si llega un productor y te ofrece un late night o un programa de entrevistas donde esta actitud tan cachonda no esté muy presente, adelante.

¿Al empezar periodismo se imaginaba este camino?

Nunca pensé en ser presentador, yo quería ser periodista deportivo. Quería narrar partidos de fútbol o de tenis, esa era mi vocación real. No sé en qué momento me desvié y acabé imitando a Shakira en Tu cara me suena (ríe). Sí tengo claro que me gusta mucho lo que hago.

¿Preferiría envejecer ante la cámara o detrás de ella?

El privilegio es poder elegir y, si tu momento económico y vital te lo permite, lo ideal sería poder escoger programas que no te ocuparan mucho tiempo y que pudieras hacer otras cosas.

Le he leído quejarse de la tiranía de las audiencias.

Totalmente. Me pregunto si no estamos perdiendo la oportunidad de hacer una televisión mejor al depender tanto de las audiencias. Ahora la gente puede escoger un nicho de televisión concreto, no ya solo elegir entre las cadenas generalistas. Vamos a ver si así es como vemos más calidad en los programas pero, de momento, a un directivo de una cadena generalista no le queda otra, tiene que hacer caso a las audiencias, con lo cual tiene menos capacidad para arriesgar.

¿Le gustaría cambiar la televisión desde dentro?

Me gustaría hacer una televisión más creativa, más arriesgada, más novedosa. Y que aportara más al espectador; que no solo fuera un entretenimiento gratuito o, en el peor de los casos, esa televisión en la que se venden entrañas y malos rollos.

¿Le preocupa cruzar la frontera entre gracioso y graciosillo?

Sí, lo que pasa es que el graciosillo tiene poco recorrido. La gente lo pilla y no funciona.

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