Entrevista a Héctor Maravall

"Llevan amenazándonos 38 años con que las pensiones no se van a poder pagar"

"El papel del Imserso debe cambiar, tiene que ser un instituto de diseño de programas innovadores", asegura el exdirector del Imserso y abogado laboralista

02.07.2016 | 04:23
Héctor Maravall Gómez-Allende.
Héctor Maravall Gómez-Allende.

Con pequeños retoques, el sistema de pensiones puede seguir funcionando. La reflexión es de Héctor Maravall Gómez-Allende, histórico sindicalista de CCOO y que durante ocho años dirigió el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso).

Debía de ser duro ser abogado laboralista en aquella época.

Era una profesión que tenía una visión muy conservadora del ejercicio de la abogacía, pero hubo gente que se concienció en la universidad en la lucha contra el franquismo, adquirieron compromiso político y cuando terminaron los estudios en lugar de hacerse notarios o registradores decidieron poner despachos para defender a los trabajadores. Eran los años setenta, en los que el movimiento obrero comenzaba a tener cierta presencia, había cada vez más conflictos y surgió la necesidad de que esos trabajadores tuvieran un apoyo jurídico honesto y combativo. Tenían dificultades, por ello lo que se plantean es defender a los trabajadores de una legislación muy represiva, y había que retorcerla para hacerla más favorable. Teníamos la hostilidad de los sindicatos verticales, de la policía, de los empresarios y de otros abogados que no compartían nuestro criterio. Y luego, las dificultades económicas, solo cobrábamos cuando ganábamos el juicio y muchos no se ganaban.

Volviendo a la actualidad. ¿Qué influencia han tenido sobre su actividad las últimas reformas laborales?

En los años sesenta y setenta existía el miedo a la represión política, pero hoy se ha sustituido por el económico. Muchos trabajadores no se atreven a reclamar porque tienen miedo de que o no les renueven el contrato, o no los dejen promocionar o los marginen y, por tanto, aunque la legislación laboral sea hoy infinitamente mejor que la del franquismo, su incumplimiento es muy frecuente. Pese a que formalmente se ha reducido la jornada de trabajo de manera importante, muchos trabajadores hacen horas extra que no se pagan o se pagan de forma insuficiente. Sigue habiendo problemas muy graves, especialmente para los de empresas pequeñas y medianas, que en España son la gran mayoría.

¿Y qué papel están desempeñando los jueces?

Buena parte de ellos está teniendo una actitud positiva. Incluso algunos de los mayores varapalos que se han llevado las sucesivas reformas laborales han venido de algunos jueces.

¿Qué ha cambiado con la última reforma laboral?

Es una ley en la que se plantea una individualización de la negociación colectiva. Se está marginando a los sindicatos y discriminando a los trabajadores en comparación con los otros. El problema más gordo de la reforma laboral ha sido devaluar el papel de la reforma laboral, que era el paraguas para los empleados de las pequeñas y medianas empresas.

En Francia los trabajadores están plantando cara a su Gobierno contra la reforma laboral. Da la impresión de que en España las protestas han sido más tenues.

Aquí ha habido dos huelgas generales, y en 2012 y 2013 casi todos los domingos en Madrid había una manifestación. Lo que pasa aquí es que la destrucción del empleo ha sido brutal. En Francia se movilizan contra una amenaza, el problema aquí es que la amenaza se cumplió cuando había cuatro millones y medio de parados. Allí también hay un hecho distinto, que es que una parte del partido que apoya al Gobierno (Partido Socialista) está en contra de la reforma laboral.

Una parte del debate político lo ocupan las pensiones. ¿Están realmente en riesgo?

En el año 78, hace 38, nos asustaron con que las pensiones no se iban a poder pagar en la década de los ochenta. Después nos dijeron que en los noventa, luego que en el dos mil? Hay un discurso recurrente amenazándonos con la inviabilidad del sistema de pensiones, porque lo que quieren es abrir el campo a los fondos privados de pensiones, que nadie ha dicho qué gestión tienen o qué viabilidad. Las pensiones son un instrumento económico de primera categoría en un país en el que el 20% de su población es pensionista. Son un colchón social, si no tuviéramos este sistema de pensiones ya veríamos qué hubiera pasado en esta crisis. Y son un elemento de dinamización. El pensionista no se guarda la pensión en una caja, consume y tiene hábitos similares a los de sus hijos o nietos. Ese dinero revierte en actividad económica y empleo. Sería una barbaridad congelarlas o reducirlas.

¿Entonces no hay que tocar el sistema?

El sistema de pensiones de España lleva 38 años de continuas reformas y se ha ido adaptando a los cambios demográficos y económicos. A lo que habría que dar una vuelta es al sistema de cotizaciones. Hoy paga lo mismo una gran compañía que el señor que tiene un pequeño taller o una tienda. Hay otro margen de actuación, que es la economía sumergida, parece que estamos resignados a vivir con un 25% de dinero en negro. En materia de cotizaciones ese porcentaje es entre 25.000 y 35.000 millones al año de ingresos que no se perciben. Hay una carrera de bonificaciones de excepciones porque se supone que crean empleo. Pero no nos han dicho qué trabajo se crea y de qué características. Pero, al final, la mayor garantía de las pensiones es el empleo y los salarios dignos.

¿Fue una solución alargar la edad de jubilación?

Eso fue un canto al sol. El problema es que las empresas están echando a la gente a los 55 años, es una reforma que afecta prácticamente sólo a las administraciones públicas.

Hay quien cuestiona también la necesidad del Imserso.

El papel del Imserso debe cambiar, tiene que ser un instituto de diseño de programas innovadores que luego inculque su experiencia a las comunidades autónomas.

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