Sin rendirse a pesar del dolor

La vida de Juan no es la misma desde que fue intervenido en 2008

07.06.2016 | 02:03
Juan Bruno Zerpa, afectado por las prótesis defectuosas de cadera. |

Juan Bruno Zerpa no tiene una vida normal. Al menos ya no. En 2008 entró en el quirófano pensando que después de ponerle una prótesis de cadera podría recuperar la movilidad absoluta. Aunque la intervención prometía, los resultados posteriores no fueron los esperados. En ese momento, tras pasar el postoperatorio, comenzaron de verdad sus problemas que, desea, terminen pronto.

Tras varios años de sufrimiento, cinco años después, en 2013, se quitó el implante y se puso otro de plástico. Todavía hoy sigue sin recuperarse. Ayer se mostró contento por la sentencia favorable. "No es que el dinero no importe, pero lo que sí está claro es que lo mejor de todo es que ahora muchos más afectados se arriesgarán a denunciar y, si se da a conocer, muchos que desconocen este problema se darán cuenta de que sus problemas después de ser operados no son normales", insistió. "A esa multinacional tan grande un pago así no le supone ningún esfuerzo pero si todo el mundo denuncia y le sale favorable, puede que les duela el bolsillo, que es en lo único que piensan", concretó.

Alerta

En su caso, su hija fue la que en el año 2010 le comentó que su incomodidad podría deberse a unas prótesis que estaban dando problemas. Aunque en un principio no pensó que ese podría ser su caso, poco a poco fue dándose cuenta de que sí. "Me tocó a mí, y por desgracia ahora sabemos que a mucha más gente", concretó. "Lo peor es pensar que cuando a mí me la pusieron ya se sabía que esas prótesis estaban dando problemas; aun así, siguieron adelante y quizás todavía lo estén haciendo", valoró para añadir que "deberían cortar el suministro y no dejarles poner más para que esto no ocurra", concretó.

"Me temo que nunca más tendré una vida normal", apuntó Zerpa. A sus 60 años lleva ya demasiado tiempo lejos de su camión, a lo que se dedicaba. "No he podido hacer ningún tipo de deporte y eso es algo que echo mucho de menos", asumió. Ahora Juan camina cien metros y ya siente molestias. Desde que se excede empieza a cojear de manera notable y la pierna le empieza a pesar. Pero, en su cabezonería, no pierde la ilusión y "a pesar del dolor" se considera a sí mismo como "un burrito viejo". Sigue caminando siempre que puede porque no soporta la idea de estar quieto en casa. También es consciente de sus limitaciones, algo que no le impide abandonar por completo la vida sedentaria.

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