Que no se acabe nunca, nunca jamás

Músicos de la Orquesta Sinfónica de Tenerife y miembros del colectivo Plena Inclusión trabajan en potenciar las posibilidades expresivas y artísticas de personas con discapacidad

30.05.2016 | 18:47
Que no se acabe nunca, nunca jamás

Apenas han pasado algo más de tres minutos de las doce de la mañana y en la sede de la Orquesta Sinfónica de Tenerife (OST) -formación dependiente del Cabildo Insular- ya se puede sentir una mezcla de nerviosismo e ilusión de quienes esperan entrar a la sala. Hablan entre sí y saludan cariñosamente a unos músicos que llegan portando sus instrumentos y que son recibidos con sonrisas de admiración. Un grupo del colectivo Plena Inclusión Canarias se dispone a iniciar un nuevo taller (el octavo ya) de Mosaico de Sonidos, un proyecto dirigido a potenciar las posibilidades expresivas y artísticas de personas con discapacidad intelectual o del desarrollo a través de la música. Según van entrando a la sala de ensayos comienza a palparse el sonido.

Al principio parece que algo llamado vergüenza se adueña de la mayoría de los participantes pero ésta desaparece casi a la velocidad del viento. Es entonces cuando el baile y la música llenan de vida este espacio. Segundo a segundo, los participantes van dejando miguitas de ellos mismos en la sala mientras quince músicos de la OST los acompañan en esta aventura por el país de los sonidos y la creatividad. Junto a ellos, Ana Hernández, coordinadora del área socioeducativa de la Sinfónica, les va abriendo infinitas posibilidades en el campo de la sonoridad. Unidos van a crear La flor más grande del mundo (composición cedida a este proyecto por su autor, Emilio Aragón, y escrita en base a un texto de Saramago) pero hasta llegar a verla van sembrando ideas, conceptos...

La sesión comienza con un análisis del cuento escrito por el Nobel portugués y sigue con la exploración y el descubrimiento de sonidos como el de las migas de pan de Hansel y Gretel o el del aullido del lobo de Caperucita... Tras una primera lectura, surgen los primeros bailes, las primeras canciones y los primeros aplausos. Mientras trabajan, Ana Hernández va vislumbrando qué es lo que más le gusta a cada participante con la idea del papel o la acción que llevarán a cabo en el concierto final.

Y es que estos talleres de Mosaico de Sonidos (proyecto novedoso que se lleva a cabo con otras 13 orquestas españolas) concluirán con la intervención de los miembros de Plena Inclusión Canarias (quince personas cuyas edades oscilan entre los 23 y los 50 años) en uno de los conciertos de abono de la próxima temporada de la Orquesta Sinfónica de Tenerife. "Que no se acabe nunca, nunca jamás", desea en voz alta Mari León, de Plena Inclusión, que asegura estar muy feliz de trabajar con la Sinfónica. "Lo pasamos muy bien, me encanta tocar el piano y el arpa", añade la joven. Mientras, Francisco Javier dice que está "aprendiendo música" de una forma diferente a como antes lo había hecho. "Estoy descubriendo a músicos entre mis propios compañeros", reconoce.

No obstante, uno de ellos, Jesús, logró sorprender a los presentes en este taller (incluso a los músicos de la OST) con una improvisación al piano. "Estoy asombrado con la sensibilidad que acaba de demostrar, con la manera de tocar. Ha sido algo increíble", reconoció Pierluigi Bernard, solista de clarinete de la Sinfónica. "Formar parte de este proyecto nos abre la mente, hace que nos planteemos muchas cosas y nos ayuda a descubrir la música de otra manera, a través de sus ojos, ojos casi de niños", agrega el músico quien también espera que Mosaico de Sonidos "no acabe aquí, que sea el inicio de algo más grande aún".

Ana Hernández recuerda que se trata de un proyecto de gran envergadura y "sumamente especial". "Es algo realmente maravilloso lo que se respira aquí", confiesa la pedagoga musical que asegura que en cada sesión siempre surgen "cosas nuevas, maravillosas, algo que te sorprende". "Se trata de un proyecto encabezado por los músicos, guiados por ellos y yo los acompaño en este viaje", añade Hernández, que explica que en estas sesiones "se trata de ir dando libertad para que ellos puedan crear. Son muy espontáneos, muy expresivos".

"La música es una herramienta de inclusión fantástica", admite por su parte Ana Esther Almenara, técnico de Plena Inclusión Canarias, que aplaude la existencia de este programa pues les brinda a los participantes la posibilidad de "disfrutar de una actividad de ocio diferente y los ayuda a engancharse a la música". Además, apunta que es una nueva experiencia para ellos trabajar mano a mano con personas sin discapacidad. La integración es fantástica", añade mientras se despide de los músicos y les agradece una vez más su entrega.

La sala se vacía poco a poco. A algunos les cuesta irse. No quieren dejar de acariciar el piano o dar un último golpe al gong. Algún abrazo, algún canto al final. Se les hace corto. Se van sonriendo. Han sentido y vivido muy de cerca la música.

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