La creación de supercontinentes genera cambios climáticos y afecta a los océanos

Los geólogos calculan que dentro de 250 millones de años habrá un nuevo territorio de grandes dimensiones que se creará tras colisionar África con Europa y Asia

26.04.2016 | 13:52
La creación de supercontinentes genera cambios climáticos y afecta a los océanos

A lo largo de la historia de la Tierra, la generación de supercontinentes y su rotura ha producido cambios de tipo climático y ha afectado a la química de los océanos, lo que a su vez influyó en la composición mineralógica y química de los organismos marinos.

El catedrático de Paleontología de la Universidad de Granada, Antonio Checa, habla sobre este asunto con motivo de su participación en el seminario Claves paleontológicas para analizar y comprender el cambio climático global que ha organizado el Organismo Autónomo de Museos de Tenerife.

Antonio Checa trató en el seminario sobre los Superciclos climáticos y químicos fanerozoicos y al respecto indica que este término alude a los ciclos geológicos de mayor periodo que han existido, con una periodicidad de cien millones de años o más y que se corresponden con grandes procesos de tectónica de placas.

Se contraponen a otros ciclos de corto período, como los cambios glaciares e interglaciares de cada 100.000 años, aproximadamente, y hay otros que pueden oscilar en el orden del millón de años.

Antonio Checa explica que cíclicamente se forman supercontinentes, como Pangea hace unos 250 millones años, aunque previamente hubo otros hace 700 y 1.400 millones de años y así sucesivamente.

De hecho, los geólogos calculan que dentro de unos 250 millones de años habrá un nuevo supercontinente de enormes dimensiones al colisionar África con el continente euroasiático y transformarse todo el Mediterráneo en una gran cadena de plegamiento que conectaría con el Himalaya, la más enorme que haya existido. Además se "cerraría" el océano Atlántico y se "soldarían" las dos Américas con el conjunto de África y Eurasia, con lo cual sólo quedarían "dispersas" Australia y la Antártida.

Antonio Checa explica que estos procesos generan cambios de tipo climático porque la rotura de un supercontinente da lugar a procesos volcánicos muy intensos y ciclos de altos niveles de dióxido de carbono (CO2), altas temperaturas y efecto invernadero.

Con estos ciclos cambia también la química del océano "y especialmente algo que influye mucho sobre los esqueletos" de los organismos marinos, que es la relación de magnesio y calcio, añade el catedrático de Paleontología.

Actualmente la cantidad de magnesio en el agua del mar es muy alta en relación con el calcio, mientras que durante la época de una dispersión intensa de un supercontinente esa relación baja mucho.

Cuando existe una relación magnesio-calcio muy alta el carbonato cálcico que se forma es de un mineral diferente al que se origina cuando hay grandes velocidades en la dispersión de continentes.

Actualmente predomina el mineral aragonito mientras que en otras épocas es la calcita, detalla Antonio Checa, quien precisa que este factor es relevante porque en general, cuando hay mares aragoníticos como en la actualidad, los esqueletos marinos de nueva aparición suelen ser de aragonito y en épocas de mares calcíticos, de calcita.

"Esto es un ejemplo de la relación entre los procesos geológicos y los biológicos", subraya el paleontólogo, quien puntualiza que el aragonito tiene propiedades diferentes a la calcita, pues es mucho más duro y resistente y para algunos tipos de organismos "es un material mucho más adecuado". De hecho, ha existido una tendencia general a lo largo del registro fósil hacia una mayor abundancia de esqueletos construidos con aragonito.

Como ejemplo señala que una de las funciones principales de las conchas es proteger el cuerpo blando frente a depredadores e impactos, y por ello es un material mucho más beneficioso.

Afirma Antonio Checa que los geólogos manejan otra escala de tiempo y en relación con el cambio climático tienen una visión distinta al contar "con un cierto conocimiento sobre las extinciones y cuáles han sido sus causas".

Al respecto, Checa se muestra pesimista porque los organismos han sido capaces de adaptarse a lo largo de los superciclos climáticos, con una duración muchísimo mayor que el de su existencia.

Pero ahora el ritmo al que están cambiando las temperaturas, la acidez de los océanos y los niveles de CO2 es mucho más corto que el tiempo de existencia de las especies, con lo que su capacidad de adaptación es muy limitada.

"El impacto puede ser tremendo ya que si se superan los límites de tolerancia de una especie ésta se extingue", advierte Antonio Checa, quien indica que otra cosa es que, durante el desarrollo de superciclos, fueran apareciendo especies nuevas que tengan distintos límites de tolerancia y se puedan ir adaptando a las nuevas condiciones.

Explica también que ha habido extinción de especies que se han atribuido al desarrollo de grandes provincias volcánicas -emisiones gigantescas de lava que ocupan regiones como la Península Ibérica- pero en espacios de tiempo de cientos de miles de años y el CO2 proveniente de esas emisiones disparó los cambios climáticos.

Ahora "hemos lanzado ya a la atmósfera bastante más de lo que pudo lanzar en otra época una de esas provincias volcánicas, sólo que los efectos tardarán en sentirse porque, aunque parásemos ahora las emisiones, lo peor de sus efectos está por venir ya que la atmósfera tiene un tiempo de reacción muy largo".

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