50 años de batas blancas y pijamas verdes

El Hospital La Candelaria, inaugurado el 1 de abril de 1966, protagoniza un crecimiento en cinco décadas en espacios, profesionales y tecnología

03.04.2016 | 03:10
josé luis gonzález

El exjefe de neonatología, Santiago López, destaca la unión entre personal y pacientes

Apenas un centenar de personas empezaron a trabajar un 1 de abril en una residencia sanitaria en Tenerife. Era la primera de las Islas, instalada en la periferia de la capital isleña y el edificio inicial se destinó a nacimientos y pequeñas intervenciones quirúrgicas. Era el año 1966 y así se inició la andadura de lo que hoy, 50 años después, es el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria.
El paso del tiempo ha llevado consigo avances y crecimiento, desde prácticamente todos los aspectos posibles. Más espacios, más servicios, más profesionales, más pacientes.... Incluso un cambio de nombre que se resiste a materializarse. Aún hoy mucha gente se refiere al centro hospitalario como "la Residencia", herencia de aquella que prestaba la asistencia sanitaria a la población isleña desde la segunda mitad de la década de los 60.

Medio siglo de partos, ¿a cuántos niños y niñas equivalen? Según las cifras del propio centro hospitalario, son más de 100.000 los tinerfeños que han llegado al mundo en el Hunsc. Muchos de ellos, siendo bebés o en la consulta del pediatra, han tenido como médico a Santiago López, quien durante 35 años trabajó en el Hospital tinerfeño. "Me jubilaron el año pasado", dice el facultativo con un gesto de emoción que evidencia que echa de menos las consultas.

Esa nostalgia es prueba de lo que se vive en lo que el propio personal define como La Casa. Pasillos de idas y venidas de pacientes, de visitas y de camillas son la estampa habitual del centro sanitario. Siempre con una imagen protagonista: batas blancas o pijamas verdes. El personal, que ha pasado en cinco décadas de 150 a casi 4.500, es según dicen el principal aval de La Candelaria.

El doctor López es uno de ellos. Su aventura se inició en la antaño residencia sanitaria siendo un joven, apenas diez años después de aquel 1 de abril. Lo hizo como médico interno residente desde 1977 hasta 1979, cuando se trasladó al sur de la Isla para convertirse en uno de los primeros pediatras de Adeje.

Pero regresó. En 1983 se reincorporó al hospital como médico adjunto y allí ha estado ejerciendo hasta el pasado 2015, cuando se jubiló siendo jefe de sección en neonatología. Así, Santiago López ha sido uno de esos profesionales en atender a los bebés, especialidad inicial en la residencia y en la actualidad con una UCi neonatal modélica.

Precisamente, el pasado mes de diciembre se puso en marcha en la planta tres del edificio principal la Unidad de Cuidados Intensivos de Pediatría. En la tercera, como se le conoce entre el personal y los usuarios, este área siguió el camino emprendido en 2006 por López con la integración en una misma planta de la UCI de neonatos, la unidad de cuidados intermedios y el paritorio.

"Recopilamos toda la normativa y analizamos todas las experiencias que había en el resto del país", señaló el pediatra, orgulloso de lo que hay ahora en Tenerife. ¿Pero por qué esa satisfacción? Probablemente sea porque ha visto evolucionar la asistencia médica, porque ha crecido como especialista acompañado del avance en la medicina. "En los inicios teníamos una tecnología muy precaria y además escasa, pero ahora todo ha evolucionado enormemente", señala López.

En concreto en el área de neonatología resume que algunas de las mejoras se han centrado en garantizar la estabilización del niño con tecnologías como monitorización y ventilación no invasivas, pero también se ha avanzado en el conocimiento científico. Al respecto, el facultativo destaca que "la nutrición parenteral ahora es más cercana a lo natural o se favorece el método canguro por ser más beneficioso para el bebé".

Precisamente, la cercanía de las familias ha sido uno de los objetivos del servicio, para lo que se ha requerido la mejora de los espacios. En ese reto entra la integración, por ejemplo, de toda el área en la misma planta y la puesta en marcha de la UCI neonatal. Pero para llegar hasta ahí, el centro sanitario ha sufrido obras y obras.

"Hubo un tiempo en que parecía que los trabajos no se iban a acabar nunca", recuerda el pediatra. Se refiere Santiago López a la remodelación del edificio inicial para modernizarlo y mejorarlo y recuerda que en 1966 había un edificio en el que se albergaban los paritorios. Posteriormente se creó la escuela de enfermería, que hoy en día acoge gran parte de las consultas externas.

"Poco después se construyó la zona conocida como materna infantil", dice el médico señalando al edificio anexo al inicial y con nueve plantas de altura. Le siguió la construcción del edificio de traumatología y rehabilitación, aún conocido como la zona de trauma. Y en medio de todo eso se llevaron a cabo trabajos de arreglos, de mejoras, de enlaces entre unas zonas y otras, accesos, aparcamientos, cafeterías... 50 años de mejora que aún no han terminado.

De hecho, durante la presentación del programa con el que el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria celebra su aniversario, el consejero de Sanidad del Gobierno de Canarias, Jesús Morera, anunció que a lo largo de este año se iniciarán los trabajos para cumplir una reiterada demanda de pacientes y trabajadores: la ampliación del servicio de Urgencias.

El objetivo de tanto avance no es otro que la calidad del servicio que se presta y de la atención sanitaria a los pacientes y familiares. Aunque a juicio del doctor Santiago López, este resultado depende en gran medida de la implicación del personal. "Aquí siempre, siempre, ha habido un equipo humano estupendo y perfectamente formado", asevera el facultativo, quien considera que precisamente la formación del trabajador para el puesto que desempeña es crucial.

"En el caso de la UCI de Neonatología, las enfermeras tienen que conocer los programas informáticos de la tecnología además de tener los conocimientos sanitarios necesarios para atender a los niños y niñas", indica como ejemplo el médico jubilado, quien entiende que por eso se ha convertido en fundamental que la antigua residencia sanitaria sea hospital universitario.

Las temporadas que pasan los MIR o los estudiantes de medicina y enfermería que se suman durante sus estudios universitarios a la actividad cotidiana del centro forman parte del orgullo colectivo del hospital. "Hemos formado a una gran cantidad de residentes aquí y tienen una gran calidad profesional y sobre todo humana", dice Santiago López.

Precisamente, el facultativo defiende que el trato personal entre los trabajadores del hospital y los pacientes y sus familias es relevante a la hora de entender el día a día en sus pasillos, habitaciones y consultas. Tal es así que al intentar elegir sus momentos de más satisfacción durante los 35 años de servicio en el centro sanitario recurre a ese de reconocimiento del pediatra: "Me encanta, me enorgullece y me satisface cuando al estar atendiendo un parto, la mamá me dice que fui su pediatra o cuando me paran por la calle porque me recuerdan como su médico", resume incluso emocionado.

No es fácil. No hay más que pensar que el Hunsc es capaz de movilizar diariamente entre 12.000 y 15.000 personas en todo el complejo hospitalario, entre trabajadores, pacientes, usuarios, visitas y proveedores. Solo en diez años, ha atendido a 1.500.000 urgencias y ha ofrecido seis millones de consultas especializadas. Atiende a una población que ronda el medio millón de personas de la Isla. Y se acuerdan de la cara del matrón, del auxiliar de enfermería que le atendió en urgencias, del enfermero que le cuidó tras la operación y del médico que le dio cada día las recetas.

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