Gastronomía

La pastelería más antigua de Tenerife

Taoro-Casa Egon cumple un siglo con la tercera generación de la familia fundadora al frente del negocio

25.03.2016 | 02:00
Dulces artesanos, imprescindibles en La Orotava

Egon Wende (1890, Breslau, ciudad que pertenecía a Alemania y ahora es territorio polaco) tenía 23 años cuando llegó a Tenerife. Navegaba rumbo a Camerún, que por aquel entonces era colonia alemana, donde iba a trabajar de cocinero. Su barco hizo una escala de avituallamiento en el Puerto de Santa Cruz, que coincidió con el inicio de la Primera Guerra Mundial. La contienda desató el caos y el joven, que desde muy corta edad había destacado por sus dotes como repostero y cocinero, optó por refugiarse en la Isla, sin imaginar que aquella improvisada decisión marcaría su vida. Dos años más tarde, inauguraba la Confitería y Café Taoro Casa Egon, que este año cumple un siglo con la tercera generación de la familia al frente y sus dulces artesanos convertidos en todo un clásico de La Orotava.

El actual director es Ángel Rocío, sobrino de Egon. El fundador se casó con una tinerfeña pero no tuvo hijos. El primer trabajo que consiguió Egon en la Isla fue a las órdenes de un capitán del Ejército, en el barrio de El Toscal, de Santa Cruz. En 1915 abrió un pequeño obrador en la calle La Carrera, de La Laguna, –donde hoy está la librería El Águila– donde transformaba la leche que compraba a las lecheras de Las Mercedes y La Esperanza en nata y mantequilla, y comenzó a hacer repostería alemana. Los fines de semana elaboraba los grandes banquetes que se servían en el Hotel Camacho, de Tacoronte.

Animado por un amigo, en 1916 decidió probar fortuna con su primer negocio propio. Se instaló primero en un pequeño local de la calle El Tejar y luego se traslado a su ubicación actual, en la calle León. "Era un gran profesional y revolucionó la pastelería de La Orotava", apunta Ángel Rocío. El éxito de sus dulces recetas hizo que su nombre comenzara a sonar por todo el valle. Según detalla su sobrino, Egon era un hombre de espíritu inquieto y trabajador "incansable", que simultaneaba las labores de la tienda con un pionero servicio de catering que creó para las fiestas que se celebraban en las casonas de los aristócratas locales para presentar en sociedad de sus hijas, una costumbre muy extendida en la época.

Entre 1917 contrató tres empleados para que vendieran puerta a puerta sus dulces por La Orotava, Los Realejos y el Puerto de la Cruz. Además, ya para entonces Egon también había montado un restaurante en su local y vendía comidas para llevar. En 1927, empezaron a verse los primeros vendedores de helado de Confitería y Café Taoro en la plaza de La Constitución. En los años 30, el negocio ya tenía un gran renombre en toda la Isla. Sus dulces, pastas, helados y bombones se venden a hoteles y restaurantes como el Mencey, Monopol, Taoro, Martiánez o el antiguo Hotel Victoria.

Finalizada la Guerra Civil, en 1939, se unió al equipo de cocina Benigno Rocío, sobrino de Egon y padre del actual encargado. Tenía solo 14 años y trabajando junto al fundador aprendió el oficio.

Los dulces por excelencia de Casa Egon han sido siempre, y continúan siendo, los tambores en sus variantes de moka y chocolate, que se venden a un euro. "Muchos intentaron copiarlos pero no lo lograron. No hay nadie como nosotros en calidad precio", destaca Ángel detrás del mostrador. Esta golosa tentación protagoniza una de las anécdotas más curiosas que se relatan en el libro Negocio o Institución, Confitería y Café Taoro Casa Egon, editado en 1999 y que ahora, con motivo del centenario, se reeditará en una versión ampliada. Según cuenta la publicación, una vez un cliente pidió un tambor después de almorzar. Tanto le gustó, que terminó comiendo una veintena. El atracón fue tal que tuvieron que llamar a la ambulancia y el hombre acabó ingresado en el hospital.

También son muy populares sus milhojas, almendrados y sus tartas artesanas. En total, elaboran casi medio centenar de dulces. La oferta varía a lo largo del año y en estos días, por ejemplo, se añaden torrijas y monas de Pascua.

Egon falleció a los 80 años, el 31 de agosto de 1970. Benigno se hizo cargo del negocio con la ayuda de su esposa y sus seis hijos: Ángel, Benigno, Francisco Javier, Emilio, Jesús Manuel e Isidro. Ángel, de 64 años, asegura que desde que nació está en el negocio que ahora dirige junto a tres de sus hermanos y que cuenta con un equipo en el que también trabajan dos de sus sobrinos, que estudiaron pastelería, y uno de sus hijos, que representan la cuarta generación de la familia.

Los descendientes de Egon Wende comenzarán a celebrar el primer siglo de andadura de la pastelería en mayo. Lo harán con una singular exposición de artistas canarios que utilizarán bandejas de tartas como lienzos. Durante la primera semana de junio, coincidiendo con las fiestas de La Orotava, también organizarán actividades especiales para sus clientes y en julio harán una gran fiesta en los Jardines Victoria con un dulce gigante y música en vivo.

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