Los tratamientos para trastornos mentales graves disparan el gasto en psicofármacos

Los expertos vinculan la subida de la inversión pública en estos medicamentos al alto coste de los nuevos remedios

21.03.2016 | 12:20
Listado de medicamentos en una farmacia.

El elevado gasto que realiza el Gobierno de Canarias en medicamentos psiquiátricos se debe, en parte, al desembolso en nuevos fármacos, con menos efectos secundarios y más caros, que se emplean para tratar los trastornos mentales graves. Esta es la conclusión a la que llega la psiquiatra del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria (Hunsc), Natacha Sujanani, quien explica que es cierto que el gasto farmacéutico en psiquiatría es alto, pero que la mayor parte se emplea en el tratamiento de enfermos mentales agudos, que requieren fármacos que tienen un coste muy elevado.

Sujanani manifiesta que las compañías farmacéuticas sacan productos nuevos, que aunque tienen la misma efectividad, provocan menos efectos secundarios. La psiquiatra señala que la medicación tradicional suele ocasionar múltiples reacciones negativas en los pacientes que los toman. "Rigidez, problemas psicomotores y a la larga un aplanamiento afectivo importante", enumera. "Es verdad que estos nuevos tratamientos tienen un precio más elevado pero nosotros prescribimos lo mejor para nuestros pacientes", asegura.

Según se ha podido saber recientemente, la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias gastó solo el año pasado 46 millones de euros en este tipo de medicación, una cifra que no ha bajado de los 43 millones anuales desde 2011. Estos datos, solicitados por la diputada de Podemos Natividad Arnáiz al Parlamento, suscitaron cierta polémica al ser tan elevados. La diputada argumenta que esta inversión tan alta se debe a que se da respuesta a las enfermedades mentales solo desde el punto de vista farmacológico.

Sujanani advierte que no se debe trivializar este tema porque existen muchos trastornos mentales en los que los fármacos son imprescindibles en el tratamiento. "Hay cosas que no se mejoran con la terapia", asegura. Además, manifiesta que la inversión que se realiza en estos nuevos tratamientos hace que se reduzca el gasto en otras partidas sanitarias. "El hecho de que los fármacos más antiguos tengan efectos secundarios generan un rechazo en los pacientes y si no se los toman esto puede derivar en crisis e ingresos hospitalarios", explica.

En cuanto a los gastos derivados de la compra de otros medicamentos que se utilizan para trastornos menos graves, como la depresión o la ansiedad, la psiquiatra no considera que influya mucho en la cifra total. Sin embargo, si reconoce que existe una "sobredemanda" de este tipo de fármacos. "Hay personas que interpretan que cualquier malestar emocional requiere un tratamiento médico", apunta.

En su opinión se deberían potenciar otro tipo de tratamientos terapéuticos y psicológicos que ayudaran a reducir el consumo de estos medicamentos.

El mismo criterio tiene la psicóloga Tamara de la Rosa, quien valora que actualmente se está abusando de estos medicamentos. "Se quiere solucionar todo con pastillas, pero hay que cambiar la mentalidad y aprender a tolerar las emociones incómodas", apunta. Sin embargo, la psicóloga sí considera que en algunas patologías el uso de fármacos es imprescindible

De la Rosa argumenta que ante ciertas enfermedades menos graves se prioriza la medicación frente al tratamiento psicológico, que asegura es esencial para dar respuesta a algunos casos. En su opinión, los profesionales deben proporcionarle al paciente las herramientas para hacer frente a este tipo de situaciones, "porque si solo le damos medicación cuando deje de tomarla no dispondrá de los medios para enfrentarse a ella y volverá a recaer". Para ella el problema está en la falta de medios de la sanidad pública. "Hay muchos pacientes psiquiátricos y poco personal, por lo que no se les dedica el tiempo necesario", afirma.

Sujanani se muestra de acuerdo con De la Rosa y mantiene que durante la crisis ha aumentado la demanda de salud mental. "Se han incrementado los cuadros de ansiedad y depresión como consecuencia de los efectos de la crisis", afirma. Se trata de personas que se han quedado sin trabajo o que han sufrido un desahucio, que de no ser por la situación económica "nunca habrían visitado la consulta, pero que cuando llegan hay que darles una respuesta".

La psiquiatra argumenta que este aumento de la demanda también ha hecho que se incremente el gasto en medicamentos psiquiátricos "cuando lo que se debería haber hecho es incrementar las ayudas para estas personas".

En cuanto a la dependencia que crean este tipo de fármacos, Sujanani señala que los ansiolíticos pautados por un especialista se recetan siempre en dosis bajas y por un tiempo determinado, por lo que no deberían crear adicción. "El problema es que hay gente que se los toma sin ningún control", argumenta. Por su parte, De la Rosa afirma que crean dependencia. "Debe de ser una solución momentánea porque generan mucha tolerancia", expresa y asegura que conoce casos de personas que llevan 20 años tomando este tipo de fármacos.
Para Tamara De la Rosa la clave para reducir el consumo de estos fármacos pasa por un cambio de mentalidad. "Tenemos que saber que la felicidad y el dolor son dos caras de la misma moneda y aceptarlo", señala.

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