Opinión

Un insulto a los cazadores tinerfeños

Contestación al artículo de Jesús Villanueva sobre el presunto maltrato a los podencos

16.03.2016 | 15:20
Perros podencos durante una jornada de caza.

Contestación al artículo del escritor Jesús Villanueva Jiménez,publicado en el periódico la opinión de tenerife el pasado lunes día 14, sobre el presunto maltrato a los podencos.

En primer lugar, Sr. Villanueva, para poder escribir sobre cualquier tema, una persona sensata debe conocer lo mínimo sobre el asunto y, en este caso, considero que usted no tiene ni pajorera idea de lo que ha descrito en su artículo cuando, al comienzo, narra un cuento sobre un supuesto perro llamado Canelo y acaba dando palos al alcalde y concejales no afectos a usted del Ayuntamiento de El Rosario.
Usted se ensaña en describir el horror de la vida de un podenco, que solo existe en su imaginación, que ya entrado en años parece que no sirve para la caza del conejo, pero lo hace describiendo una situación inventada por usted, tratando de pintar una realidad lo más cruel y esotérica que se le ha ocurrido en su mente animalista usando una foto de un perro muy flaco que posiblemente ha estado extraviado de su dueño muchos días, en el transcurso de alguna jornada de caza. Eso es confundir a los lectores con tretas y amaños.

Cuando usted dice:

Canelo pasa la mayor parte de su vida junto a otros perros de su misma raza. Ha estado sujeto por el cuello a una cadena que apenas le dejaba moverse sobre un metro cuadrado de áspero, duro y frío cemento. Entre las paredes de bloques grises, bajo un techo de amianto, en las mismas pésimas condiciones, sobre sus excrementos y orines, todos con cadenas al cuello, malviven junto a Canelo una docena más de podencos. Condenados a cadena perpetua –nunca mejor dicho–, sin derecho a rechistar.

Lo hace vilipendiando a una persona, cazador, que no es otra que el supuesto dueño de Canelo. Yo desde mi perspectiva dudo de que exista ese Canelo y ese dueño de Canelo cazador. Una persona así solo puede existir en una mente calenturienta y depravada, en la que presuntamente y quizás usted se refleje a sí mismo.

Cuando dice:

Pero he aquí que se da la rocambolesca y paradójica circunstancia de que la nueva corporación municipal de El Rosario (que gobiernan a la limón el partido Iniciativa por El Rosario-Verdes –¡VERDES!– y Sí se puede) pretende ignorar las medidas razonables a favor de la calidad de vida de los podencos que han presentado dos asociaciones proderechos de los animales, Amicanes y ProDerecho Animal-El Rosario.
Por cierto, que un escritor escriba "a la limón" en vez de "al alimón"... La verdad es que me sorprende que tenga usted crédito en alguna editorial.

Hace más tarde una serie de absurdas aseveraciones sobre un presunto amaño entre el Ayuntamiento, encabezado por Escolástico Gil, y la Sociedad de Cazadores Nuestra Señora de El Rosario de La Esperanza: Escolástico Gil Hernández estudia derogar la vigente normativa que sanciona prácticas como mantener atados a los perros las 24 horas del día, con sogas tan cortas que apenas les dejan capacidad de movimiento, plegándose a la presión de la Sociedad de Cazadores de El Rosario.
Usted acusa en esta frase al alcalde de El Rosario y a todos los concejales que han votado la Ordenanza Municipal de Tenencia de Animales de una supuesta prevaricación que le ha conducido a no ceder ante sus chantajes sectoriales, acompañado por un grupúsculo de personas que se preocupan de manera oportunista, más por el bienestar de los perros de caza que de subsanar las penurias de tantos y tantos niños que tienen una infancia llena de carencias de lo más elemental, como es su atención alimenticia y sanitaria o su educación, o de la lucha contra el maltrato humano.

Usa usted, Sr. Villanueva, palabras que denigran a los cazadores de Tenerife, aunque trate de suavizar su intención diciendo que no todos actúan igual. Yo me siento injuriado, calumniado y vejado por sus frases. No es suficiente este desmarque suyo. Usted y algunos de los integrantes de Amicanes y Pro Derecho Animal El Rosario usan métodos muy crueles hacia las personas que con el voto de los ciudadanos del municipio han obtenido el compromiso de dirigir un digno Ayuntamiento, como es El Rosario, y así lo han hecho aunque no sea de su agrado.

Estamos en una democracia y usted, y cualquiera de los residentes del municipio de El Rosario, han gozado de las mismas oportunidades de intervenir en la elaboración de la Ordenanza Municipal, contra la que usted muestra sus más retorcidas acusaciones.
Al mismo tiempo, me avergüenzo de que sea usted capaz como ser humano de tratar como lo hace a los lectores de este periódico, que reciben por su parte una información sesgada y oportunista. Tengo casi 70 años y nunca he visto un podenco colgado de un pino, como usted describe en el artículo. Eso son imaginaciones suyas. Y menos que lo mate, como usted dice, su propio dueño sin otra justificación que la de ser viejo para la caza. Debe usted provenir en sus ancestros de otras latitudes donde se practican estos métodos que usted describe pero no de Canarias.

Insulta usted cuando dice: En este caso, no serían más que unos falsos verdes ese alcalde y esos concejales. O, lo que es lo mismo, unos farsantes que se han envuelto en la verde capa del ecologismo, el animalismo y en todo lo verde habido y por haber, que les diera todos los verdes votos de los bienintencionados paisanos de ese municipio tinerfeño favoreciendo las propuestas de la Sociedad de Cazadores de El Rosario, sean debidas a turbios compromisos adquiridos por el partido que lidera don Escolástico con el numerosísimo colectivo de cazadores de ese municipio.

Si esto no es una injuria y una calumnia, que baje Dios y lo vea. Espero que el equipo de Gobierno y el Pleno aprueben iniciar medidas judiciales contra usted por estas manifestaciones, sabemos que compartidas por algunos de sus socios de Amicanes, que por fortuna son una minoría poco representativa de los defensores de los animales.

Por mi parte también me lo pensaré y llegaré hasta donde pueda en una investigación jurídica sobre sus manifestaciones por si fueran un atentado público contra el honor de las personas, en este caso el colectivo de cazadores.
Porque de no ser así, don Escolástico y los suyos no serían más que unos miserables, tan miserables como los cazadores maltratadores de sus perros.

Espero que no le valgan como disculpa sus dotes de autor de un libro que ha escrito con escaso éxito, al que ni voy a nombrar, pues ni usted ni los Amicanes son el teniente general Antonio Gutiérrez de Otero ni los poco más de trescientos hombres de las milicias campesinas sin formación militar. Tampoco nosotros, los cazadores de El Rosario y Tenerife, somos las huestes de dos mil soldados bien instruidos y enviados en una poderosa flota británica, mandada por Horacio Nelson, a los que vencieron en la defensa de Santa Cruz de Tenerife por lo que pasó a llamarse Muy noble leal e invicta Villa, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago.

Usted no será como el teniente general Antonio Gutiérrez, ni soñando, condecorado por sus triunfos y valores ante el enemigo.

*Cazador y propietario de podencos

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