Los nombres guanches ya no marcan tendencia

La nomenclatura aborigen se puso en boga con la Autonomía pero 30 años después los bebés homenajean a cantantes o deportistas

13.03.2016 | 02:00

En el albor de la democracia, la aprobación del Estatuto de Autonomía de Canarias en el año 1982 impulsó el sentimiento nacionalista arrinconado durante años por la dictadura franquista. Como una reivindicación de lo propio, se produce una eclosión de nombres guanches en el Archipiélago. Los padres de aquella época rescataron para sus hijos nombres de los antiguos habitantes del Archipiélago, aun a pesar de que, en la euforia de la reivindicación, se cometiera algún que otro llamativo error.

Aday, Yurena, Xiomara, Aythami o Ayose se pusieron de moda durante esos años y coparon las listas de los colegios cuando los pequeños alcanzaron la edad escolar. Pero esa efervescencia inicial pronto se diluyó y dejaron de marcar tendencia. En las décadas posteriores, la normalización democrática y autonómica, la inmersión en un mundo globalizado y la imposición de modas procedentes de los medios de comunicación abrieron el abanico de posibilidades. Ahora los nuevos canarios responden a nombres que, cuanto más originales, mejor.
"Con la democracia salieron a la luz demandas nacionalistas, por lo que se produce un pico de nombres aborígenes en sus primeros años de andadura", sostiene el sociólogo Armando Peña. El Instituto Nacional de Estadística (INE) refleja que la década de los 80 fue el período en el que más se recurrió a los nombres guanches. Para los varones, el favorito, tras David y Daniel, fue Yeray ya que 1.649 recién nacidos en esos años recibieron ese nombre; 631 por la provincia de Santa Cruz de Tenerife y 809 por la de Las Palmas. Para las niñas, el preferido fue Yurena, llegando a ser el nombre más usado en la provincia occidental (925) y el segundo en la oriental (724). Junto a ellos se colaron en el ranking de los 20 nombres más frecuentes Jonay, Rayco, Guacimara, Yaiza y Nayra.

"No hay nada más propio en Canarias que los nombres guanches, que la lengua aborigen", subraya Maximiano Trapero, catedrático de Filología Española de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), para explicar la coincidencia de la irrupción de apelativos aborígenes en el Archipiélago con la aparición de la Autonomía de Canarias.

En este aspecto coincide José Antonio Samper, catedrático de Lengua Española de la ULPGC, quien añade que "son elementos lingüísticos que se toman como símbolos de identidad". Samper apunta, a su vez, que estos nombres "identifican a una región en oposición a otras como una especie de reafirmación".

El hecho de que durante el régimen franquista existiera una "tradición impuesta por la propia tradición" y que los nombres respondieran al santoral indica también, sostiene Trapero, que no se buscara revivir los nombres aborígenes y los más usados antes de los años 80 fueran Francisco Javier, Miguel Ángel, Antonio o Manuel en varones y las María del Pino y María Candelaria en mujeres, en honor a las patronas de las islas capitalinas.

El rescate de los nombres de los aborígenes de las Islas que se produjo en los 80 se hizo buscando en los libros de historia y no en la tradición, por lo que se cometieron "muchas barbaridades", recrimina Trapero. La pervivencia de la lengua que hablaban los antiguos habitantes del Archipiélago se fijó en la toponimia y en nombres comunes como gofio, tabaiba o baifo. Los personales, en cambio, se extinguieron tras la conquista e integración de los aborígenes en la sociedad castellana, quedando a flote pocos apellidos como Oramas o Tacoronte.

Los errores

En su resurgir fueron comunes los errores. Nayra, que se utiliza como un apelativo de mujer, era en realidad un aborigen varón de Telde. Otros, que identificaban rincones de las Islas, se extendieron como nombres de personas. Es el caso de Aridane, Adeje, Teguise, Famara, Isora y Yaiza. Este último, además, con un error ortográfico, ya que, según explica Trapero, los aborígenes no pronunciaban ni la ´c´ ni la ´z´, por lo que habría que escribir el nombre como suena (Yaisa). Y es que la búsqueda de ortografías originales también implica que algunos nombres se desvirtúen y su origen aborigen quede difuminado.

Pasados los años, pasada la fiebre de reivindicación de la realidad isleña y superada esta ebullición de los guanchismos, entran en juego otros factores a la hora de buscar cómo llamar al recién nacido, según señalan los expertos. En los 90, la década anterior y los primeros años de ésta, escalan tan solo a los 20 primeros puestos de los más utilizados los nombres de Yeray y Aday por Santa Cruz de Tenerife.
El verseador y repentista Yeray Rodríguez, también profesor en la ULPGC, expone que el hecho de que disminuyan el volumen de nombres guanches no constituye un elemento del que lamentarse porque se trata de una cuestión personal, pero sí aboga por conocer a fondo la historia que entraña cada nombre y las tradiciones de las Islas: "Apuesto más por el conocimiento que por la moda".

En el mundo global gana terreno la influencia de los medios de comunicación e irrumpen con fuerza nombres como Jonathan, Kevin, Lady, Iker o Jennifer, ligados a actores, deportistas, cantantes o protagonistas de telenovelas. "Siempre hay segmentos poblacionales más condicionados por los mass media y las modas, aunque sean minoritarios", esgrime el sociólogo Armando Peña.

Pero la motivación para escoger el nombre de los bebés es tan variopinta que a veces ni siquiera corresponden a ningún uso o tradición. Simplemente son, como indica Trapero, "pura invención" para conseguir el más original. "Se busca el nombre que no existe en ninguna escritura y que nadie haya pronunciado jamás", concluye.

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