Derribando muros todos los días

Medio millar de manifestantes reivindican "todos los derechos para todas las mujeres"

09.03.2016 | 12:36
Derribando muros todos los días
Las participantes en la performance derriban las cajas de un muro lleno de prejuicios y oprobios.

"Contra la violencia machista, rebelión feminista". Con este grito al unísono, varias decenas de mujeres alzaron ayer por la tarde su voz
en una performance en la plaza de La Candelaria, de Santa Cruz de Tenerife para reivindicar la igualdad de derechos para todas las mujeres en una manifestación convocada por la Plataforma 8 de Marzo de Organizaciones de Mujeres de Tenerife. Simulando ser pesadas losas, arrastraron decenas de cajas de cartón con folios pegados en los que se leían algunos de los oprobios que a diario sufren muchas mujeres: "gorda, feminazis, machona, súbete ese escote, compórtate como una señorita, tortillera, mujer tenías que ser, no vayas sola, ponte a fregar o eres tonta". Con las cajas construyeron un muro para derribarlo luego con fuerza. Esa acción simbólica representa el muro con el que día tras día se enfrentan miles de mujeres en todo el mundo y que intentan derribar en una lucha constante, pero incansable, para reivindicar la igualdad de derechos de todas las mujeres en todos los ámbitos de la vida.

En un día como ayer, que "no es de celebración, sino de reivindicación y de lucha", como señalaron algunas de las manifestantes, las mujeres salieron a la calle para hacerse oír y desafiar al "sistema capitalista patriarcal y heteronormativo" que aún predomina después de siglos y que mantiene a las mujeres en una posición de subordinación. La brecha salarial, las dificultades para acceder a puestos de alta dirección o las desiguales cargas de trabajo, ya sea en las empresas o en la vida privada, son algunos de los signos que evidencian que los derechos entre hombres y mujeres solo se imprimen en papel –a veces ni siquiera eso– y no se traducen en hechos reales y cotidianos.

La Plataforma 8 de Marzo denuncia que estamos en un sistema en el que "las mujeres son sometidas a situaciones de extrema precariedad, discriminación y desigualdad, fruto de la división sexual del trabajo; un sistema que convierte los trabajos domésticos y de cuidados, indispensables para el sostenimiento de la vida, en una responsabilidad exclusiva de las mujeres; un sistema que excluye a las mujeres de los espacios de toma de decisiones; un sistema en el que millones de mujeres son sometidas a múltiples formas de violencias machistas, como mecanismo de sometimiento a las estructuras de dominación masculina", según recalcaron en el manifiesto leído anoche tras la manifestación.

Se trata, no cabe duda, de un sistema señalado por el dedo de la vergüenza, pero que sigue instalado en todas las sociedades sin apenas provocar sonrojo mientras muchos miran para otro lado. Por ello, un año más, se salió a la calle par visibilizar las "múltiples formas de opresión" que sufren las mujeres, las de la clase trabajadora, las migrantes, las mayores, las jóvenes, las lesbianas, las bisexuales, las transexuales, las intersexuales, las mujeres con diversidad funcional, las mujeres que ejercen la prostitución, las mujeres rurales, las refugiadas, las mujeres cuyos pueblos están siendo oprimidos, incluso, también aquellas mujeres que ayer no se sumaron a la manifestación pero que entendían perfectamente todas las consignas porque también sufren a diario discriminación, protesten o no contra él a diario también.

Porque "aún queda mucha lucha por la igualdad que proclamamos un año más", señalaba Elisa Rosales o porque "hoy, y todos los días, hay que reclamar todos los derechos para todas las mujeres", apuntaba María Eugenia Monzón. El 8 de marzo es una fecha para una reivindicación que debe ser recordada todos los días; y un homenaje también, para no olvidar la muerte de 146 trabajadoras calcinadas en una fábrica neoyorquina en 1908.

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