Día Internacional de la Mujer

María José Guerra: "Para los hombres, el género es una coraza, y para las mujeres, un corsé"

"En la industria del entretenimiento hay una resistencia enorme a cambiar los roles asignados a cada sexo", afirma la profesora de Filosofía de la ULL

05.03.2016 | 11:59
María José Guerra.

María José Guerra es doctora en Filosofía, experta en género y profesora de la Universidad de La Laguna. Ha sido directora del Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres de la ULL y ha dirigido las dos ediciones del Máster en Estudios Feministas, Políticas de Igualdad y Violencia de Género. Para ella los roles tradicionales de género no han variado demasiado en los últimos años, ya que ve como sus alumnos siguen reproduciendo los mismo estereotipos de las generaciones anteriores.

¿Qué les diría a quienes piensan que ya no hay motivos para seguir reivindicando el Día de la Mujer?

El 8 de marzo se refiere a una lucha de mujeres trabajadoras que acabó en tragedia en la famosa fábrica Cotton. Representa la lucha por los derechos laborales de las mujeres y si alguien dice que no hay motivos de preocupación tendría que irse a las estadísticas y ver cuáles son las cifras de desempleo femenino, de brechas salariales entre mujeres y hombres y como todavía hay sectores profesionales muy masculinizados, en los que hay verdaderos obstáculos para que las mujeres ingresen. Es decir, hay una situación muy alejada de la igualdad entre los sexos. Eso se debe a la estructura social, a los prejuicios y a los estereotipos. Creo que luchar por conseguir una sociedad más igualitaria en todos los terrenos es parte de los objetivos éticos y políticos básicos y que además tiene que ver con tomarse en serio de los derechos humanos. Quien piense que todo está resuelto y que la igualdad entre los sexos es un hecho es que es una persona muy mal informada.

Sin embargo, la legislación sí que recoge esa igualdad entre hombres y mujeres ¿por qué no tiene un reflejo real?

No en todas las sociedades ocurre esto. Hablamos solo de determinados países con un cierto grado de desarrollo y de consolidación democrática en donde hay igualdad jurídica, pero eso tampoco quiere decir que la realidad social sea igualitaria. Hay todo un conjunto de prácticas que conllevan la reproducción de la desigualdad. En este sentido, es fundamental que no solo las leyes den legitimidad al trato igual sino que haya, asimismo, cambios culturales y sociales importantes para que esas inercias se desactiven y podamos combatirlas y anularlas. Existe un marco legal, pero los marcos legales hay que desarrollarlos y la gran batalla está en el cambio cultural, en anular los roles estereotipados y en acabar con todas esas inercias que perpetúan las desigualdades.

¿Cuáles son los mensajes que más influyen a la hora de perpetuar esos roles?

Lo más complicado, me parece, es cambiar los mensajes de los medios de comunicación y de la industria del entretenimiento. Ahí es donde veo que hay una resistencia enorme a cambiar dinámicas para que existan otros modelos tanto de hombres como de mujeres, de masculinidad y feminidad, incluyendo la diversidad sexual, ajenos a los modelos sexistas. En este sector no es cuestión de legislar sino de impulsar grandes debates para transformar mentalidades. Se trataría de dar más visibilidad a gente que hace creaciones rupturistas y que desafían todos esos modelos heredados que responden a la típica historia romántica que acaba siempre de la misma manera. El impacto de estos mensajes de los medios de comunicación social es mucho más fuerte, sobre todo porque la gente los ve como entretenimiento y en ese momento suspendemos la capacidad crítica, es algo parecido a lo que ocurre con la publicidad. La publicidad recrea un imaginario sexista casi sin fisuras.

¿Por qué los jóvenes siguen consumiendo este tipo de historias tan estereotipadas?

El sociólogo Pierre Bourdieu lo explicaba muy bien. Él hablaba de violencia simbólica, que es aquella que simplemente no reconocemos como violencia, de tan normalizada y naturalizada que está, pero que ya está prefijando qué papeles sociales tienen que jugar las mujeres y los hombres. Eso tiende a la repetición, la sociedad es una máquina de reproducción social que reitera automatismos. Si no hay procesos de reflexión y debate solemos repetir los comportamientos heredados. Por eso, durante generaciones la juventud ha repetido las pautas de comportamiento de las antiguas generaciones. En los sesenta y setenta del siglo pasado hubo rupturas a cargo del feminismo, pero los mecanismos de reproducción social son resistentes, cuesta mucho desactivarlos.

¿De verdad los jóvenes actuales siguen teniendo la misma percepción de los roles de género que sus padres?

Simone de Beauvoir en 1949 escribió el libro fundamental del feminismo en el siglo XX, El segundo sexo. Ahí ella describe la iniciación sexual y hace una denuncia del doble rasero en la moral sexual. Para las mujeres la moral siempre ha sido la virginidad, la fidelidad, la castidad y este tipo de cosas. Hice, un curso, un experimento en clase, debatimos ese capítulo y me llevé esta desagradable sorpresa: tanto chicos como chicas me decían que la doble moral sexual seguía siendo casi la misma que narraba Beauvoir en 1949. Ahí te das cuenta de que hay cosas que son muy difíciles de remover y que tienen que ver con la libertad sexual y reproductiva de las mujeres. Por ejemplo, no hay la misma valoración social para un chico que ejerza su libertad sexual que para una chica. Esos son los espacios más difíciles de ganar, los ligados a los temas reproductivos, como el aborto, y los relativos a la libertad sexual de las mujeres.

¿De qué manera influyen los roles de género en los hombres y las mujeres?

En algún sitio escribí que el género para los hombres, la masculinidad hegemónica, es como una "coraza" porque el imperativo de la masculinidad es "los niños no lloran", la dureza, y para las mujeres un "corsé", esto es, cuanto más constreñida y reprimida mejor. A los chicos se les pide eso, endurecerse, competir, bloquear sus emociones, no mostrar empatía. A las chicas todo lo contrario: hacerse cargo de las necesidades de los otros.

La violencia de género y los asesinatos son la máxima expresión de la desigualdad, pero todavía hay muchas prácticas que sí que están más normalizadas ¿no?

Sobre todo las pautas de control. Las nuevas tecnologías son medios muy eficaces para todas esas prácticas de control. Este es un gran problema. Pensar en las relaciones, simplemente, desde el respeto a la libertad del otro, de la otra, es todavía una asignatura pendiente. El control tiene que ver con la dominación y con el pensar que la vida de las personas tiene que estar en función de tu vida. La tarea educativa y el cambio de modelo tienen que ser muy importante sobre todo en la adolescencia. Las encuestas que se hacen sobre las actitudes entre los jóvenes son muy negativas. Hay que cambiar esos modelos y pensar en otras formas de relación. Tener en cuenta el respeto y la libertad y que la gente, simplemente, pueda ser autónoma y feliz al margen de modelos de dominación y subordinación sexistas y heterosexistas.

¿Qué otro aspecto se podría destacar?

Por citar algo en lo que no se piensa: la ciudad, por ejemplo, no es un espacio neutro para mujeres y hombres. Estamos condicionadas casi desde pequeñas a entender que hay determinadas situaciones que pueden ser peligrosas para nosotras. Las mujeres y los hombres no tenemos la misma vivencia del espacio público. La perspectiva de género es una visión crítica del espacio y el tiempo social muy necesaria.

¿La crisis ha influido en un retroceso en los derechos que tienen las mujeres?

Yo creo que sí. La obra Desiguales ante la crisis, de 2011, de Lina Gálvez y Juan Torres, dos economistas, ya hacía una primera estimación de impacto desigual. Un ejemplo muy ilustrativo puede verse en el abandono escolar. En la época de la burbuja inmobiliaria eran los chicos quienes dejaban de estudiar cuando estaban todavía en la etapa de enseñanza obligatoria, porque los contrataban en la construcción. Cuando ha venido la crisis, muchas familias se han quedado con pocos recursos y la situación ha variado porque cuando hay necesidades dentro de la familia y se tira de las niñas para, por ejemplo, el cuidado de menores o de los abuelos. Es decir, se vuelve a reproducir el rol de la mujer como cuidadora social.

¿Por qué se sigue dando esta situación a pesar de las medidas que se han tomado?

Cualquier medida va a tener un impacto de género diferencial, porque la sociedad es una estructura en donde la división sexual del trabajo sigue operando. Hay ámbitos donde logramos paliarlo pero no tanto. Según un estudio publicado recientemente, La Universidad de La Laguna es una de las instituciones universitarias de todo el estado con menos profesorado femenino, cuando tendríamos que ser la mitad. En cuanto al número de catedráticos y catedráticas, las mujeres no llegamos al 20% a nivel de todo el estado. Es decir, que aun en instituciones que podemos suponer que son muy igualitarias todavía hay muchas desigualdades.

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