Miguel Ángel Tobías: "Es vergonzoso que la misión de la ONU en el Sahara no vigile los derechos humanos"

"Francia, con su derecho a veto en el Consejo de Seguridad, y las Naciones Unidas permiten a Marruecos todas las barbaridades que les dé la gana contra los saharauis", afirma el director y productor del documental ´Gurba. La condena´ sobre el Sahara Occidental

27.02.2016 | 11:39
Miguel Ángel Tobías: "Es vergonzoso que la misión de la ONU en el Sahara no vigile los derechos humanos"

Miguel Ángel Tobías llevó el pasado día 17 al Paraninfo de la Universidad de La Laguna el documental que dirigió sobre el calvario que están sufriendo los saharauis, Gurba. La condena. Este vasco de 48 años, polifacético y viajero, que ha sido también presentador de televisión (entre otros junto con Isabel Preysler o José Luis Moreno), actor de cine y teatro, y director de Españoles en el mundo (TVE), reflexiona en esta entrevista a la opinión de tenerife sobre el conflicto del Sahara Occidental, que lleva más de 40 años enquistado. En la Universidad llenó el Paraninfo y generó un debate con los asistentes sobre este drama que no encuentra solución.
Acudió mucha gente a la emisión de su documental y el posterior debate organizado por la Universidad de La Laguna. ¿Notó que en Canarias hay una gran sensibilidad con el problema del Sahara Occidental?

Sí, se nota que es un tema que preocupa mucho a los canarios por una cuestión de cercanía geográfica e histórica. Fue muy satisfactorio pasar la película y, sobre todo, el debate que se organizó luego en un marco tan importante como el de la Universidad de La Laguna. En este foro quedó claro algo que yo siempre digo: el poder que tiene lo audiovisual para generar reflexiones sobre temas que tienden a olvidarse.

Y es que ha servido para devolver a la actualidad un tema que por llevar enquistado tanto tiempo pierde vigencia, cuando sigue sin resolverse el conflicto.

O se muestran estos documentales o el tema tiende a quedar en el más absoluto ostracismo, no ya sin que se solucione el problema de base, que sería la devolución a los saharauis de las tierras que le fueron robadas, sino sin que se acabe de una vez el drama humanitario que están sufriendo los saharauis.

Entre otros temas, el documental aborda "la fatiga" que ha generado este conflicto y que esa fatiga por el tiempo que ha pasado sin que se llegue a una solución está mermando la ayuda humanitaria. ¿Notó en los campamentos de refugiados que ese hartazgo reduce la cooperación?

Precisamente esta película la hice pensando menos en lo que le podría interesar a la gente del conflicto y más en las necesidades que están pasando los saharauis y cómo podía ayudarles. Lo decidí cuando me explicaron que los organismos internacionales están dando la mitad del dinero que necesitan esas personas para salir adelante de forma digna: para tener medicinas, agua y alimentos, una mínima calidad de vida... Se intenta que la gente se proponga qué puede hacer desde su posición para que esto acabe. Vivimos un periodo histórico en el que la revolución de la tecnología permite que en prácticamente todos lados nos podamos enterar de lo que ocurre hasta en los rincones más recónditos. Eso es bueno pero tiene una contrapartida: como recibimos permanentemente información sobre las cosas que están pasando, lo que se enquista pierde interés y sale de foco.

¿Cómo vio a los saharauis de los campos de refugiados?

He visto a la población saharaui agotada. Ellos intentan mostrar una actitud de lucha incansable y permanente, una lucha para que se respeten sus tierras y sus derechos como pueblo, pero te das cuenta de que por dentro hay un agotamiento gigantesco y una gran desesperación. Y la hay más en los jóvenes que en los mayores, lo cual es una paradoja, porque las personas mayores llevan más tiempo sufriendo el exilio. Los jóvenes, sin embargo, son los que están más cansados de que la comunidad internacional mire para otro lado e incluso llegan a plantear a los mayores si no sería necesario volver a una confrontación armada, por mucho que los saharauis tengan claramente las de perder. Da la sensación de que a los jóvenes les da igual ese desequilibrio con Marruecos evidente cuando han percibido que están viviendo en un desierto árido, casi inhabitable, en el que se levantan todas las mañanas viendo siempre lo mismo, polvo de piedra y horizonte; con apenas 11 litros de agua por persona y día, con precariedad laboral y hasta existencial... Los jóvenes se preguntan qué estoy haciendo aquí sin ninguna perspectiva de futuro más allá de la simple supervivencia. Es que encima no están en su tierra, no tienen nacionalidad, no tienen futuro... No tienen nada que perder.

Ante tal coyuntura, ¿por dónde pasa la solución para usted?

La comunidad internacional debe presionar a Marruecos para que ceda no el cien por cien de las tierras que reclaman los saharauis, lo cual parece imposible, sino al menos una porción para que tengan por lo menos su trozo de mar, una parte de las minas de fosfatos y, en definitiva, el territorio suficiente para que puedan hacer su país y disponer de los medios y recursos necesarios para prosperar. Habrá gente que no esté de acuerdo, y lo comprendo, pero creo que hay que tener en cuenta lo que es posible en contraposición con lo que es deseable.

El documental lo ha hecho con sus propios medios y se está emitiendo por todo el mundo con el propósito de obtener fondos para ayudar a los saharauis. ¿Cuándo volverá para llevar todas esas colaboraciones?

El hecho de haberlo hecho con mis propios medios económicos y técnicos me ha dado más libertad para plasmar lo que yo quería. Pero, además de intentar generar conciencia, es un proyecto cien por cien benéfico. He querido con él recaudar fondos para ayudar a la causa saharaui. Esto ha facilitado su distribución por todo el mundo, de tal manera que está a disposición, no solo de todas las asociaciones a favor del pueblo saharaui de todo el mundo, sino de cualquier causa social. Así, se han hecho proyecciones para el Banco de Alimentos, Mensajeros de la Paz, Cáritas, Acnur... Un ejemplo de esto es que organizamos una proyección junto a la Fundación ONCE que nos permitió recaudar fondos para llenar dos contenedores de material que van a ir pronto al centro Centro Mártir Cheriff, que atiende en los campamentos de refugiados de Argelia a las víctimas de las minas colocadas por Marruecos en el Sahara Occidental. En la película estuvimos en este centro que atiende a cientos de personas con amputaciones y otros problemas gravísimos producidos por las minas.
Llevaremos, gracias en gran parte a la ONCE, prótesis, brazos, piernas, camas articuladas... Todo para que estas víctimas tengan una mejor calidad de vida. Tenga en cuenta que hay más de 10 millones de minas colocadas por Marruecos, algunas de fabricación española y otras italianas, francesas y estadounidenses.

Qué curioso, países que por un lado proclaman la paz y por el otro hacen negocio con las armas que se usan en estas guerras.

Sí, es una gran contradicción. Encima, se usan en los mismos sitios a los que tenemos que ayudar. Esta es la locura en la que vivimos.

Pero no ha estado usted solo. Lo han ayudado muchas asociaciones, ONG y personas en particular. ¿Quiénes por ejemplo?

Pues la música la puso un compositor, Alfonso González, que trabaja en Hollywood, y la voz en off la pone Imanol Arias, que me pidió hacerlo de forma voluntaria porque cuando vio una primera versión de la película no le gustó la mía. Es una persona muy sensible con las causas sociales y una semana después de proponérmelo ya estaba en el estudio trabajando.

También toca la película el hecho de que Francia, el país de la fraternidad, la igualdad y la libertad, haya posibilitado con su derecho a veto en el Consejo de Seguridad de las Nacionales Unidas que la misión de paz de la ONU en el Sahara Occidental, la Minurso, sea la única del mundo que carece de atribuciones para velar por el cumplimiento de los derechos humanos. ¿Cómo se puede explicar que una misión de paz no vele por los derechos humanos?

Hay mucha gente que no lo entiende y menos que Francia, en apoyo de Marruecos, lo haya propiciado, el precursor teóricamente de los derechos humanos en el mundo. Es algo increíble que denota el nivel de hipocresía que se maneja en esa llamada comunidad internacional. O sea, Francia en concreto, con su derecho a veto en el Consejo de Seguridad, y la ONU permiten que Marruecos haga las barbaridades que le dé la gana contra la población saharaui en los territorios ocupados ilegítimamente. De hecho, hay denuncias de violaciones de los derechos humanos permanentemente, todos los días. Solo decirlo me da vergüenza. Pero hay una cosa que tiene que quedar clara: para que se pueda decir que hay una violación de los derechos humanos, no hace falta que haya torturas, hambre, sed; no hace falta que una persona tenga que sufrir en contra de su voluntad unas condiciones de vida durísimas. El solo hecho de que un ser humano, de forma obligatoria, esté viviendo fuera de su tierra es una violación de los derechos humanos. Y no solo ocurre con los saharauis. Hay millones de personas en el mundo que se ven obligadas a huir de sus países.ndiente de descolinización".

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