Los 'boogies' surfean en la nieve

Muchos tinerfeños madrugan para subir al monte y pasar una jornada de diversión con el manto blanco de los bordes de las carreteras

22.02.2016 | 02:51
Los 'boogies' surfean en la nieve
La familia Martínez juega con la nieve.

Cientos de tinerfeños no lamentaron ayer que su despertador sonara antes de las siete de la mañana. A pesar de que los accesos al Parque Nacional de las Cañadas del Teide permanecieron cerrados durante el día, fueron muchos los que se vistieron con sus ropas más abrigadas para pasar una jornada entre muñecos de nieve y bajas temperaturas. "¡Colega, qué frío!", era uno de los comentarios más repetidos durante la mañana en la carretera de La Esperanza, una de las vías que más coches recibió durante la jornada.

La ansiada nieve se dejaba ver a los 1.500 metros de altura, cerca del mirador de Ortuño. A partir de ahí, la temperatura no subía de los cuatro grados centígrados. A las diez de la mañana ya eran decenas los coches estacionados en el kilómetro 24 de la TF–24, donde el Cabildo de Tenerife estableció el corte de tráfico el pasado jueves. A pesar de que la verja impide el paso de vehículos en este punto, los operarios de Carreteras de la Corporación tinerfeña permitían ayer a los curiosos avanzar algunos kilómetros a pie mientras las quitanieves no paraban de trabajar.

Marta Dorta, Victoria Pérez y Silke Quintero estaban ya disfrutando de la nieve a las nueve de la mañana. Con el estilismo muy pensado y un maquillaje perfecto, las jóvenes no pararon de hacerse fotografías para las redes sociales. "Siempre vemos que nuestros amigos comparten fotografías cuando nieva y esta vez queremos ser nosotras las que las muestren", explicaron mientras se acercaban al coche para desayunar y reponer fuerzas.

La pequeña Amy del Castillo, de tan solo tres años de edad, descubrió ayer lo que era la nieve. Llegó desde Santa Cruz de la mano de su padre, Diego, y, aunque las interminables capas de ropa que llevaba puesta no la dejaban moverse prácticamente, se plantó delante de una de las palas que retiraban la nieve de la carretera y no apartó la vista de los trabajos que realizaba.

Daniel Álvarez, de diez años, no solo comparte con su padre su nombre. Ayer parecían gemelos con el boogie en una mano y ataviados con un chubasquero azul. El pequeño era la primera vez que veía la nieve y reconoció que no le dio ningún pereza tener que levantarse tan pronto, aunque fuera domingo. A Jorge Martínez, de 12 años, tampoco le importó madrugar ayer. Su familia llegó a esta zona de la cumbre tinerfeña a las 08:30 horas y a las diez de la mañana aún les quedaban fuerzas para tirarse bolas de nieve.

Alba Rodríguez y Jordan Sánchez no estaban preparados para pasar el día en la nieve. Por eso, el sábado se fueron de tiendas y compraron guantes, gorros y bufandas para toda la familia. "¡Y por menos de tres euros!", explicaron ayer mientras hacían un muñeco de nieve en mitad de la carretera. Al igual que llegaron ataviados con ropa recién estrenada, también subieron a las cumbres de Tenerife con suministros para pasar toda la jornada. Chocolate, café con leche y bizcochón eran solo algunos de los manjares que les esperaban en el coche.

La mayoría de los que ayer se acercaron a este punto de Tenerife conocían la prohibición de acceder con los vehículos al Parque Nacional y por eso se mentalizaron para realizar una larga caminata que les permitiera disfrutar de la nieve, ese fenómeno que tan pocas veces se deja ver por la Isla. Ni los perros quisieron perderse esta cita con la nieve. Los pequeños Noa y Kraus caminaron ayer por primera vez sobre el blanco manto y por sus temblores parecía que nos hacía demasiada ilusión el plan elaborado por sus dueños para la jornada dominical.

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