Francisco Sánchez
Fundador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC)

"La astrofísica en Canarias sale ganando con este gran hallazgo"

13.02.2016 | 02:00
Francisco Sánchez Martínez, fundador del IAC.

Francisco Sánchez Martínez, el investigador que fundó el Instituto de Astrofísica de Canarias y toda una eminencia en el mundo de la astronomía, admite en esta entrevista a la opinión de tenerife que celebró el jueves, a sus 79 años, la primera captación de las ondas gravitacionales "como si fueran una melodía maravillosa". "Va a ser muy importante para la astrofísica en Canarias y para la ciencia en general", aseguró Sánchez, quien descubrió cuando solo tenía 25 años (1961) la extraordinaria calidad astronómica del cielo de las Islas.

¿Qué supone el descubrimiento de las ondas gravitacionales para la ciencia en general y la astrofísica en particular?

Es un descubrimiento histórico, muy importante. Y es un descubrimiento decisivo primero para la ciencia, porque supone una confirmación de la teoría de la relatividad de Einstein, pero también para la tecnología, porque haber conseguido hacer una medición con esa precisión tan extrema va a traer avances tecnológicos.

¿Pero estas ondas de energía generadas por los choques de agujeros negros van a suponer un antes y un después?

Es una nueva ventana que se abre al Universo, una ventana muy importante. Aparecerán nuevos hallazgos gracias a esta ventana pero eso no quiere decir que haya que cerrar las que ya se han abierto, ni mucho menos. Eso no quiere decir que ya no tengan sentido los observatorios del Roque de los Muchachos y el Teide. Es todo lo contrario: refuerza estos observatorios, al Instituto Astrofísico de Canarias, a los satélites y en general a todas las investigaciones para descubrir lo que ocurre en el Universo que se están desarrollando en todo el mundo. Todo está unido; son investigaciones complementarias. Todas son y seguirán siendo necesarias, incluidas las que van a aparecer ahora con estas ondas gravitacionales.

Por tanto, ¿es una buena noticia para Canarias como la región de Europa que acapara las investigaciones astrofísicas?

Por supuesto, van a salir ganando. Es más, cobran todavía más sentido estas instalaciones para irnos acercando poco a poco a los conocimientos que perseguimos.

¿Este hallazgo va a servir, además de para conocer mejor el Universo, para que los seres humanos avancemos?

La gente que lo está pasando muy mal dirá: Déjese usted de tonterías que yo tengo hambre y necesito comer o tengo una enfermedad y necesito una cura. Eso es lo primero. Pero la gente tiene que tener en cuenta que para poder dar de comer a tantos o para curar a tantas personas hace falta mejorar el conocimiento. Y todo el conocimiento científico está muy interrelacionado. Por ejemplo, internet surgió como una forma para comunicarse entre científicos. Es el interés de toda la ciencia básica: conocer un poco más el mundo en el que vivimos y quiénes somos. Lo que pasa es que los resultados operativos y prácticos, que es lo que a la gente le gustaría saber –es decir, si mañana por ejemplo van a comer mejor– solo llegarán con el tiempo. Pero más allá de esas aplicaciones prácticas, el ser humano quiere saber dónde está y de dónde viene. Eso es ciencia básica y esta es una nueva oportunidad para conocer mejor el Universo que nos rodea y, al fin y al cabo, dónde estamos y de dónde venimos.

Estamos hablando del ruido, por decirlo de alguna manera, provocado por el violento abrazo de dos agujeros negros ocurrido hace más de 1.300 millones de años. ¿Cómo podemos hacernos una idea de estas dimensiones colosales?

Este descubrimiento demuestra la ceguera que tenemos los humanos acerca del Universo, de sus dimensiones, de la dificultad que entraña entenderlo. Pero esa ceguera es normal porque son dimensiones difíciles de comprender. La información que llega a la Tierra es tan débil, por toda esta inmensidad, que se tiene que utilizar altísima tecnología para captarla y estudiarla. Por eso se usan, por ejemplo, telescopios como los que tenemos en Canarias, que son embudos que captan toda esa información.

¿Este hallazgo servirá para arrojar luz sobre grandes preguntas como el mismo origen del Universo y de la materia de la que está compuesto?

Hasta ahora hemos venido recibiendo información, de forma débil pero útil. Hasta este momento, la mayor parte de esa información que viene del exterior lo hace en forma de ondas electromagnéticas, que es la luz, y otras ondas, como la ultravioleta, los infrarrojos... También viene en partículas cargadas, como son los rayos cósmicos. De ahí las nuevas instalaciones del Roque de los Muchachos. Esta nueva ventana que ha aparecido ahora nos va permitir recibir nueva información procedente de las ondas gravitatorias, que es por simplificarlo mucho una perturbación del espacio-tiempo que se genera en los grandes procesos superenergéticos que suceden en el Universo. El Universo está lleno de grandes episodios superenergéticos, con la energía de millones y millones de bombas nucleares. Es muy difícil, ya digo, que estos fenómenos nos entren en la cabeza bajo nuestros propios parámetros.

¿Entonces va a servir para despejar esos grandes misterios?

Por supuesto que sí. Va a ser servir, por ejemplo, para conocer mejor la gravedad, que es consustancial con la misma existencia del ser humano. No nos caemos y estamos pegados a este planeta redondo por la ley de Newton. La relatividad general es vital para conocer mejor la gravedad y probablemente gracias a este descubrimiento podremos entender mejor la gravedad, que no la conocemos todavía del todo. Y esto, por tanto, es básico para la vida humana, para todo. Pero todavía no sabemos qué vamos a descubrir. Hay sospechas, muchas, pero llegarán nuevas conclusiones.

¿Cómo se enteró? ¿Qué sintió en ese momento?

Estaba oyendo la radio. Me enteré al mismo tiempo que todo el mundo. Lo primero que pensé fue: ¿Esto es así como lo están diciendo? Los descubrimientos científicos, sobre todo estos tan trascendentales –dese cuenta de que llevamos cien años buscando las ondas gravitatorias después de que Einstein las predijera con la teoría de la relatividad de 1916–, tienen que estar completamente confirmados y verificados. En ciencia, uno no sólo puede tener una idea genial, sino que tiene que probarla. Y probarla es medir, medir y medir. En la ciencia, además, cada teoría está siendo permanentemente rebatida, por lo que siempre está en continuo examen. Hay que atar bien todos los conocimientos antes de hablar. Por eso es lógico que estos científicos se callaran y lo dijeran cuando lo debían decir, cuando ya estaba todo bien atado.

¿No le llegó ninguna noticia antes, ninguna filtración?

Siempre hay runrunes pero esto ahora tiene todos los visos de ser absolutamente certero. En cualquier caso, tendrá que reconfirmarse con otros experimentos que están en marcha y que, muy probablemente, lo constataran. Así es la ciencia. Puede parecer un poco aburrida, desesperadamente lenta, pero así es y así tiene que ser.

¿Qué sintió cuando lo oyó?

Después de ese primer momento de cierta incredulidad, empecé a hablar con amigos científicos. Sentíamos excitación. La compartimos todos. Tenga en cuenta que las ondas gravitacionales eran la comidilla. Se hablaba mucho de ellas. Ya pasó con el descubrimiento de la radiación de fondo de microondas, que tanta importancia tuvo y que fue redescubierta por el experimento Teide en Tenerife. Nosotros, los investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias, junto con los británicos estuvimos a punto de adelantarnos pero la anunciaron primero los norteamericanos, aunque por muy poco. Son las emociones de la ciencia.

Para que la gente se haga una idea de la complejidad del hallazgo, ¿cuántos investigadores trabajaron para lograrlo?

Llevábamos muchos años pensando en las ondas gravitacionales y buscándolas. Tenga en cuenta que concretamente en este experimento había implicados del orden de mil investigadores de 16 países. Pero hubo otros muchos experimentos con muchísima más gente para buscar estas ondas. Para todos ellos y para los que tienen una especial sensibilidad hacia la ciencia, esto es como haber escuchado una melodía maravillosa. Ahora estamos sintiendo la emoción del descubrimiento. Y para mí también es una melodía maravillosa, ahora que hablamos de ruidos, aunque son sonidos de una intensidad tan baja que por eso se han tenido que utilizar instrumentos avanzadísimos, de una extraordinaria complejidad. Esa perturbación, esa onda, es mucho más pequeña que un átomo, imagínese.

¿David Reitze, director ejecutivo del Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO), en Estados Unidos, entidad responsable de este anuncio histórico, ha estado relacionado con el Instituto de Astrofísica de Canarias?

Sí, el líder de este experimento ha estado hace no mucho en Tenerife, en nuestras instalaciones. A muchos premios Nobel y a los mejores científicos del mundo les interesa tener contacto con el Instituto Astrofísico de Canarias no solo para trabajar en los observatorios, sino para relacionarse con nuestros investigadores. Es una muestra más de que hemos conseguido que el IAC esté en contacto con los mejores centros de investigación del mundo.

Estas perturbaciones, ¿alteran hasta el tiempo?

Claro que lo alteran, de una forma que no se puede imaginar. Ya de por sí imaginarse un agujero negro cuesta. No los podemos ver y, además, son tan grandes, acumulan tanta masa, que hasta la luz es absorbida y no puede salir. Pues cuando esos monstruos gigantescos chocan, que son como cientos o miles de soles de masa cada uno, imagínese la cantidad de energía que desprenden. La masa que se pierde se convierte en energía y llega muy muy lejos a lo largo de millones y millones de años. Pero también es una perturbación se va haciendo cada vez más pequeña. Si estuviéramos al lado claro que la notaríamos. Desapareceríamos.

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