Alfamir Castillo: "Es muy duro tener que abandonar tu país para que no te peguen un tiro"

Alfamir es una víctima colombiana de los ´falsos positivos´ y está acogida por Amnistía Internacional en España

01.02.2016 | 09:39

"El Ejército colombiano, que está para proteger a la población, asesinó a mi hijo y encima amenazó de muerte a mi familia"

El 7 de febrero de 2008, Darvey Mosquera y dos amigos salieron del municipio colombiano de Pradera en Valle con la idea de conseguir un trabajo que les había ofrecido un soldado. En el camino fueron detenidos por otros miembros del Ejército, que les dispararon. Solo uno de ellos sobrevivió pero no era Darvey. Los soldados los asesinaron y los hicieron pasar por guerrilleros para cobrar la prima que ofrecía el Gobierno de Colombia en lo que se denominó como falsos positivos. La madre de Darvey, Alfamir Castillo, no ha parado de luchar desde ese día para que se haga justicia, tanto que ha tenido que acogerse a un plan de protección de Amnistía Internacional pues ha recibido amenazas de muerte. Vivirá un año en España, en un lugar oculto, aunque seguirá trabajando para que estos atropellos a los derechos humanos no vuelvan a repetirse en su país. la opinión de tenerife la entrevistó durante una visita a la Isla para dar conferencias.

¿Cómo está en España? Debe ser muy duro tener que abandonar su país por no estar segura.

En España he conseguido sentirme libre, un derecho del que lamentablemente no disfrutaba hacía mucho tiempo en Colombia. Las personas se pueden ir de sus países porque quieren conocer otros mundos o porque desean una vida mejor pero yo me fui porque estaba amenazada de muerte al haber denunciado el asesinato de mi hijo por parte de militares colombianos. Es terrible tenerte que ir para que no te peguen un tiro.
Lo ha logrado gracias a Amnistía Internacional.

Gracias a este programa yo sigo viva y puedo hacer cosas que hace tiempo no podía hacer: salir a dar una vuelta, ir al mercado, ir al cine... En Colombia llevaba seis años viviendo en una especie de cárcel. No podía ni ir al mercado porque me podían asesinar. Tenía que pedir cosas a domicilio o que alguien hiciera la compra por mí. Era terrible. Tuve que irme de Pradera en Valle, el municipio en el que nací, me crié, me casé, tuve mis hijos... Es increíble sentirse como si hubieras cometido un grave delito cuando es todo lo contrario. Encima fueron los militares, que se supone que tienen como función proteger a los ciudadanos, pero que en mi caso asesinaron a mi hijo, a un inocente.

Cómo fueron esos años en Colombia antes de venirse a España.

Teníamos que cambiar de piso cada mes y no podíamos tener ni la más mínima rutina. Llevaba cinco años trabajando de enfermera y también lo tuve que dejar.

¿Cuándo comenzó a participar en el activismo social?

Poco después del asesinato de mi hijo. Se celebró un paro de los corteros de caña de los ingenios azucareros y ahí estuve yo colaborando y trabajando. En mi municipio, el 90 por ciento de la economía depende de estos ingenios azucareros. Algunos trabajadores pasaron hasta hambre. Yo no trabajaba en ese sector pero mi esposo sí. Al final se logró que las empresas reintegraran las prestaciones que se les había quitado a los trabajadores pero montamos un colectivo de mujeres trabajadoras, el Comité de Mujeres Corteras de Caña. También pertenezco al Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado.

¿Qué ocurrió con su hijo?

Un soldado apareció en mi municipio, Pradera en Valle. Eran los primeros días de febrero de año 2008. Se topó con mi hijo Darvey y dos amigos, Álex Hernando y José Didier. Les ofreció trabajo en otro municipio, Manizales, para la construcción de unos conductos de gas. Era aparentemente un buen trabajo. Los tres se fueron con ese hombre recuerdo que un martes. El jueves, mi hijo me llamó y lo mismo hicieron sus amigos con sus familias. Me comentó que estaba todo bien. Él tenía 24 años. Todo era normal pero el sábado me llama la mamá de uno de los amigos de mi hijo, la de Álex, y me cuenta que le habían dicho que los muchachos habían sido asesinados. No me lo creía.

¿Y qué hizo?

Empezamos a preguntar a ver qué había pasado. Primero nos dijeron que era mentira pero había algo que no cuadraba. Fuimos a la Policía, le expusimos el caso y nos dieron teléfono. Empezamos a llamar pero nada. Contacté con la madre de uno de los muchachos y nos pusimos a buscar juntas. Decidimos ir al Defensor del Pueblo con fotos de ellos. Ahí nos dijeron directamente que teníamos que recoger los cadáveres. Así, sin más.

Pero, ¿no les dieron explicaciones de ningún tipo?

No, al principio no nos dieron ninguna explicación. En la fiscalía nos dijeron directamente si estábamos preparadas para ver las fotos de los cadáveres de Darvey y Álex, y que habían sido torturado. A Álex le habían sacado las uñas y a mi hijo, un vehículo le pasó por encima. Las fotos eran impactantes.

¿No hubo más información?

Oficialmente no, simplemente que el Ejército había matado a dos de los tres chicos. Así estuvimos un año, sin saber de manera oficial qué había ocurrido. Pasado ese tiempo, nos llamaron informándonos de que había un juicio por la muerte de Darvey y Alex; que nos buscáramos un abogado y fuéramos tal día para la vista. Pero de forma extraoficial sí nos habíamos enterado de lo que había pasado.

¿Y qué había ocurrido?

José Didier, el tercer chico, había sobrevivido. Ocho días después de enterrar a Darvey y Alex logramos hablar con él. Mandó a un familiar para hablar con nosotros y nos citó en Cali, donde estaba escondido. Tenía mucho miedo. Se había fracturado una pierna y un brazo. Nos contó que ese jueves que llamaron, por la noche, los sacaron del lugar en el que estaban. En el camino, se encontraron con un retén en una carretera. Era gente con pasamontañas. Les pidieron la documentación. El vehículo en el que iban se fue y ellos se quedaron allí mostrando sus documentos. Nos contó que lo apartaron de Darvey y Álex, y que mientras mostraban los documentos oyó una ráfaga. Cuando miró vio a Alex en el suelo y a Darvey echarse a correr. Ahí también dispararon a Darvey. De ahí que tuviera seis impactos de bala con entrada por la espalda. El hombre que iba a disparar a Didier no pudo porque se le trabó el arma. Así es que el muchacho nos contó que se tiró por una pendiente para escapar. Y lo logró.

¿Por qué los mataron?

El hombre que fue a nuestro municipio a buscar jóvenes para darles presuntamente trabajo era en realidad un soldado profesional. Los asesinaron para hacerlos pasar como guerrilleros. Es lo que se llamó falsos positivos: el Gobierno de Álvaro Uribe pagaba dinero, tres millones de pesos concretamente, al cambio mil euros, por cada guerrillero eliminado y lo que hicieron algunos destacamentos del Ejército fue capturar jóvenes inocentes, matarlos y hacerlos pasar por guerrilleros. Incluso los vestían con ropas de guerrilleros para cobrar. Eso también pasó con 19 chicos en Soacha, uno de ellos discapacitado. Pero ya no solo les pagaban, sino que los ascendían. A dos de los que mataron a mi hijo los ascendieron.

¿Qué ocurrió en el juicio?

Finalmente, tras las apelaciones, condenaron a dos tenientes a 47 años de cárcel cada uno y a cuatro soldados, a 46 años de cárcel cada uno. El juez ordenó que cumplieran la pena en una cárcel civil pero finalmente fueron llevados a una cárcel militar. Allí gozan de todo tipo de beneficios, entre ellos permisos para salir de prisión si se portan bien. Uno de los soldados, el que los fue a buscar al municipio, escapó de la prisión militar, lo cual es sorprendente con la cantidad de medidas de seguridad que tienen esos centros. Hoy sigue libre y ni la Justicia ni el Ejército han aclarado por qué se escapó. Poco después de que este soldado escapara me llegó un mensaje al móvil que decía: Hay un león suelto dispuesto a matar. Ya me habían llegado otras amenazas después del juicio.

¿Cómo llegan las amenazas?

Me dejaban notas por debajo de la puerta diciéndome que iba a morir, me llegaban mensajes al móvil e incluso me amenazaban en persona. Un día se me sentó al lado, en el autobús, un hombre que me apuntó disimuladamente con una pistola. Me dijo que íbamos a morir yo y mis abogados. Yo pensé que me iban a matar allí mismo. El tipo salió de repente y me dejó muy asustada. Ahí ya tuve que denunciar porque temía por mi vida y la de mi familia. No les parecía poco con matar a un joven, a un inocente.

¿Qué hicieron entonces?

Tuvimos que abandonar nuestra casa, dejar nuestro municipio, ir a un piso pequeño... Nos mudábamos cada mes, no podíamos mantener una rutina... Ya en España, al principio me costó. Seguía mirando para todos lados, como si estuviera en Colombia y me fueran a matar. Mi marido me pedía que me tranquilizara. Ya estoy mucho mejor.

¿Los juicios han acabado?

No. Ahora hay otro proceso porque uno de los tenientes condenados ha decidido hablar y contar todo lo que ocurrió en los llamados falsos positivos. No puedo ir pero estaré informada de lo que ocurra, aunque manteniendo las medidas de seguridad, porque a día de hoy siguen las presiones y las amenazas para que no sigamos adelante con los procesos judiciales.

¿Le ha llegado alguna amenaza a España?

No, afortunadamente no, pero sabemos que han accedido a los correos electrónicos que mantengo con mis abogados.

¿Qué va a hacer ahora?

Me quedan unos meses en España. No sabemos qué vamos a hacer después. Yo ya tengo 53 años y no es fácil con esa edad conseguir aquí un empleo. Regresar a Colombia está entre nuestros planes. Toda nuestra vida y nuestra familia están allá. Mi marido tuvo un accidente laboral y estaba pendiente de un implante de cadera cuando ocurrió lo de mi hijo. Le dolió mucho no poder ayudarme allá cuando ocurrió todo. Ahora es discapacitado pues anda con bastón. Con lo que él recibe por la jubilación podríamos vivir allí pero aquí no. No sabemos pero la tierra tira mucho.

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