Investigación | Fauna en el laboratorio

El Animalario de la ULL reúne alrededor de 3.000 ejemplares

Ratas, ratones y ranas son los actuales inquilinos del servicio

27.12.2015 | 02:00

Más de 3.000 animales están al amparo de la Universidad de La Laguna (ULL). Ratas, ratones y ranas se reúnen en un espacio del Campus de Anchieta que desde principios de los 90 se destina a la cría y mantenimiento de la fauna que emplean los investigadores de la institución académica para sus trabajos científicos. Además, los tienen a disposición también de otros organismos públicos y de empresas privadas que necesiten ejemplares para sus estudios.

La directora del área, denominado el Animalario o Estabulario, Rosa María Arnau, señala que este espacio forma parte del Servicio General de Apoyo a la Investigación (Segai) de Universidad lagunera. "Tenemos animales vivos en constante reproducción", señala la directora del servicio, quien añade que añade que también se encargan del mantenimiento de los ejemplares de los investigadores.

El espacio serviría para albergar a unos 50.000 ratones, "pero el material y el personal no llega para tanto", lamenta Arnau, quien indica que la financiación del Animalario parte, por un lado, de los propios presupuestos de la institución académica y de otro del cobro que se realiza al investigador por el servicio.

Para empezar, el coste es diferente en función del usuario. El más económico es para el propio investigador de la Universidad de La Laguna que abona el ejemplar y la cantidad correspondiente a mantener a sus animales en las instalaciones (siete euros al mes en gastos de manutención). El precio aumenta cuando se trata de científicos de otros organismos públicos, entre los que la directora del Animalario cita los dos hospitales universitarios. Por último, la cartera de servicios para estudios pertenecientes a instituciones privadas es el más elevado.

"Es una manera de financiar el centro", aclara la directora, quien indica que el presupuesto anual que reciben desde las arcas de la Universidad de La Laguna ronda los 40.000 euros. Esta cantidad se destina a gastos fungibles, tales como el pienso con el que alimentan a los animales, los medicamentos que se emplean, el material sanitario o los productos de limpieza.

"Hay investigadores que traen sus propios animales porque necesitan unos ejemplares específicos con una modificación genética concreta y en ese caso se le cobra por la estancia", indica Rosa María Arnau. Es el caso de las 18 ranas que ocupan una de los espacios del Animalario. Traídas desde Estados Unidos, estos ejemplares forman parte del estudio neuronal de Teresa Giráldez, una de las científicas vinculadas al Programa Ramón y Cajal y que reciente ha obtenido 2,4 millones para su trabajo por parte de Europa.

La directora del servicio explica que el caso de las ranas requiere "menos cuidados de lo que parece", aunque puntualiza que el agua es totalmente purificada a la que se le añade "un poco de sal". El alimento procede un pienso encargado a Italia.

El resto del espacio está ocupado por roedores, divididos entre lo conocido como recinto limpio y recinto sucio. El primero destaca por su total esterilización ya que según asegura Arnau "absolutamente nada ni nadie entra sin pasar controles". Desde el material hasta el propio personal, todo lo que acceda esta zona del recito debe estar esterilizado "con el objetivo de evitar contagio de cualquier tipo a los animales que se encuentran en esos espacios".

En concreto, en el recinto limpio se encuentran por un lado los ejemplares de investigaciones específicas que requieran total aislamiento, bien por encontrarse modificadas con una patología o bien porque deba garantizarse su inmunización absoluta y por otro las crías de ratas que nacen en el propio estabulario. "Al nacer pasan en ese espacio los primeros 21 días por si algún científico las necesita con todas las garantías, pero si no son reclamadas pasan al stock", puntualiza la directora.

Ese stock forma parte de los espacios bautizados como "sucios", nombre que no refleja la limpieza de la zona, puesto que a pesar de que se podría pensar lo contrario, las habitaciones y las jaulas se encuentran impolutas.

La división en estos espacios obedece primero al propio animal. No se encuentran ratas y ratones en el mismo espacio, y una vez dentro del aula se dividen por investigador. "Todas las jaulas están etiquetadas con el nombre del científico al que pertenecen, el género de los ejemplares y la fecha de nacimiento", señala Rosa María Arnau, quien puntualiza que este tipo de roedores está separado de aquellos que son parte de la cría del Animalario.

Cada jaula está provista de una zona para el alimento, que debe ser sólido para favorecer el desarrollo de la dentadura de los animales y que puede ser específica, con alguna sustancia concreta, en el caso de que así lo requiera la investigación para la que se emplean. Por ejemplo, un grupo de ratones empleados por el también Ramón y Cajal Esteban Porrini, necesita una dosis extra de nutrientes por lo que su alimentación presenta un color azulado diferenciándola del resto.

Las jaulas se completan con una botella de agua también esterilizada y con algunos elementos de cartón "para que puedan jugar o también para roerlos", comenta Arnau.

"Se limpian con asiduidad y se colocan los ejemplares por grupos porque se trata de animales muy sociables e incluso en los espacios de cría las madres alimentan a las que no son suyas", comenta la directora del Animalario quien señala que "únicamente se encuentran solas en sus jaulas las que tengan aún heridas abiertas". Es el caso de un grupo de ratas que estos días han sido operadas para extirparles los ovarios, dentro de una investigación de la Universidad de La Laguna sobre osteoporosis.

Precisamente, los animales son operados en el propio servicio, que cuenta con dos quirófanos (uno en la zona limpia y otro en la zona sucia). En ambos espacios, se dispone de una mesa quirúrgica para los animales más grandes (han tenido cerdos o conejos), un aparato de anestesia idéntico al que se usa para los seres humanos y otro específico para roedores. "Tenemos una incubadora donada por el hospital que empleamos de zona de recuperación en el post operatorio", señala Rosa María Arnau.

Destaca del material que se ha quedado en su mayor parte obsoleto, no en vano los espacios datan de la década de los 90. Aún así, se intenta mejorar las instalaciones y recientemente el servicio ha invertido 300.000 euros en compra de nuevo material, entre el que destaca la adquisición de una serie de jaulas "que garantizan la total esterilización ya que el aire pasa a través de conductos en los que se purifican", informa Arnau. "Este sistema permite también inocular a una serie de animales con un virus concreto sin que haya riesgo de afectar al resto", concluye.

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