"La anorexia se comió mi juventud"

La tinerfeña María Domínguez, que padeció esta enfermedad durante 10 años, asegura que el aislamiento social es lo más duro de esta patología

22.11.2015 | 11:39
"La anorexia se comió mi juventud"

"La anorexia se comió parte de mi adolescencia". Así es como recuerda la tinerfeña María Domínguez lo que padeció durante diez años con este trastorno. Domínguez afirma que una de las partes más duras de esta patología es "el aislamiento social al que se someten quienes la padecen", ya que huyen de todas las reuniones de amigos y familiares en las que la comida esté presente. "Me fui encerrando en mi misma, toda mi vida giraba entorno a lo que no tenía que comer", argumenta.

Someterse a una dieta en plena operación bikini fue el desencadenante de este trastorno de la conducta alimentaria. Tenía 13 años. Pero su régimen comenzó a ser cada vez más restrictivo y llegó a comer tan solo un vaso de leche y un yogur al día. A pesar de que esta chicharrera con su 1,75 de estatura y 58 kilos de peso no podía considerarse una joven obesa, llegó a tener un Índice de Masa Corporal (un valor que relaciona el peso y la altura de una persona) entre un 15 y 16, cuando lo normal es que se encuentre por encima de 18.
Recuerda que llegaba a ponerse metas muy estrictas sobre los kilos que debía bajar en una semana o en un mes, "si no lo conseguía era un fracaso para mi". Mantiene que su entorno estaba siempre muy pendiente de su peso. "Me decían que estaba muy flaca y yo me sentía orgullosa", señala, pero también se deban cuenta del mínimo peso que cogiera, "o eso percibía yo".

Debido a la desnutrición severa que llegó a padecer, María perdió la menstruación, lo que le ocasionó una osteopenia. "Es una patología que suelen tener las mujeres menopáusicas, que reduce la densidad de los huesos", explica. Además, esta chicharrera asegura que se mareaba al subir tan solo un tramo de escaleras y que una simple herida tardaba meses en cicatrizarse.

Sin embargo, ella recuerda con especial desafección el aislamiento que le producía la enfermedad. "Siempre estaba deprimida, si me veía algún pliegue en la piel no salía, sufría mucho", sostiene.

Cuando María comenzó a experimentar este trastorno, a mediados de la década de los 90, la anorexia nerviosa no era tan conocida como lo es en la actualidad. "Mi madre no sabía que hacer, me llevó un par de veces al psicólogo, pero era demasiado caro y no nos lo podíamos permitir", cuenta.

No fue hasta que entró en contacto con la Asociación de Anorexia y Bulimia en Tenerife (Alabente) cuando comenzó a tener un tratamiento psicológico y dietético continuado. "Me salvaron la vida", asegura.

La psicóloga de Alabente, Nieves Santolaria, mantiene que el tratamiento psicológico es esencial para resolver este tipo de patologías. Además, esta profesional recomienda que las familias se involucren en el proceso. "Está demostrado que las personas que tienen apoyo familiar se recuperan antes y mejor", afirma Santolaria.

Esta psicóloga afirma que los familiares deben seguir unas pautas para que su actuación no sea perjudicial. "Cuando aparecen este tipo de trastornos, la tendencia es controlar mucho a la persona que lo sufre", mantiene. Por eso, ella recomienda que esta fase de control debe dejarse a los profesionales que llevan a cabo el tratamiento y que "los familiares se dediquen a darle apoyo y afecto".

Alabente ofrece terapia individual y grupal a los jóvenes que se vean afectados por este problema y también un lugar al que pueden acudir diariamente a comer para normalizar su relación con la alimentación.

"Fui durante dos años a almorzar al comedor de Alabente y me ayudó porque yo sola era incapaz de comer", explica Domínguez, quien asegura que gracias a la asociación y al resto de las personas que también estaban tratándose en el centro comenzó a abrirse de nuevo a los demás.

La nutricionista de Alabente, Chaxiraxi Bencomo, mantiene que las personas que sufren trastornos alimenticios deben llevar a cabo una dieta sana y equilibrada, "pero no pueden comenzar a comer de todo de repente".

María Domínguez está ahora completamente recuperada. "Salgo a comer fuera, disfruto cocinando y he vuelto a ir al supermercado, algo que me tenía prohibido cuando estaba enferma", explica.

Ella continúa colaborando con esta asociación a donde acude a dar charlas a quienes todavía están recuperándose. "Cuando estaba curándome vino una chica que se había curado a visitarnos, me animó mucho saber que lo había conseguido", explica. Por eso, ella ha decidido contar su historia y colaborar con los jóvenes que actualmente están pasando por su misma situación.

"Es triste, porque es una enfermedad muy cruel que genera la sociedad, porque se promueven valores artificiales", argumenta. De la misma opinión es Santolaria quien mantiene que la obsesión por la perfección que tiene la sociedad es artificial. "Nos crea la necesidad de ser quien no somos, pero sin salud no hay belleza", afirma.

Por eso, Domínguez recomienda a quienes estén pasando actualmente por alguna de estas enfermedades "que no dejen que se apodere de su vida y pidan ayuda porque sola es muy difícil salir".

Ebriorexia y diabulimia, nuevos trastornos de alimentación

La Asociación de Anorexia y Bulimia de Tenerife (Alabente) ha registrado durante los últimos años un aumento de los casos de trastornos de la conducta alimentaria diferentes a la anorexia y la bulimia. La psicóloga del colectivo Nieves Santolaria afirma que "la gente ya conoce mucho mejor estas dos enfermedades y por eso acuden antes a la asociación". Sin embargo, los casos de trastornos no identificados se han incrementado de forma preocupante, aunque la profesional mantiene que aunque sean variantes más extrañas "son igual de perjudiciales".

Uno de los trastornos que ha aumentado su incidencia es el conocido como ebriorexia. Las personas que sufren esta patología dejar de comer para sustituir las calorías obtenidas después del consumo de alcohol. La asociación también ha detectado casos de diabulimia entre los usuarios que acuden para recuperarse de algún trastorno. "Se da en personas con diabetes que utilizan mal el tratamiento de insulina para bajar de peso", explica la psicóloga de Alabente. La ortorexia, que se caracteriza por una obsesión por la comida sana, también es un trastorno que se diagnostica cada vez más en las Islas.

Santolaria asegura que en la actualidad existen demasiadas teorías de la alimentación y que en la asociación han llegado a tratar trastornos muy extraños. "Una usuaria me dijo que realizaba la dieta de la luna, que consistía en ayunar todo el día cuando había luna llena", señala. Sin embargo, el equipo de Alabente asegura que este tipo de conductas alimentaria son muy perjudiciales para la salud de quienes las siguen.

La psicóloga de esta organización expone que cada una de estas enfermedades responde a un perfil psicológico de las personas que las sufren. Santolaria afirma que por ejemplo en la anorexia, suelen ser personas perfeccionistas, introvertidas y que tienen una baja autoestima, mientras que aquellas que sufren bulimia suelen ser más impulsivas, con cambios bruscos de humor y quieren obtener resultados con el mínimo esfuerzo posible. D. G.

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