Carnes selectas con vistas al mar

Brunelli´s, el steakhouse del Puerto de la Cruz que cocina con un horno único en Canarias

13.11.2015 | 02:00

El horno Southbend crepita en la cocina acristalada de Brunelli´s. Su interior está a unos infernales 800 grados esperando a alguna de las selectas carnes de su carta. Este nuevo local de ambiente refinado e hipnóticas vistas al mar situado en la calle Bencomo, número 42, en la zona de Punta Brava (Puerto de la Cruz, frente a la entrada principal de Loro Parque), rompe con los tópicos y aspira a convertirse en una referencia de la Isla dentro del estilo steakhouse norteamericano.

Wolfgang Kiessling, propietario del zoológico Loro Parque y del parque acuático Siam Park, cumple con este negocio su anhelo de tener un propio restaurante. Y lo ha montado sin escatimar en nada. Las mejores materias primas, tecnología de vanguardia en una cocina que está totalmente a la vista del cliente, esmerado servicio y una decoración en la que destacan las obras de arte de su amplia colección privada.
Su exclusivo horno se calienta tanto durante el proceso de parrillado que hace que el poro de la pieza se cierre inmediatamente y, como consecuencia, se obtenga una carne tierna y jugosa por dentro, conservando al mismo tiempo todo su sabor. Todas las carnes se maduran como mínimo 28 días. Reposan a oscuras en unas cámaras con temperatura y humedad controladas. Así se consigue un añejamiento progresivo y una carne lista para consumir en las mejores condiciones para su degustación.

La materia prima llega de distintas cabañas de la geografía nacional y también de Irlanda, Francia, Portugal y Alemania. Una vez en el local, el jefe de cocina y maestro carnicero, José Fumero, la madura para "eliminar el exceso de líquidos y concentrar los sabores y los aromas". Una vez que las piezas están listas se despiezan para obtener los seis cortes que sirve el restaurante. Además del entrecot y el solomillo, Fumero lleva a la mesa un plato con muestras de Chateaubriand, típico de la gastronomía francesa que se obtiene del solomillo de buey. Aunque, sin duda, el corte estrella de la casa es el chuletón T, o T-Bone, como figura en la carta. Es la pieza que se obtiene de la parte posterior del lomo de buey y está formada por un hueso en forma de T que une la parte del solomillo y el entrecot. Es un plato muy abundante, puesto que la porción más pequeña es de 650 gramos. Pero también las hay más grandes. El Porter House es un corte de esa misma zona del animal pero aún más generosa, ideal para compartir, porque con sus 3,5 centímetros de ancho pesa un mínimo de kilo y medio.

Los carnívoros también tienen opciones de otro tipo de carnes, como las chuletas de cerdo ibérico o las chuletillas de cordero de Nueva Zelanda, criado en libertad. El maestro carnicero del local elabora, además, chorizos parrilleros artesanales que vale la pena probar, y hace unas suculentas hamburguesas gourmet, las especiales Brunelli´s,de 250 gramos, que cuestan 17 euros. A sabiendas de que en cualquier mesa puede haber un comensal que prefiera el pescado, siempre hay en carta un plato, que varía a diario en función del género fresco que el cocinero encuentre en el mercado.

El Southbend es un horno de inducción rápida a gas. Funciona al revés que una parrilla porque el calor viene de arriba y permite hacer una cocción es muy rápida. "Hay que estar muy pendiente pero es muy fiable. Se puede obtener el punto de cocción que uno quiera con precisión", aclara el chef.

Para acompañar las carnes o como entrantes hay variadas y sencillas alternativas de verduras frescas en ensalada o a la parrilla, además de las clásicas papas fritas. La carta es más amplia y busca satisfacer los gustos más dispares apostando por revueltos, carpaccios, steak tartar y algún arroz cremoso.

Uno de los encantos de Brunelli´s son las olas que bañan este rincón de la costa portuense. En las noches en las que la temperatura es agradable, el local se abre al Atlántico para que los comensales disfruten en la mesa del rumor del mar como banda sonora. Cuando los termómetros bajan, las vistas siguen ahí gracias a una espectacular pieza de cristal que cubre la fachada marina del restaurante, de 34 metros de largo, en unos pocos segundos.

El precio promedio ronda los 40 euros por comensal. Las personas que visiten el Loro Parque pueden salir a almorzar en el restaurante y luego continuar con su visita.

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