Violencia machista

Confiesa al juez que mató a su expareja y alega que estaba bebido

Asegura en su declaración judicial que no sabe por qué llevaba el cuchillo ni por qué apuñaló a Iris Francés en plena calle

30.10.2015 | 01:18
Carlos Gaspar Hernández.

Carlos Gaspar Hernández, de 36 años, confesó ante el juez el pasado sábado que acabó con la vida de su expareja, Iris Francés, de 35 años, el jueves pasadas las 23:00 horas. En la declaración de este hombre natural de El Hierro, ante el titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Santa Cruz, alegó que estaba bebido pues se había tomado unas cervezas y que se encontraba en tratamiento psicológico después de que Iris lo dejara en enero de 2014. Tras dar su versión, el juez lo envió a prisión comunicada y sin fianza como presunto autor de un delito de homicidio y otro de tentativa, al herir también a la madre de Iris.

Gaspar dijo que no sabía por qué había sacado el cuchillo y asestado las puñaladas a su expareja, y tampoco por qué llevaba ese cuchillo en la bolsa que portaba. Pero su versión no concuerda con la hipótesis de la Policía, que cree que lo tenía planeado principalmente por el hecho de que llevaba el arma blanca y de que acudió en busca de su expareja muy tarde, a eso de las 23:00 horas, cuando apenas había gente en la Avenida de Los Majuelos, del barrio de El Sobradillo, y cuando había alerta por mal tiempo.

Gaspar relató al juez que se sentía solo y que no había superado la ruptura de la relación con Iris Francés. Declaró que el jueves acudió a la Avenida de Los Majuelos, bebió cervezas, se sentó en un banco y se acercó a la zona donde vivía Iris y los tres hijos de ambos, en un piso encima de la casa de los padres de ella. Señaló incluso que se fijó en que las luces de la vivienda estaban encendidas. Entonces, siempre según su versión, se escondió detrás de la furgoneta azul que tenía ella, aparcada debajo de su casa, cuando la vio acercarse y entró al vehículo cuando Iris ya estaba dentro. Ahí empezó otra discusión y se desataron los acontecimientos. Gaspar admitió que la apuñaló repetidas veces pero insistió en que no sabía por qué.

El 5 de noviembre se celebrará una reunión en la Subdelegación del Gobierno central en Santa Cruz para revisar el caso, determinar qué errores se pudieron cometer y ver qué aspectos hay que mejorar para garantizar la seguridad de las mujeres que sufren acoso y maltrato por parte sus parejas o exparejas. Han sido citados los responsables de las políticas contra la violencia de género del Gobierno canario, el Cabildo y el Ayuntamiento capitalino, así como representantes de jueces, fiscales y cuerpos de seguridad.

Iris recibía tratamiento en el Servicio Insular de Atención a las Mujeres Víctimas de la Violencia de Género de la capital tinerfeña, en el Palacete Cobiella de Santa Cruz, tal y como adelantó la opinión de tenerife. En concreto, como víctima del acoso de su expareja, había participado en 13 sesiones de apoyo psicológico y le quedaban al menos cinco. Fue precisamente en el Palacete Cobiella donde le aconsejaron a principios de mes que denunciara a Carlos Gaspar pues había comentado que él había pasado de los celos a las amenazas.

Según consta en el expediente, Iris ya lo había denunciado en dos ocasiones, una de ellas en septiembre de 2014. No habían alcanzado un acuerdo sobre la custodia de los tres hijos que habían tenido, dos gemelos de 5 años y una niña de 10, aunque ella quería que los pequeños siguieran viendo a su padre. De hecho, le había dado las llaves de su furgón para que él pudiera llevarlos al colegio o a la piscina, donde los habían apuntado. Pero él la acosaba, le preguntaba si tenía relaciones con otros hombres, incluso la vigilaba y le rogaba que volviera con él, que dejaría de ser celoso y controlador. Iris, sin embargo, ya se había cansado de darle oportunidades tras más de 11 años de relación y hace dos rompió definitivamente.

Esas denuncias fueron archivadas por falta de pruebas concluyentes. Pero los acontecimientos empeoraron el 2 de octubre. Iris se lo había encontrado varias veces esperándola en el furgón azul y empezaba a cansarse de la situación. Entonces, el viernes 2 de octubre se fue a casa de Carlos, sabiendo que los padres de éste estaban con él, para exigirle que le devolviera las llaves del vehículo. En ese encuentro, él elevó presuntamente el tono de las amenazas e incluso le dio supuestamente una patada, extremo que Iris no avaló con un parte médico.

Es entonces cuando Iris acude por tercera vez a la Policía. El principal objeto de la denuncia es que él le entregue las llaves del vehículo pero también acusa a Carlos Gaspar de un presunto delito de violencia en el ámbito familiar y amenazas, así como requiere medidas cautelares para protegerse del acoso, como una orden de alejamiento, pues su exnovio trabajaba en una gasolinera situada a apenas 50 metros de la casa de Iris.

La juez, de amplia experiencia y reconocida capacidad, según fuentes judiciales consultadas por este diario, tomó declaración a la pareja y analizó el expediente y los informes de la Policía y la Fiscalía. A la vista de la documentación, decide el pasado día 7 archivar la denuncia porque no existen pruebas concluyentes de que Iris esté en una situación de riesgo grave. Primero, porque ella misma había acudido al domicilio de su expareja el 2 de octubre. Segundo, porque cuando ella habla de amenazas y muestra los mensajes presuntamente vejatorios, los investigadores, la fiscalía y la juez se encuentran con que no hay realmente amenazas ni insultos. En esos mensajes por whatsapp él le pregunta si tiene relaciones con otro hombre y cosas por el estilo pero en ninguno la insulta o le dice que vaya a agredirla ni nada parecido. Y tercero, porque él había entregado ya las llaves del furgón.

Con la ley en la mano y el expediente completo, la Policía determina que no hay riesgo grave, la fiscal pide el sobreseimiento y la juez lo avala. Un extremo que han querido aclarar fuentes judiciales directamente relacionadas con el caso es que no se le ofrece expresamente a Iris la opción de ingresar en un piso tutelado, lo cual habría supuesto una contradicción cuando paralelamente no se acepta la orden de alejamiento, sino que se le informa, como al resto de las denunciantes por presuntos casos de violencia machista, de que puede acogerse a este y otros servicios, algo preceptivo en este tipo de situaciones.

Algunas fuentes judiciales dudan de que la orden de alejamiento por sí sola sea una medida efectiva para evitar situaciones como ésta y aseguran que sí lo son la pulsera antimaltrato -con un sistema GPS que controla si el maltratador respeta la orden de alejamiento o no- o el envío del denunciado a prisión. Pero son decisiones que dependen siempre de que haya pruebas. Aún cuando las fuentes judiciales consultadas señalan que la decisión de la juez está argumentada, admiten que el fatal desenlace implica que hubo errores. Porque solo 15 días después, Carlos asesinó presuntamente a Iris en plena calle.

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