Salud

Los chuletones, mejor sin atracones

Médicos y nutricionistas coinciden en rechazar la alarma generada por la OMS sobre la relación entre la carne roja y el cáncer

28.10.2015 | 13:06
Un carnicero filetea una pieza de carne roja.

La carne roja no está prohibida, sino que hay que evitar el abuso en su consumo. Es la conclusión a la que llegan los expertos tanto en Oncología como en Nutrición y Endocrinología respecto al anuncio hecho el pasado lunes por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de que este tipo de producto, y especialmente cuando se comercializa procesado, está catalogado como cancerígeno. "No se puede afirmar que comer carne roja produzca cáncer", afirma el presidente del Instituto Canario de Investigación contra el Cáncer, Javier Dorta, quien sí insiste en que "el problema está en consumir este alimento de manera exagerada".

La alarma suscitada en torno a la ingesta de esta alimentación es una forma de concienciar a la población en general de un riesgo que ya conocían los especialistas. El presidente de la Fundación Dieta Mediterránea, Luis Serra, indica que "hace tiempo que sabemos que el consumo de carne roja y procesada supone un problema para la salud pública y el anuncio de la OMS viene bien porque en la actualidad es excesivo".

De hecho, el también catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (Ulpgc) señala que según las cifras analizadas por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) "por cada 50 gramos de este tipo de alimentos aumenta un 18% el riesgo de sufrir la enfermedad y en Canarias la media está en 100 gramos al día". ¿Y la recomendación? Serra lo tiene claro: dos veces en semana en el caso de carne roja y una o dos en el caso del producto procesado", o lo que es lo mismo, "hay que ser un poco más creativos con los bocadillos y no abusar de los embutidos".

La percepción de Dorta es similar, ya que considera que "desde siempre este tipo de productos han estado situados en lo más alto de la pirámide alimenticia como aquellos en los que es aconsejable su uso solo ocasional", pero va un paso más allá y puntualiza hasta qué punto comer un bistec puede ser perjudicial. "Hay que tener en cuenta que este producto nace de la masa muscular de la ternera, el cordero o el cerdo y que es esa grasa animal la que lleva encima el factor de riesgo", señala.

El facultativo, que fuera jefe de la Sociedad Española de Oncología,?prefiere hablar de probabilidades y argumenta que "para empezar, la relación entre la ingesta de estos productos y la aparición de la enfermedad está relacionada con la reacción del propio organismo". "Ocurre como con el tabaco, el fumador con mucosas sensibles en la garganta o los bronquios tendrá más posibilidades de desarrollar cáncer", dice.

"Si en la persona hay cierto equilibrio entre genes inhibidores de la enfermedad y los que son inestables, la entrada de factores externos eleva la posibilidad de padecerla", concluye en consonancia con ese 18% más por cada 50 gramos que mencionaba Luis Serra. Pero además Javier Dorta suma otros elementos: "La carne procesada pasa por una modificación en la que se añaden elementos como conservantes", lo que eleva el riesgo. Este peligro se multiplica a la hora de cocinar, "ya que es frecuente que este tipo de productos se usen en barbacoas y las altas temperaturas además del sello de la parrilla conllevan aún más factores cancerígenos".

"No debemos demonizar un alimento y más si tenemos en cuenta que la carne roja también tiene beneficios nutricionales, por su contenido en proteínas, hierro, zinc y vitaminas del complejo B. Es el patrón alimentario de forma global el que condiciona riesgos para nuestra salud", asegura la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

De hecho, para los especialistas? el anuncio de la OMS debe calar en las conciencias de la población para reducir la ingesta de productos como la carne roja, las salchichas o los embutidos. Porque, además, el aporte nutricional que llevan al organismo, en este caso en forma de proteínas, es fácilmente sustituible. Carnes blancas, como pollo o pavo; lácteos, pescado y sobre todo legumbres son las recomendaciones que hace el presidente de la Fundación Dieta Mediterránea para reducir la carne roja en el menú.

Tanto Serra como Dorta coinciden en que la vinculación entre carne roja y cáncer genera cierta alarma, aunque ambos insisten en que no debe ser así. "La cuestión es moderar la ingesta", dice el experto en Nutrición, quien alerta de otros problemas asociados a este tipo de productos: "El proceso que pasa la carne está entre los que más emisiones de dióxido de carbono produce". Mientras que el médico alude a que "hay otras enfermedades, especialmente cardiovasculares, relacionadas con el abuso de carne roja".

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