Miedo en ausencia de peligro

Nueve de cada diez fobias logran curarse de manera definitiva

13.10.2015 | 02:00
El catedrático de Psicología de la ULL, Juan Capafons.

Irracional. Incontrolable. Desproporcionado. Si el miedo a algo se caracteriza por estos adjetivos es probable que más bien se trate de una fobia. Es un temor del que el catedrático de Psicología de la Universidad de La Laguna (ULL), Juan Ignacio Capafons, dice que "no tiene sentido mantenerlo".

El experto, que investiga terapias específicas para tratar las fobias, considera que "el temor es una emoción imprescindible porque ayuda a afrontar determinadas situaciones de riesgo pero el problema es cuando llega a desvirtuarse y se desproporciona". Pone un ejemplo: "Es natural temer a un león, pero no lo es ante un cachorro de un gato".

La diferencia y el riesgo parte de las destrezas que se pierden cuando la persona está ante la situación que le provoca la fobia "ya que el miedo causa una reacción racional pero el momento en que deja de serlo el temor se convierte en un riesgo mayor". "Una vez tuvimos un caso de una mujer con fobia a las aves que de forma inconsciente dejó a su hijo solo por huir de una gaviota", indica.

Capafons señala que en ese momento en el que el temor desproporcional limita las destrezas o las capacidades de la persona es en el que radica el peligro de sufrir una fobia: "Si supone un handicap para desarrollar su vida con normalidad, es el momento de tratarlo", asevera el experto.

Eso sí, admite que en el caso de la terapia el principal problema se encuentra a la hora de detectar el detonante de la fobia "puesto que ese por qué sigue siendo un misterio". En cualquier caso, señala la relevancia de la infancia: "Suele estar conectado con la experiencia" dice Juan Ignacio Capafons, quien añade que "dependiendo de la evolución del miedo en los niños, éste se puede convertir en fobia de adulto".
Al respecto, sostiene que "las reacciones de los padres pueden jugar un papel fundamental en esa evolución" y argumenta que "si el niño ve, por ejemplo, la reacción de temor de sus madre ante una cucaracha entenderá que ese bicho es un peligro". De hecho, la principal característica de la fobia es la sensación de estar ante un gran riesgo, aunque "la mayor parte de la gente que padece una admite que no sabe dónde se inició".

A pesar de que el catedrático de la Universidad de La Laguna explica de que hay teorías que apelan "a la predisposición del ser humano como especie a temer determinados aspectos" como la oscuridad o los lugares cerrados, insiste en que es "la desproporción y la injustificación lo que lo convierte en una fobia". "

Pero hay tratamiento. Y efectivo. "Al menos nueve de cada diez personas que se curan de una fobia no vuelven a desarrollarla en el futuro", asegura Capafons, quien reconoce que la principal terapia es enfrentarse al propio miedo. Eso sí, con matices.

Las investigaciones realizadas en la Universidad de La Laguna ponen de manifiesto que para que la terapia tenga éxito es fundamental que la persona que padece la fobia tenga una preparación previa. "Se trata de que asuma que la situación a la que teme no tiene ningún riesgo, que lo viva como una experiencia agradable", resume Capafons.

El caso más claro y de hecho el tipo de fobia que más se trata desde la institución académica es el miedo a volar. En ese caso, la persona que lo sufre intenta subirse a un avión, como una manera de enfrentarse a sus temores, "pero si lo sigue viviendo con miedo, no servirá de nada", puntualiza el experto de la ULL.

"En esos casos intentamos que la persona, en las sesiones previas, visualice cómo sería su vuelo ideal, con qué personas o qué necesitaría y se trabajaría sobre esa idea con la intención de reproducirla", añade Juan Ignacio Capafons, que añade que en ocasiones se trabaja con una exposición virtual al miedo.

Por eso el catedrático de Psicología anima, al menos, a la consulta con un profesional, "aunque sea el médico de familia" cuando la fobia que se padece suponga una limitación en la vida o pueda generar un problema mayor. "Hay que tener cuidado con los supuestos expertos que ofrecen milagros porque ese tipo de estafas llevadas a cabo por aficionados hacen que el peligro de recaída sea elevado", asevera.

Agorafobia, la peor

El especialista, que se encuentra preparando un libro sobre fobias, reconoce que la mayor parte de las personas que padecen una fobia solo reclaman ayuda cuando "cambian las condiciones de su vida o descubren que les limita en su vida personal o profesional". "De hecho, si no supone un problema y si la persona puede convivir con ella, no es necesario que se trate, no podemos obligar al paciente a pasar por la terapia", incide el catedrático de la ULL.

Por eso, el tipo de fobia en el que Capafons recomienda con especial énfasis la consulta a un experto es la agorafobia. Definido como temor obsesivo ante los espacios abiertos o descubiertos, el experto de la ULL puntualiza que "al final lo que le ocurre a estas personas es que el único lugar en el que se siente seguros es en su propio hogar".

La delicadeza de padecer este tipo de fobia radica en que "puede llegar al caso extremo de no querer salir de casa porque solo poner un pie en la calle se relaciona con un ataque de pánico", según el catedrático de Psicología, quien añade que "reducen tanto la sensación de dominio de la propia vida que puede derivar en depresión".

Además, entre otras cuestiones que convierten la agorafobia en un tipo de temor particular es que "suelen aparecer asociadas otras fobias sociales, tales como hablar en público, o relacionadas con el transporte, como miedo a volar".

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