Crisis migratoria en Europa

Solidaridad isleña en la estación de Keleti

Noel, Federico e Israel, tres tinerfeños que viven en Budapest, llevan comida a los refugiados

04.09.2015 | 14:37
Federico Pérez, Israel Expósito y Noel Mederos (de i. a d.) ayer tras comprar comida para los refugiados.

Dos panes, dos tabletas de chocolates, dos piezas de queso, una manzana o nectarina, y un litro de leche. Tres tinerfeños residentes en Budapest, Noel Mederos, Israel Expósito y Federico Pérez, prepararon ayer tarde 50 bolsas con estos alimentos nada más terminar su jornada laboral en el Servicio Central de Vodafone de la capital húngara, en el que trabajan los tres. Entonces, se dirigieron a la estación de trenes Keleti, donde se acumulan miles de refugiados –principalmente sirios– para entregarles las bolsas y poder aliviar así su desesperación.

No fue fácil, comentaron a La Opinión de Tenerife. Había un fuerte despliegue policial y muchos de los desplazados se concentraron por fuera de la estación. "Pedían sobre todo mantas para dormir. Nada más llegar, las bolsas volaron. Más que hambre, parecían tener sed. De hecho, de lo que les dimos lo que más querían era la leche. Es muy triste y frustrante ver a tanta gente en estas condiciones", aseguró Noel nada más entregar los alimentos, para aclarar que no era la primera vez que se acercaban para echar una mano.

Ellos y otra tinerfeña que vive en Budapest, Patricia Luis Hernández, relataron a este periódico lo que se está viviendo en la capital húngara, con miles de desesperados en sus calles que han huido de los conflictos de Siria, Afganistán o Irak y los crímenes y los horrores del autodenominado Estado Islámica (EI). Estas son sus historias y así están viviendo este drama.

Noel Mederos (Puerto de la Cruz, 24 años). Este licenciado en Derecho portuense lleva un año viviendo en Budapest y comparte oficina en el Servicio Central de Vodafone de la capital húngara con otros dos tinerfeños, Israel Expósito y Federico Pérez, todos emigrados por la crisis y la falta de trabajo en Canarias. Por eso, él y sus compañeros siguen con especial sensibilidad la dramática situación de los miles de desplazados, la mayoría sirios, que deambulan por las estaciones y los parques en espera de poder alcanzar Alemania, su principal objetivo.

Por eso ayer decidió volver a la estación de Keleti, el punto en el que hay más sirios concentrados, para echarles una mano en vez de cruzarse de brazos. "Parte de la comida la he comprado gracias al dinero que me mandó mi familia de Tenerife para ello. Ellos también quieren ayudar", asegura. Le impacta especialmente ver a familias enteras tiradas en la calle: "Tienen la mirada perdida, como cansados de esperar y de tanta desesperación y sufrimiento. Los veo todos los días de camino al trabajo. Imagínese: personas que tenían negocios, inversiones, casas, recuerdos... Y de repente, una guerra de la que no tienen culpa los obliga a abandonar todo, a perderlo todo, si quieren seguir viviendo y a lanzarse a la desesperada a lugares desconocidos, con niños y ancianos. Es terrible".

Cuando se le pregunta a Noel si esta situación se parece en algo a lo que ocurrió con la crisis de los cayucos y las pateras en Canarias (entre 1999 y 2009 llegaron a las Islas 96.497 inmigrantes clandestinos) contesta sin pensar. "No tiene nada que ver. Yo no recuerdo ver inmigrantes tirados por las calles en Puerto de la Cruz como ocurre ahora aquí. Esto es algo increíble que, además, se veía venir", explica.
Federico Pérez (La Orotava, 29 años). Federico, como su compañero Noel, cree que "esto se veía venir" y añade que "Europa no quiso hacer nada". Estudió Administración y Dirección de Empresas pero tuvo que abandonar el Archipiélago hace tres años rumbo a Budapest por la falta total de expectativas laborales. Ha acabado trabajando para la multinacional de la telefonía móvil Vodafone en la capital de Hungría y dice que le va "muy bien".

Aclara que es difícil no toparse con refugiados en la ciudad porque no sólo están en las estaciones de trenes, sino también en los parques y algunas plazas. "Su aspiración es alcanzar Alemania, pues creen que es la mejor opción en Europa por su poderío económico para emprender una nueva vida", matizaba ayer mientras se preparaba para acompañar a Noel e Israel al supermercado para comprar los alimentos para estos desesperados.

Federico Pérez es especialmente crítico con el Gobierno conservador húngaro del partido Fidesz y su actitud ante la inmigración. Lo califica, de hecho, como un Ejecutivo con "un discurso xenófobo", en un país, además, en el que otro partido, este de extrema derecha, el Movimiento por una Hungría Mejor –conocido como Jobbik–, gana cada vez más poder político y ya es la cuarta fuerza más votada. Este orotavense recuerda con indignación los carteles que colgó hace unos meses el Gobierno húngaro por todo el país en contra de los inmigrantes. "Si venís a Hungría, no debéis robar el trabajo a los húngaros". "Si venís a Hungría, tenéis que respetar nuestras leyes". Esto se leía en unas pancartas pagadas con el dinero de todos los contribuyentes. La oposición de izquierdas denunció esta campaña "aberrante" y contragolpeó con carteles que decían, entre otras cosas: "Pedimos perdón por lo que dice nuestro presidente".

"Pero la juventud húngara reacciona", precisa Federico. "Muchos empiezan a sublevarse. De hecho, estos días son los jóvenes los que más están ayudando a los refugiados. Sin embargo, una mayoría son completamente contrarios a la inmigración, un poco también dejándose llevar por las proclamas xenófobas gubernamentales. Yo nunca he sentido rechazo, la verdad. Pero sí lo noto especialmente contra los gitanos. No los pueden ver y el Gobierno aliente este odio", detalla. Y eso que los gitanos son el 6% de la población húngara, unos 600.000.
Israel Expósito (La Orotava, 29 años). Es, de estos tres tinerfeños contratados por Vodafone, el que más lleva en Hungría: casi cinco años. Estudió Administración y Dirección de Empresas, como Federico, y se siente muy integrado en este país. Los otros dos, de hecho, vinieron un poco por su consejo. "Es muy triste ver a tanta y tanta gente deambulando por las calles y en las estaciones, algunos buscando comida donde sea", relata mientras se prepara con sus compañeros para ir a la estación de Keleti.

También es muy crítico con el Ejecutivo de Fidesz, un partido en la órbita del PP europeo. "Han llegado a pedir a los medios de comunicación que no saquen fotos de los cadáveres de los inmigrantes que se han quedado por el camino para que no den mala imagen del país. No les preocupa este drama en lo más mínimo. Es inhumano. De ahí las duras críticas que ha recibido en el seno de la Unión Europea. Pero ahí sigue", opina.

Ya de noche, en la estación de Keleti, asegura que se vivieron "momentos de tensión" entre la Policía y los desplazados que pedían, sobre todo, mantas y otros accesorios para poder dormir con un mínimo de comodidad. "Bueno, y si escucha las proclamas de los neonazis de Jobbik ya es para echarse las manos a la cabeza", refiere.

Sobre los canarios que residen en Budapest dice que "no hay muchos". "Yo conozco a cinco y dos son Federico y Noel", comenta, para admitir que piensa quedarse más tiempo en Hungría para progresar laboralmente pues en España cree que sigue siendo muy difícil.
Patricia Luis Hernández (La Laguna, 25 años). Es periodista pero ha terminado trabajando en Budapest para una multinacional de productos electrónicos, Systemax. Relata que "en Hungría no están preparados para lo que está sucediendo". "Hay un total descontrol y caos en las estaciones de trenes, sobre todo en la de Keleti, donde hay miles de personas en tiendas de campaña durmiendo en el suelo en condiciones pésimas... Europa no ha sabido ver algo que se veía venir desde hace tiempo y empiezan a actuar o a parecer que actúa cuando se les viene esto encima. Y la Policía y el Gobierno húngaro están desbordados", subraya.

Lamenta que haya tenido que llegar la foto del niño muerto en una playa de Turquía para que "Europa y el mundo en general miren por fin de frente a este drama". Pero más lamenta que el Ejecutivo local empeore todavía más la situación. "Están construyendo un muro en la frontera con Serbia para contener este éxodo de desesperados. En mi opinión, es un Gobierno inculto que va en contra de algo primordial, que son los derechos humanos".

El miércoles, Patricia participó en una manifestación –organizada a través de las redes sociales– en la que 4.000 personas, sobre todo jóvenes húngaros e inmigrantes, marcharon contra la xenofobia del Gobierno. Los jóvenes son la esperanza del cambio, destaca. "Muchos están avergonzados de la imagen que está dando Hungría a todo el mundo", concluye.

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