¿Y dónde están los conejos?

La temporada comienza con un notable descenso en el número de estos mamíferos en Tenerife

29.08.2015 | 02:00

Juan Pedro Jorge tiene 81 años y lleva cazando en Tenerife desde que tenía 8. Estas semanas, no espera a las primeras luces del alba para dar comienzo a sus largas jornadas en busca de conejos en los montes isleños. Él, y el resto de cazadores, saben que la temporada es bien corta y, por eso, lo habitual estos días es ver las gasolineras del sur de la Isla repletas de todoterrenos y remolques cargados de perros de caza a horas tan tempranas como las seis de la mañana.

El objetivo de estos tremendos madrugones no es empezar a cazar desde bien temprano, sino llegar al sitio elegido antes de que lo hagan los demás compañeros para, así, hacerse con una zona determinada. Y es que el reglamento isleño de esta actividad solo permite que rastreen en un mismo lugar doce perros, lo que se traduce en unos dos cazadores.

Pero la temporada no está siendo sencilla para estos expertos tinerfeños, puesto que los conejos no se dejan ver y se ha notado un notable descenso en el número de ejemplares. Una de estas codiciadas zonas de caza es Icor, en el municipio de Fasnia, que este año también ha notado esta temida desaparición. "Este espacio ha sido maravilloso durante muchos años, y en general toda la zona sur de la Isla, pero ahora no se caza prácticamente nada", comenta el presidente de la Federación de Asociaciones para la Gestión Cinegética de Tenerife, Antonio Porras.

Así que ahora, "salimos para sacar a los perros, porque son animales que no pueden estar mucho tiempo encerrados", reconoce Antonio Porras. Y es que hasta hace algunos años, en un buen día, los cazadores podían volver a casa con una docena de conejos, pero este año es raro el día en el que atrapan uno o dos.

Pero Antonio Porras matiza que "no venimos a coger carne". Los cazadores afirman que el objetivo de la caza no es matar a los conejos, sino ayudar a que esta especie aprenda a protegerse. Y por esta razón muchas veces se llevan a los ejemplares con vida.
Pero los madrugones no sirven para nada estos días y, aunque el despertador de tinerfeños como Jorge y Porras suenen a las 04:30 horas, nada les asegura que la caza vaya a ir bien. Cuando acaba la jornada, los perros y los hurones vuelven a los remolques cansados y sin ninguna recompensa y las comidas que reúnen a los cazadores de la Isla en las cuevas de Fasnia tras la caza no se pueden celebrar con viandas recién obtenidas, sino con carne congelada.

Los expertos atribuyen la desaparición de los conejos a diferentes causas. En primer lugar se encuentra la falta de lluvias a lo largo de este año, lo que provoca que los conejos no se hayan podido reproducir. Por otro lado, destaca Porras, esta especie se enfrenta, en los últimos años, a diversas enfermedades introducidas que están provocando grandes problemas.

La enfermedad vírico hemorrágica (NHV) y la mixomatosis aparecieron en Tenerife a finales de las década de los 80 del pasado siglo. Porras matiza, además, que estas dolencias comenzaron a notarse primero junto a los campos de golf que hay en la Isla. De este modo, a lo largo de los últimos diez años se ha notado un notable descenso en el número de conejos de toda la Isla. Esta situación también se repite en otras zonas del Archipiélago.

Además, la caza no solo tiene que enfrentarse a las enfermedades, sino también a las modificaciones que se realizan en el terreno. La instalación de placas solares y las tareas para allanar el terreno han afectado a la actividad, puesto que reducen las áreas a las que pueden acceder para disfrutar de su afición.

Por todo esto, los cazadores tinerfeños se muestran totalmente en contra de las declaraciones realizadas hace pocos días por un docente de la Universidad de La Laguna con las que trataba de alertar de los peligros que acarrea una súper población de conejos. Antonio Porras explica que parte de las afirmaciones se centran en observaciones realizadas en las inmediaciones del Observatorio del Teide, ubicado en Izaña. "Se trata de una zona en la que no podemos cazar, por lo que es normal que exista un mayor número de ejemplares de esta especie", comenta Porras.

Además, añade que tampoco es cierto que el conejo esté poniendo en peligro a la tabaiba dulce porque "igual que el conejo se puede comer esta planta, también pueden ser las ratas o cualquier otro animal, y aún no se ha demostrado nada", sentencia. Así, explica que "los conejos no cortan la vida de las plantas, sino que comen de ellas, dejando que sigan creciendo".

A pesar de ello, Porras asegura que "la ULL no apoya estas declaraciones y afirma que no hay pruebas de que el descenso de plantas como la retama se deba a la presencia de demasiados conejos". De este modo, la Federación de Asociaciones ya ha concertado una reunión con la Universidad lagunera para comentar las motivos e implicaciones que puede tener la disminución de la población de conejos. Un encuentro similar tendrá lugar también con el Cabildo de Tenerife.

Así, la Federación de Asociaciones, en colaboración con la Universidad de La Laguna (ULL) y el Cabildo de Tenerife, ha puesto en marcha en los últimos meses un proyecto centrado en la recolección, cría y repoblación de los conejos en la Isla. Los primeros pasos ya se están dando y se basan en la recogida de ejemplares, a través del trampeo, en determinadas zonas para llevar a cabo un estudio de todos ellos y definir cuáles son aptos para su reproducción.

"Buscamos el ejemplar mejor preparado", explica Antonio Porras. Lo que se persigue es encontrar una mayor pureza genética, lo que permitirá también desarrollar vacunas para asegurar una buena vida para los conejos.

Los cazadores tinerfeños ya han dado a conocer sus quejas con respecto a la desesperada situación en cuanto al escaso número de conejos de la Isla. El presidente de la Federación de Asociaciones para la Gestión Cinegética de Tenerife reconoce que ellos mismos no pueden hacer demasiado, puesto que "no es legal soltar conejos para luego cazarlos".

Durante varias décadas, tinerfeños como Antonio Porras, Juan Pedro Jorge y Francisco Díaz han protagonizado largas jornadas de caza sin el menor incidente. A pesar del paso de los años, la cacería continúa siendo una actividad de hombres puesto que, explica Porras, solo el 10% de los que cazan son mujeres. Y sin embargo, cazadores de ambos sexos se encuentran ahora preocupados porque la desaparición de conejos puede dar lugar a la disminución del número de cazadores y a un aumento de los furtivos.

Así, este grupo de expertos lamenta la persecución a la que se ven sometidos y recuerdan que un estudio elaborado hace algunos años asegura que una temporada de caza puede mover hasta 28 millones de euros en Tenerife.

A pesar de ello, aprovechan para recordar que, desde hace unos cinco años, los más de 5.000 cazadores que se encuentran registrados en Tenerife cazan, en la mayoría de las ocasiones, sin armas y únicamente utilizan perros y hurones. Porras recuerda que "nuestra filosofía no se centra en estar siempre tras los conejos con los hurones para asegurarnos una pieza, sino que preferimos que los perros rastreen aunque eso nos haga perder animales".

Y, así, decenas de perros corren y escalan estos días por barrancos como los de Icor, donde los conejos han realizado madrigueras tan profundas que es difícil dar con ellos. Pero el ánimo de cazadores veteranos como Juan Pedro Jorge o Francisco Díaz no queda mermado y la experiencia en esta actividad que algunos denominan arte y otros deporte no tarda en aflorar cuando comienzan a cazar.

Es complicado poder seguir el paso seguro de este grupo de veteranos por veredas intransitables. Un palo es el único sustento que ellos necesitan. Eso, y un bocadillo de sardinas a las nueve de la mañana, un tentempié que les da animo para continuar con unas jornadas que este año se hacen interminables ante la escasez de conejos.

La temporada de caza comenzó el primer domingo de agosto y se prolongará hasta el mes de noviembre. A lo largo de todo este tiempo, los cazadores solo podrán salir los jueves y los domingos. Son numerosos los expertos que han propuesto cancelar la presente temporada de caza ante la falta de conejos pero el periodo para atrapar a la paloma y a la perdiz con arma comienza el próximo día 6 de septiembre, lo que dificulta que se pueda celebrar una asamblea en la que decidir qué hacer.

Y, mientras tanto, los cazadores seguirán madrugando. Levantándose cuando otros no han hecho más que meterse en la cama para, simplemente, poder ver algún conejo. Y eso si se da un buen día.

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